Vídeo: 50 años de prisión para el profesor de música condenado por abusos ATLAS

El profesor del Valdeluz: «Yo no me he buscado nada; no puedo dejar a mi mujer, depende de mí»

El reo intentó retrasar su ingreso en prisión aludiendo a la enfermedad de su esposa y a su tratamiento pisquiátrico sin éxito

MadridActualizado:

Andrés Díez Díez, de 55 años, el «cariñoso y cercano» profesor del Colegio Valdeluz Agustinos durmió ayer entre rejas: las de Soto del Real. Así lo ordenó la Audiencia Provincial tras la vistilla que se celebró por la mañana a petición del Ministerio Público. Este solicitó el lunes pasado, cuando se conoció la sentencia que le condena a casi 50 años por doce delitos de abuso sexual a alumnas menores, la medida cautelar de ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza. Las vejaciones las cometió entre 2004 y 2014. A dicha petición se adhirieron todas las acusaciones.

La Sección 23 de la Audiencia adoptó esa decisión, una vez oídas a todas las partes. Valoró el «evidente riesgo de fuga por la elevada pena de prisión a la que se enfrenta –como recalcó la fiscal–, por la posible reiteración del delito, ya que las vejaciones fueron continuadas, y por la gravedad de los hechos encausados». Los abusos los cometió, según el fallo, durante las horas lectivas, tanto en el Valdeluz como en la aledaña academia de música propiedad de su mujer, de 75 años.

La defensa, en un intento de aplazar la entrada en la cárcel hasta que la sentencia sea firme, aludió a que jamás ha existido ni existirá riesgo de fuga porque «esta arruinado ya que no puede ejercer la docencia y por su arraigo familiar». Su abogado aportó dos informes médicos: uno sobre el alzheimer de su mujer, «dependiente al cien por cien de él», y el otro, sobre el «trastorno psicológico y psiquiátrico grave que sufre el reo a raíz del caso, que le impide interrumpir el tratamiento.

Las acusaciones zanjaron la cuestión de un plumazo. «El deterioro de su mujer es leve, según figura en el informe y su familia puede ocuparse de su cuidado; todos se han visto abocados a una situación que él ha provocado». En cuanto a su enfermedad, «no es tal, es ansiedad, yo también la padecería si estuviera en su lugar: pero en prisión puede seguir con la medicación», espetó otro abogado.

Irreconocible: sin barba ni bigote

«Pese a lo que ustedes digan, yo no me he buscado nada. Soy inocente y no me puedo separar de mi mujer; depende de mí. Sé que a ustedes les da igual», replicó el condenado con voz firme. Su actitud fue muy fría.

Ha cambiado de «look». Está irreconocible. Se ha cortado la barba y el bigote, se ha teñido el pelo de castaño y lleva otra montura de gafas. Sus trajes y camisas de colores oscuros los dejó colgados en el armario de un chalé al que no volvió. Iba vestido con una camisa de rayas. Seguro que barruntaba el futuro que le espera los próximos 20 años.