Una vista del interior del salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona, este mandato
Una vista del interior del salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona, este mandato - ORIOL CAMPUZANO

Colau y Maragall arrancan la campaña por Barcelona con un empate técnico

El CIS, que apenas ve distancia entre ambos, deja un consistorio muy fragmentado

BarcelonaActualizado:

La próxima década de Barcelona, en juego. La cuenta atrás para escoger al próximo alcalde de la capital catalana, el que tiene que cambiar el rumbo de una ciudad que en los últimos cuatro años ha visto como empeoraba en seguridad, economía y bienestar al tiempo que el Ayuntamiento no ha cesado en guiños al independentismo, ha arrancado esta madrugada, con una campaña que será crucial para acabar de desgranar los modelos antagónicos de ciudad que las diferentes formaciones proponen. Soberanismo, constitucionalismo y populismo estarán en el centro del debate de los próximos quince días, un sprint final en el que, a priori, llegan con ventaja dos de los aspirantes, la candidata a la reelección de Barcelona en Comú (BComú), Ada Colau, y el alcaldable de ERC, Ernest Maragall. Con estos alicientes, los días de amor-odio entre ambos están servidos.

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), conocido ayer a partir de una encuesta hecha antes del 28-A, constató que la alcaldía puede estar en manos de uno u otro. Es más, da prácticamente un empate técnico, con apenas una décima de diferencia entre ambos. Según la estimación de voto, BComú obtendría 10-11 concejales (ahora tiene 11), mientras que ERC cosecharía 9-11 ediles (hace cuatro años fueron cinco).

Discrepancias programáticas aparte, ambas formaciones saben que podrían aliarse y constituir un bipartito firme que dejara atrás los años de gobiernos de minoría que tanto han afectado al mandato que ahora acaba. Si bien ha sido evidente un coqueteo entre ellos, habrá que ver si la campaña depara más guiños y acercamientos o si por el contrario optan por un debate más crudo para cazar el primer puesto el 26-M.

Parecidos con el 28-A

ERC, de hecho, seguiría la tónica vista ya en las pasadas elecciones generales y desbancaría a Junts per Catalunya (JpC) como fuerza hegemónica independentista en Barcelona. La formación que despide al histórico Xavier Trias y que ahora liderará Quim Forn -encarcelado por el 1-O y que hoy debía participar desde Soto del Real en su única rueda de prensa de campaña, finalmente denegada por la JEC- y la exconsejera Elsa Artadi consiguió hace cuatro años, como PDECat, 10 ediles. Ahora se quedaría con 5-7.

No todos los partidos, sin embargo, extrapolarían resultados respecto al 28-A. El PSC, que entonces sorprendió como segunda fuerza, codo con codo con ERC, mejoraría resultados en la Ciudad Condal, con 6-7 ediles frente a los cuatro de hace cuatro años, pero quedaría lejos de poder optar a liderar una coalición ganadora, como Jaume Collboni desea, y de hacer que el socialismo volviera a los despachos de Sant Jaume. En una situación similar quedaría Manuel Valls, el candidato arropado por Cs, cuya candidatura mejoraría ligeramente su peso, de 5 a 5-6 concejales. Su propuesta, con apenas nueve meses de recorrido, confía en que la campañ sea un revulsivo.

En la parte más baja de la tabla, el PP mantendría su presencia en el Consistorio, con entre 2 y 3 ediles (ahora tiene dos). Los resultados vaticinados por el CIS para los populares, que se presentan con el independiente Josep Bou -que toma el relevo de Alberto Fernández-, son mejores a algunas previsiones y, además romperían con la clara bajada de la formación en los últimos comicios. La CUP, con dos concejales, uno menos que ahora, también seguiría con despacho en Sant Jaume.

Populismo o soberanismo

Hace cuatro años, cuando los candidatos a la alcaldía arrancaban la campaña poco se imaginaban que tendrían un mandato tan intenso y tan empañado por lo supramunicipal. El atentado del 17-A de 2017 o el conflicto soberanista y sus afectaciones han marcado el devenir de la capital catalana durante el gobierno Colau. También lo ha hecho la acción de un gobierno que, sea por su minoría o por su política de gestos, no ha conseguido grandes acuerdos y ha dejado la ciudad peor que la que encontró hace cuatro años.

De hecho, Ada Colau, la primera alcaldesa mujer y llegada del activismo, lejos de las bases políticas, entró con la intención de romper con la vieja política. La realidad le pasó por encima y las nuevas formas mutaron en ineficiencia y falta de mando, como se ha visto en la crisis del Raval. 48 meses después, los barceloneses vuelven a tener en frente unas elecciones para trazar el rumbo de la ciudad: las propuestas independentistas, populistas o constitucionalistas, o una combinación de ambas, definirán los próximos años. Al ciudadano le toca decidir el alcalde que la Barcelona del futuro se merece.