Casilda y Gabriela, las dos mujeres que amó Paco de Lucía
Paco de Lucía junto a su segunda mujer durante la entrega de los premios Príncipe de Asturias - efe

Casilda y Gabriela, las dos mujeres que amó Paco de Lucía

Su boda con la hija del general Varela fue la comidilla en los 70. Tras el divorcio, se enamoró de una mexicana veinte años más joven que él

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El romance de Paco de Lucía con Casilda Varela Ampuero lo conocía todo el mundo en los setenta. Se enamoraron locamente, nunca mejor dicho. Porque para la familia de ella aquello era una locura insoportable. La hija del general José Enrique Varela, ministro franquista y marqués de San Fernando, y de Casilda Ampuero, una dama de la alta burguesía vasca procedente de Neguri cuya familia se dedicaba a la banca, no podía casarse con un guitarrista flamenco supuestamente dado a las noches largas. De alguna manera, aquella fue otra de las grandes conquistas de Paco de Lucía para el género jondo. Durante un siglo el flamenco se asoció a la mala vida, a gente sin formación y sin maneras que se ganaba la vida a gañafones.

Paco rompió esa leyenda con su guitarra abriendo los grandes teatros de la ópera del mundo para sus conciertos y enamorando a una señorita de la alta aristocracia con la que mantuvo un noviazgo de ocho años que, pese a la oposición familiar, era vox populi en el Madrid del final del franquismo. Su amor fue tan rotundo que tuvieron que sortear la negativa de la familia de Casilda, que provenía de su madre, ya que el general había muerto en 1951, casándose en Amsterdam casi a hurtadillas. Lo hicieron por la iglesia el 27 de enero de 1977. Al enlace no asistió nadie de la familia Varela Ampuero. Pero aquel matrimonio no fue un capricho. Juntos tuvieron tres hijos. Casilda Sánchez Varela en 1978; Lucía, en 1979; y Francisco, al que todos llaman «Curro», en 1983. Una de las más hondas creaciones del maestro es, de hecho, la rondeña titulada «Mi niño Curro». Porque Paco guardaba con celo su intimidad, pero no tuvo reparos en divulgar sus amores a través de su música.

«La izquierda piensa»

La familia vivió durante años a las afueras de Madrid, en Mirasierra. Y Paco fue ganándose a sus parientes políticos poco a poco, aunque siempre sufrió sus recelos porque el genio de la guitarra se había significado políticamente como de izquierdas. En aquellos tiempos fue crucificado por una entrevista en la que, hablando sobre la técnica de la guitarra y qué papel jugaba cada mano a la hora de tocar, salió el siguiente titular: «La izquierda piensa y la derecha ejecuta». Muchos sacaron de contexto la expresión y pusieron el grito en el cielo porque consideraban intolerable que una frase así la dijera el yerno del general Varela. Paco lo pasó mal porque algunos exaltados incluso quisieron darle una paliza al cruzarse con él en la calle. Pero Casilda siempre lo protegió. Aquella relación duró 20 años. Paco incluso le dedicó a su esposa una de las composiciones, los tanguillos «Casilda», de su disco más importante, «Siroco», en 1987. Pero las interminables giras del maestro algecireño acabaron enfriando el amor.

Tras la muerte de Camarón en 1992, Paco de Lucía decidió irse de España. Encontró una casa en México, junto a Playa del Carmen, en Cancún, que convirtió en su residencia y su refugio. Allí se fue definitivamente tras su separación, pero nunca tuvo conflictos con Casilda, con la que incluso compartía esta propiedad. De hecho, su relación seguía siendo muy amable. Ella nunca tuvo otra pareja conocida. Él, sin embargo, se enamoró de nuevo en México. Una historiadora del Arte veinte años más joven que él se le cruzó en Yucatán para siempre. La mexicana Gabriela Canseco se convirtió pronto en su amor definitivo. Con ella tuvo dos hijos más, Antonia, que ahora tiene 14 años y a la que dedicó una bulería por soleá en su último disco, «Cositas buenas»; y Diego, que tiene 7. Juntos se compraron una casa palacio en Toledo, que era el sueño de ella, y un chalé en Mallorca para pasar temporadas en España. Pero últimamente ambos habían encontrado la paz en Cuba. Allí estaban ilocalizables cuando el guitarrista no estaba de gira. Lograban desconectar. Pasaban todo el tiempo que podían en La Habana porque, como confesaba el propio Paco, «los niños pueden salir a jugar a la calle como yo salía en Algeciras cuando era chico». Para el hijo de Luzía la portuguesa todo tenía que ver con su infancia. Estaba en un momento feliz.

En 1990, su disco «Zyryab» resumió toda esta historia a partir de una melodía que creó junto a Chick Corea. La vida sentimental de Paco siempre tuvo música. Está recogida de forma lenta y descarnada en su inmensa «Canción de amor». Basta con oír sus primeras notas para verlo huyendo con Casilda a Amsterdam, hablando con Gabriela a la orilla del mar y besando a la mujer con la que más tiempo pasó. La guitarra.