Sergi Doria - Spectator in Barcino

La Cámara de los Errores

En las cartas entre Josep Pla y Jaume Vicens Vives palpita todavía la esperanza de una Cataluña que desea intervenir constructivamente en las tareas españolas

Sergi Doria
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Cautiva la Cámara de Comercio, -otro error estratégico de nuestra abúlica burguesía-, Joan Canadell regurgita sus delirios. Para conocer al personaje, sus aportaciones al no menos delirante Institut Nova Història.

Hipótesis. Las barras de la bandera estadounidense provienen de la senyera, proclamaba el 5 de agosto de 2017 en Montblanc.

Tesis. En el siglo XVI unos mercaderes catalanes -o valencianos o mallorquines-, fundan en Inglaterra compañías de comercio con la Península. Han dejado España porque son protestantes que huyen de la Inquisición. Como cuentan con flota propia participan en la batalla contra la Armada Invencible y derrotan en 1588 a Felipe II. Conclusión. El Imperio Español perdió así el monopolio comercial con un continente americano que se abre a los intereses británicos.

Ni Duby, ni Toynbee, ni Elliott… ¡Canadell! “Estoy plenamente convencido, pero no lo puedo asegurar porque no tengo pruebas”. Así acostumbra todo caletre separatista: la racionalidad siempre pierde ante al dogma de fe. El gasolinero historiador cree, pero no prueba nada. Está tan convencido de que la pujanza británica en los océanos se debe a unos mercaderes catalanes como de que el Quijote lo escribió en vernáculo Miquel Sirvent.

Con tales mimbres, el presidente cameral arma patrióticas arengas y pasa de los datos económicos. En su presentación ofició una prédica a favor de los “presos políticos”, la unidad del independentismo y animó a los atribulados empresarios -la conocida trampa de identificar la parte con el todo- a “forzar al estado a respetar la voluntad del pueblo”. Las consecuencias económicas y la paz social quedan supeditadas al derecho de autodeterminación y la construcción de la República-que-no-existe-idiota.

Para contrarrestar tanta “collonada” leemos las cartas de Josep Pla y Jaume Vicens Vives, reunidas por Guillem Molla en “L’hora de les decisions” (Destino). En la setentena de misivas que el escritor y el historiador intercambiaron en la década 1950-1960 palpita todavía la esperanza de una Cataluña que desea intervenir constructivamente en las tareas españolas.

La relación epistolar se completa con algunos textos, como el ya conocido informe de Pla acerca de Tarradellas. En el artículo “Vínculos fraternos” de 1953, Vicens desmonta el romanticismo de Maragall y Rovira Virgili que confunde el ser catalán con la lengua catalana: “Si alguien reclama ejemplos, bastará decirle que fue en castellano y no en catalán como se expresaron y fraguaron las principales ideas de la plataforma mental de nuestros antepasados”. No debe olvidarse, insiste el historiador, “que en catalán se escribieron grandes elogios a la monarquía hispana y que en nuestra lengua se esculpió la primerísima reacción ante el matrimonio de don Fernando e Isabel con las siguientes palabras: ‘…ara que tots som germans’ –‘hoy que todos somos hermanos’-, como previsión de un futuro sin prevenciones ni recelos, configurado en amor y verdad”.

Vicens falleció en 1960 con solo 50 años: no pudo integrarse, con Manuel Ortínez y Joan Sardà, en el equipo de un Tarradellas que respetaba más a la CNT que al PSUC, Òmnium o el banquero Pujol.

Apoyado en la “sabia nueva” del Círculo de Economía que impulsó Vicens, el President confiaba en que la política “perdería peso y veneno”. En palabras de Pla, “consideraba una patraña arcaica que solo los hombres políticamente extremistas puedan hacer una política social avanzada”. De esta manera, prosigue Pla, “el peso creciente de la economía hace perder importancia a las posibilidades separatistas”. A Tarradellas, añade, “le pasa como a mí: es más personalmente separado que políticamente separatista”.

El President prefería pactar con Madrid que promover la agitación ultracatalana. Tenía una pésima opinión de los exiliados republicanos y de la Esquerra de Macià y Companys. Si se pedía el estatuto de autonomía debía resolverse “con la menor cantidad de estragos morales, políticos y materiales”.

Tarradellas encarnaba la reconciliación de las Españas, la preservación de la estabilidad económica, la salvaguarda de la convivencia: “Nos repitió muchas veces que, si él algún día gobernaba, no destruiría nada que, habiendo sido implantado por Franco, fuera positivo para el país y la estabilización general. Similares declaraciones por parte de un político que lleva casi un cuarto de siglo en el exilio, que ha sufrido siete detenciones (algunas por la Gestapo en contacto con la policía franquista), nunca las había escuchado”, concluye Pla con admiración.

Vicens, Pla, Tarradellas… Nada que ver con la Cataluña del “ho tornarem a fer” que identifica el Fiscal Superior Francisco Bañeres: “Un movimiento político de singular trascendencia que, en su devenir, ha conllevado por sus inspiradores la comisión de numerosas infracciones de naturaleza penal, promovidas, cuando no directamente cometidas, por funcionarios y autoridades”.

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