EFE

Las mascarillas de Kim Jong-un conquistan Seúl

Fruto del deshielo, en Corea del Sur se han puesto de moda unas máscaras cosméticas con la imagen del joven dictador

Corresponsal en AsiaActualizado:

En Corea del Sur están tan obsesionados con la belleza y el culto al cuerpo que hasta la imagen del eterno enemigo «vende» si asegura un cutis más terso. Aunque no cumpla los criterios estéticos imperantes en el hombre del siglo XXI, en Seúl se han puesto de moda unas máscaras cosméticas que se promocionan con la imagen de Kim Jong-un, el joven dictador norcoreano. Comercializadas por la empresa 5149 a un precio de 4.000 won (3 euros), vuelan de las estanterías.

Con la llamativa marca «Máscaras Nucleares Humidificadoras para la Unificación», no solo explotan la figura de Kim Jong-un, sino que también se anuncian con eslóganes propios de la propaganda comunista. «¡El agua mineral del monte Paektu fortalece la piel!», promete el envase refiriéndose al pico sagrado para todos los coreanos, que se alza en la frontera del Norte con China.

Según informa el periódico de Hong Kong «South China Morning Post», estas máscaras empezaron a venderse en junio aprovechando el deshielo del régimen de Pyongyang. Las cumbres de Kim Jong-un con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, y con Trump han suavizado su imagen hasta convertirlo en un reclamo publicitario. De amenazar a sus hermanos del Sur con liquidarlos en un apocalipsis nuclear, el joven caudillo les ofrece una piel más hidratada gracias a los milagros del capitalismo.

Más allá de la divertida anécdota, el éxito de estas máscaras refleja todo un cambio de actitud en Corea del Sur, donde siempre se han contemplado con miedo las bravatas del régimen de Pyongyang. Desde su división tras la Segunda Guerra Mundial y la sangrienta contienda civil que les enfrentó entre 1950 y 1953, la historia de la península coreana está plagada de episodios violentos y escaramuzas mortales.

El Paralelo 38

Separadas por el Paralelo 38, primera y última frontera de la Guerra Fría, las dos Coreas siguen técnicamente en armas porque no firmaron un tratado de paz, sino solo un armisticio, para poner fin a los combates hace ya más de seis décadas. Fruto de esta rivalidad mutua, en el sur incluso está vigente desde 1948 una ley que prohíbe la propaganda norcoreana.

Pero la imagen del régimen comunista de Pyongyang, y sobre todo de Kim Jong-un, han mejorado notablemente gracias al acercamiento impulsado por el presidente surcoreano. Los encuentros de Moon con el joven Kim, que le escuchaba respetuoso como si fuera un sabio profesor, han «humanizado» a la dictadura norcoreana, la más aislada y brutal del planeta. Así lo demuestran los comentarios positivos que el joven tirano recibió en las redes sociales tras su viaje a Singapur para reunirse con Trump en junio y, sobre todo, al recibir al presidente surcoreano en Pyongyang en septiembre. Ambas cumbres no solo le dotaron de la legitimidad que tiene cualquier líder mundial, sino que mostraron su faceta más cercana al hacerse un selfie bajo los rascacielos de Marina Bay o juntar los dedos para representar el símbolo del amor en la cima del monte Paektu junto a la delegación surcoreana. Mientras el presidente Moon le espera en Seúl en la que será la primera visita de un dirigente norcoreano, las máscaras de Kim Jong-un ya han conquistado el Sur.