José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

La campaña polarizada

El votante ha llegado a la conclusión que es el PSOE la alternativa a los populismos

José Luis Jiménez
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Por si alguien tenía dudas, las elecciones generales han generado en la izquierda una tendencia favorable al PSOE. Así lo parecen estar anunciando las encuestas en estos primeros días de campaña, y aunque esas mismas hace cuatro años acertaron bastante poco, vamos a participar de nuevo en el juego de creérnoslas y hacer vaticinios sobre ellas.

Tampoco nos hagamos trampas. Que el PSOE esté ahora en condiciones de disputar las alcaldías de las principales ciudades no debería ser una sorpresa; lo anómalo fue que hace cuatro años cayera a tercera fuerza por detrás de unas mareas populistas sin acreditada capacidad de gestión. Ahora han encontrado un oportuno viento de cola para aspirar a todo arriesgando muy poco, porque si se mira con frialdad, la gestión de Lugo tiene poco de lo que presumir, la candidata de La Coruña es escasamente conocida y al aspirante de Santiago lo jubilaron como alcalde los mismos ciudadanos a los que ahora apela para retornar.

¿Y de dónde le viene al PSOE esa repentina revitalización de su electorado? Es evidente que la victoria en las generales y este traje de moderado que Pedro Sánchez se ha confeccionado para sí y su partido están dando resultados. Pero hay también un elemento de pragmatismo en buena parte del electorado, principalmente el que está harto de los populismos. Ha llegado a la conclusión que la alternativa a Noriega, Ferreiro y —en menor medida— Suárez no es el PP, sino el PSOE. No porque sea demérito de los candidatos populares, sino porque el votante no ve de qué manera puede sumar el centro-derecha para desalojar a las Mareas. Y opta por votar socialista, ahora con candidatos vestidos por la franquicia moderada de Sánchez. Como si el PSOE no hubiera apuntalado a los populistas esta legislatura...

El paradigma de esa polarización es Santiago. La espectacular subida que los sondeos dan a Bugallo se explica con una captación de voto útil del centro-derecha compostelano, una reunificación del espectro socialista y el pago a los servicios prestados al inane gobierno de Martiño Noriega, al que ni siquiera Pablo Iglesias se molesta en venir a visitar para dar su apoyo.

El votante anti-Noriega ve que al PP no le da la suma con Cs, y ante la amenaza de volver a cuatro años más de boina y desdén, prefiere a Bugallo. Ese razonamiento nada extraño es el que se está extendiendo también hacia La Coruña, a pesar de que Bea Mato exhibe proyecto, equipo y solvencia como gestora. En Ferrol Rey Varela parece que resiste mejor, pero nada es definitivo.

Así las cosas, al PP se le pone la campaña cuesta arriba, porque sus teóricos socios naranjas vuelven a la inutilidad acostumbrada en las ciudades: restan representación conservadora sin traducción suficiente en concejales. O sea, más beneficio para Gonzalo Caballero, que ya se relame ante un 26-M que puede ser la puntilla al rupturismo y, de paso, un nuevo episodio en la depresión electoral de los populares gallegos, para los que su único consuelo es la relativa lejanía de las autonómicas. Al PP solo le queda redoblar la pedagogía de la unidad del voto de centro-derecha y recuperar el centro y la moderación, las señas de identidad de Feijóo. Veremos si llega a tiempo.

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