Ritual y tiento

ROSA SÁNZ HERMIDA
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Puntual y de gala llegó el maestro a la cita. Además de la batuta, traía de regalo una partitura: su última obra, «Ritual3, estrenada el pasado día 5 de septiembre en el «Music Festival Grafenegg» de Viena y ofrecida ahora como «première» nacional en el auditorio vallisoletano. Precioso regalo para la ocasión (porque todavía no lo he dicho: Cristóbal Halffter celebra su octogésimo aniversario con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León -OSCyL-), que ha sido respondido al final de la velada con un ramo de rosas y el «Cumpleaños feliz» interpretado por la Sinfónica y tarareado por el público.

«Ritual» es una obra en un solo movimiento articulado en dos partes, separadas o diferenciadas por un silencio. Precisamente éste, el silencio, constituye la idea germinal de la partitura. Partiendo de la experiencia cotidiana del músico (el silencio que precede al inicio y fin de una pieza), Halffter tantea su materialidad y alcance sometiendo al auditorio a un viaje fascinante por paisajes de variadísimas texturas y coloraciones tímbricas en continuo flujo dinámico. Tras pequeñas «explosiones» sonoras culminadas en un gran clímax, llega el mencionado silencio, que poco después vuelve a ser invadido por un ejército de sonidos multifónicos (cuya consistencia, curiosamente, es un fluctuar entre el ser y el no ser sonoros) que reinician el ciclo expuesto en la primera parte, y cuyo final estará presidido, de nuevo, por otro gran silencio. Halffter vuelve a manifestar su acabado conocimiento de la paleta orquestal, tan rica en la percusión, y su inagotable invención creadora, monumental en su arquitectura y proyección.

En la segunda parte, escuchamos «Tiento del primer tono y batalla imperial» (1986), inspiradísima y emotiva pieza del catálogo halffteriano —compuesta como homenaje de otro 80º cumpleaños: el de Paul Sacher— que el público aplaudió con entusiasmo. Entre el «Ritual» y el «Tiento», el músico dirigió el preludio de «Parsifal» de Wagner y la segunda suite de «El sombrero de tres picos», de Falla, en una interpretación algo pesante y desvaída, que puso de relieve que el mejor Halffter se expresa en y a través de su tarea compositiva.