Alberto Núñez Feijóo, durante la visita al reciento ferial de Vilagarcía de Arousa
Alberto Núñez Feijóo, durante la visita al reciento ferial de Vilagarcía de Arousa - EFE
Campaña

«¡Feijóo, tenías que haberte puesto para España!»

El líder del PPdeG baja el pistón en una visita a Vilagarcía donde vio muebles, probó viandas y demostró su carisma

VilagarcíaActualizado:

Probó una fregona que se escurre sola, degustó cecina, mejillón, anchoa y queso, y hasta brindó con un tinto de Valdeorras. La vida del político, que se lo digan a Alberto Núñez Feijóo, no tiene por qué ser necesariamente dura. Incluso en la exigente campaña de las elecciones municipales, en la que ayer, tras dedicar la mañana a celebrar el Día de las Letras Galegas, encajó por la tarde una visita al recinto ferial de Vilagarcía de Arousa, Fexdega, que acoge el III salón Expocasa y el II Salón Gourmet Degusta Galicia, antes de seguir rumbo al sur para cerrar con un paseo por el centro de Vigo.

Antes, la parte política, que en día festivo no paró ni mucho menos la campaña. Feijóo accedió al recinto ferial, se situó sobre la marca establecida por las televisiones, y lanzó el mensaje, el de un PPdeG que quiere «trasladar una opción alternativa» al del trío PSdeG-BNG-Mareas, «para los gobiernos de las ciudades gallegas». Una alternativa que «en épocas anteriores» dio «resultados», rememoró. El PP, incidió en la idea que viene reforzando en los últimos mítines, y sobre la que volverá sin duda, se diferencia de las formaciones de la izquierda en un aspecto crucial: «Solamente quiere depender de los vecinos». No sucede lo mismo, recordó, con un PSOE «que depende de lo que digan las Mareas o el BNG, en función de cada concello».

Se trata, abundó en la reflexión, de suscribir «el contrato democrático más importante que puede tener un político», el que le vincula con sus conciudadanos. El objetivo es «rendir cuentas a los vecinos y no a los concejales o a los partidos que apoyan al alcalde», en alusión a las prácticas de socialistas, nacionalistas y rupturistas, «sino todo lo contrario». Es al conjunto de vecinos al que tiene que presentar resultados un partido, no un «grupo reducido», el formado por los «concejales» del resto de fuerzas, por mucho que se pacte a cualquier precio.

«¿Cambiamos la cocina?»

Feijóo prometió «seguir trabajando con ilusión», en Vilagarcía con Alfonso Gallego, que le flanqueaba, para conformar una alternativa sólida al «gobierno de los últimos cuatro años» en el municipio, ostentado por los socialistas. De paso, es lo que tiene presidir también la Xunta, recordó Feijóo que a pesar de no haber podido ostentar el bastón de mando en la localidad, el gobierno autonómico no le dio la espalda. «No la abandonamos para nada». Como prueba, los más de nueve millones de euros invertidos en remodelar el Hospital del Salnés, lo que demuestra, subrayó, «el compromiso sanitario» de San Caetano. Ahora la Xunta, hizo hincapié, necesita que el alcalde le ceda «un solar» para levantar un nuevo centro de salud. «Se escucha a partidos políticos cuestionar el compromiso de la Xunta con la sanidad pública. Son aquellos concellos, como ocurre en Cangas, Moaña o Caldas, o aquí en Vilagarcía, que después no ceden el suelo», censuró.

Y servidos informativamente los medios, transmitido el mensaje, Feijóo pudo recorrer el reciento ferial. «¿Cambiamos la cocina?», le inquirió Montse cuando se acercó a su stand. «Si me quedo en Monte Pío, sí», respondió él con retranca. Se paró para hacer fotos, repartió besos y escuchó declaraciones embelesadas como la de Claudia Ledesma, argentina de Buenos Aires afincada aquí: «Lo admiro mucho». Las hijas de una empleada de la Xunta no le reconocían. «¿Sabéis quién soy? No me conocen». «Es mi jefe», salió del paso la madre. «Fíjese qué maravilla», le apelaron en plena demostración de limpieza de sartenes. Resistió incluso la opción de probar unos sofás. «No paro. Si me siento, no me levanto». «Los hombres no saben», apuntó una señora al verle manejar una fregona. «¿Quiere que le pase el aspirador en su casa?», replicó rápidamente. «¡Qué amable es usted!», cedió ella, ganada para la causa.

Lo más grato quedaba para el final. Eludió Feijóo una mermelada de pimientos de Padrón, pero cayó en la tentación que suponían, en plena hora de la merienda, los mejillones de Cambados, las croquetas —«estas son mejores que las de Mósteles», se confundió con las empanadillas—, queso de las Fragas do Eume y, saliendo de la tierra, la anchoa por antonomasia, la de Santoña. Hubo hasta vino, «solo un culín», para regarlo todo y hacer un brindis. Pero la guinda vino con la cecina de León servida por Sonia Blanco:«¡Tenías que haberte puesto para España! ¡Nos abandonaste! ¡Solo querías saber de Galicia!». Feijóo regateó la recriminación cariñosa. Hasta en Fexdega le piden que dé el salto a Madrid.