Juan Soto

Por favor, menos aspavientos

No acabo de entender el ataque de histeria fiscalizadora que parece haber sobrevenido a los concejales del PP [de Lugo por la contratación de César Strawberry]

Juan Soto
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Confieso que soy aficionado a la música, con lo cual queda claro que me siento ajeno a la actividad profesional que dice desempeñar el señor Strawberry, un ciudadano contratado para actuar en las fiestas patronales de la ciudad de Lugo, en calidad de cantante o algo aproximado. Una vez expuestas las generales de la ley, añado que no acabo de entender el ataque de histeria fiscalizadora que parece haber sobrevenido a los concejales del PP. No consigo explicarme (ni que ellos me lo expliquen) el motivo del prurito moralista que desde hace varias semanas les afecta y les aspavienta, una cosa y la otra en nombre de Dios, la Patria, las ánimas del purgatorio, la pólvora terrorista, el respeto a los muertos, las honras mancilladas, la batalla del Ebro y, también, cómo no, el buen uso de los fondos municipales.

Como ellos no me lo explican, indago con mi habitual torpeza y descubro que el tal Strawnosecuántos, prójimo quizá no sobrado de luces, anduvo alguna vez defecando por lo que llamamos ahora redes sociales, sin que yo sepa decir con precisión si el retrete pertenecía a Twitter, Instagram, Facebook, Linkedin o cualquier otra cadena que pueda figurar en el catálogo de inodoros actualmente vigente. No lo sé y, la verdad sea dicha, me trae sin cuidado, entre otros motivos porque, con o sin «delito de odio», la actividad profesional del señor Straw, por muy circense y divertida que pueda resultar, me interesa nada. En cuanto a lo de que el Concello no debería pagar ni un céntimo («¡el dinero de todos los lucenses!», proclaman las voces encolerizadas) a sujetos imbéciles o de cierta calaña, ahí sí que estamos de acuerdo. Pero entonces, queridos niños, ¿qué haríamos con tantas dedicaciones exclusivas y tantas dietas que nos ahorraríamos? Sería igual que si, de pronto, decidiésemos hacer de la decencia una exigencia inexcusable para el desempeño de cargos públicos. Correríamos el riesgo de convertir las instituciones en algo parecido al desierto de Gobi.

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