Luis Ojea - LA SEMANA

La movilización será clave el 28-A

En un tablero político tan polarizado, esta campaña en Galicia se anuncia esencialmente bipartidista

Luis Ojea
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Inestabilidad política, crispación y nuevos desequilibrios económicos. Ese es el horizonte al que este país se enfrentará tras el 28A. Gane quien gane. Lo que se dirime en estos comicios es quién gestionará ese escenario y con qué hipotecas se pondrá al timón. Y el resultado de tan crucial decisión depende en buena medida del grado de movilización de la sociedad en estas elecciones. Todos los partidos enfocan a ello su campaña, aunque con marcadas diferencias en sus estrategias.

La apuesta del sanchismo y sus franquiciados en Galicia es estimular el miedo a un fantasma para concentrar el voto de la izquierda. Una versión 2.0 de la campaña del dóberman. Primer objetivo, erigirse en dique de contención frente al avance de Vox, una formación a la que Pedro Sánchez necesita perentoriamente para movilizar a su clientela. Segundo, enfocar el debate hacia el relato populista de soflamas progres que cada viernes impulsa torticeramente desde la mesa del Consejo de Ministros. Tercero, normalizar la alianza con Podemos, para evitar que el desplome del partido de Pablo Iglesias impida que la suma de la izquierda y el separatismo permita reeditar un gobierno Frankenstein. Y cuarto, blanquear la dependencia que ha tenido y tendrá este PSOE del independentismo catalán y de Bildu. Un juego de trileros que Gonzalo Caballero importará a Galicia. El socialismo gallego se desdibujará aún más en esta campaña. Porque carece discurso propio y porque su presunto líder ha fiado su destino al de Sánchez.

El PPdeG sí puede hacer su propia campaña. Porque Alberto Núñez Feijoo tiene perfil propio dentro de su partido a nivel nacional y porque ese perfil precisamente ha servido ya en ocasiones anteriores de dique frente a la fragmentación del centroderecha. Ese, de hecho, es el gran reto que afrontan los populares en estas elecciones. No sería sorprendente que ese espacio político sume más votos el 28A que la izquierda, pero incluso así podría perder la batalla en escaños debido a la división del voto. El primer objetivo de su campaña será, por consiguiente, trasladar a los ciudadanos la importancia de no dispersar apoyos en marcas distintas. Y segundo, la movilización. También la movilización. El rechazo que provoca Pedro Sánchez y su política de pactos puede servir de estímulo para una parte no despreciable del electorado. Sobre todo en Galicia, un territorio especialmente castigado por el gobierno socialista. Con el proyecto de Presupuestos que negro sobre blanco certificaba la discriminación de esta comunidad frente a Cataluña. Con la inacción ante la incipiente crisis industrial que pone en cuestión el futuro de las electrointensivas. Con la sobreactuación en cuestiones medioambientales que ha puesto en jaque en una misma jugada a Ence, el sector forestal y otras no pocas empresas instaladas en el litoral. O con el dogmatismo de una política económica nefasta que está sentando las bases de una futura crisis.

En un tablero político tan polarizado, esta campaña en Galicia se anuncia esencialmente bipartidista. Aunque el sanchismo pretenda desesperadamente incluir en la ecuación electoral a Vox. Aunque el rupturismo eleve el tono estos días en busca de su propio espacio. Esa será otra de las grandes batallas de estas elecciones. Dirimir quién sobrevivirá al divorcio de En Marea. Aunque el CIS de Tezanos se decante por la franquicia de Podemos, no resultaría sorprendente que el partido acabase en empate. Y tampoco que el BNG, aunque pesque en ese caladero y erosione a las fuerzas de Villares e Iglesias, siga sin escaño en el Congreso. Con el sistema electoral vigente, la atomización política se pagará muy cara tanto en la izquierda como en la derecha. Paradójicamente, en el espacio en el que conviven el populismo y el nacionalismo cada actor se juega todo a incidir en esa fragmentación. La supervivencia de cada una de esas marcas el 28A depende tanto de que su clientela perciba que pueden conseguir representación en Madrid como de que sepan diferenciarse unas de otras ante ese público tan voluble.

Sí, todos los partidos, cada uno con su estrategia, buscan la máxima movilización del electorado. Esa será una de las claves de estos comicios. Tanto el nivel de abstención como la distribución del voto en cada bloque político, concentrado en la fuerza motriz o disperso en varias marcas, serán factores determinantes en el resultado final.

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