Celia Mayer, la «okupa» que «reventó» la Cabalgata, acorralada por su «chapucera» Memoria Histórica

Llegó a Cultura de rebote: sustituyó a su gran amigo Guillermo Zapata tras los polémicos tuits. El PP la califica de «sectaria y revanchista»

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Pocos debían de imaginar que el día que la Policía desalojaba por primera vez el Patio Maravillas, de entre aquellos okupas saldría, al menos, un tercio del Gobierno de la tercera capital europea. Allí estaba ella, Celia Mayer Duque (Madrid, 1982), acompañada de su gran amigo Guillermo Zapata, el mismo con el que lucharía codo con codo para que Ganemos participara de la sopa de movimientos y partidos que conforman Ahora Madrid. Tan iguales entre sí, tan distantes unos de otros.

Trece de junio de 2015. Mayer y otros 19 de la lista municipal de Podemos toman posesión de sus actas de concejales. Dos días después, Zapata dimite como responsable de Cultura por sus tuits ofensivos contra víctimas de ETA, del Holocausto y de crueles asesinatos. Y, casi como un silogismo, la alcaldesa le encomienda esa área a Celia, que de Cultura no tiene formación alguna: viene de la Facultad de Políticas de la Complutense, cantera ideológica del 15-M. Esta «investigadora social» y experta en políticas de género, tiene también que lidiar con las competencias municipales en Deporte.

Su gestión al frente de la empresa pública Madrid Destino ha sido uno de sus frentes polémicos. Lejos de desovillar el descomunal fiasco del Madrid Arena, sigue alquilándolo para eventos sin haber enmendando sus carencias de seguridad. En la gestión del Club de Campo, también ha dejado su impronta «populista». Y tampoco ha sabido (o querido) sacar rédito al descubrimiento de los restos de Miguel de Cervantes en el convento de las Trinitarias. Las monjas se le han adelantado a la hora de montar visitas guiadas.

Pero, sin duda, su empeño en «actualizar las tradiciones» la pusieron por primera vez en el ojo del huracán. La Cabalgata de Reyes, sin camellos, vacía de referencias cristianas y con sus Majestades de Oriente vestidos «con cortinas de ducha» (fue la definición más laxa que recibió el atuendo de Melchor, Gaspar y Baltasar), pasará a la historia. Y no precisamente por sus bondades.

Adjudicación a dedo

«Sectaria y revanchista», según la oposición popular, es la responsable de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Celia Mayer encargó a dedo el contrato sobre el informe de las calles con nombres franquistas a la cátedra de la Complutense dirigida por la hija de la primera esposa del dictador cubano Fidel Castro. Lo presupuestó en 17.999 euros, uno menos del límite a partir del cual debía sacarlo a concurso público. Trucos de «la vieja política».