Los galardonados, junto a Leandro Roldán, Robert Swartz y la rectora de la UEMC, Imelda Rodríguez
Los galardonados, junto a Leandro Roldán, Robert Swartz y la rectora de la UEMC, Imelda Rodríguez - ABC
Educación

Estas son algunas de las mejores prácticas docentes para aprender jugando

La despoblación, la literatura en los siglos XVIII y XIX y la saga de «Los juegos del hambre» inspiran proyectos que han servido para que los alumnos de Castilla y León mejoren sus estudios y que han sido reconocidos por la UEMC

Actualizado:

La despoblación en Soria, la Literatura de los siglos XVIII y XIX y la película «Los juegos del hambre» tienen mucho en común, aunque a simple vista no lo parezca. Tres temáticas tan distintas han servido a alumnos de Castilla y León para mejorar en sus estudios y ello ha sido fruto de las grandes ideas de sus profesores. Forman parte de los tres proyectos galardonados con los VIII Premios de Buenas Prácticas Docentes de Innovación Educativa que concede Escuelas Católicas Castilla y León para sus centros escolares y que fueron entregados en la IX Jornada de Intercambio de Buenas Prácticas Docentes que se celebró en la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

El primer premio fue para el proyecto «Emprendizaje» del Colegio Escolapios Soria, una propuesta creada por las profesoras Cristina Usón y Dana Tura para fomentar el espíritu emprendedor en los alumnos, sobre la base de la generación de ideas que plantearan soluciones a la despoblación de Soria.

El proyecto «El Capitolio de TAFAD», del Colegio La Inmaculada de Camponaraya (León) e ideado por el profesor Héctor Asenjo, utiliza la famosa película y la gamificación o el juego aplicado al aprendizaje, mientras que el tercer premio fue para «Literatours», el proyecto del profesor del Colegio La Milagrosa de Salamanca Roy Páramo que ofrece un viaje virtual por la literatura de los citados siglos.

123
  1. «Los juegos del hambre» para mejorar el rendimiento deportivo

    Un día, el profesor del Colegio La Inmaculada de Camponaraya (León) Héctor Asenjo viajaba en tren con sus alumnos para asistir al Masters de Tenis de Madrid y le daba vueltas a cómo lograr que la asignatura de Entrenamiento Deportivo del Ciclo Formativo de Grado Superior Técnico de Animación de Actividades Físicas y Deportivas (Tafad) tuviera más tiempo práctico. En ese tren pusieron la película «Los juegos del hambre», que «transmite una serie de valores tremendos para trabajar con los alumnos», cuenta Asenjo, y ahí se le «encendió la bombilla»: los chicos no pestañeaban y pensó en crear una serie de juegos en los que los estudiantes desarrollaran sus cualidades físicas y los contenidos de la materia de clase. Surgió «el Capitolio de TAFAD».

    En el tercer trimestre del curso pasado lo pusieron en práctica (también en éste) con 28 estudiantes mayores de 18 años, que según Asenjo, estuvieron «encantados». «Es la diferencia con otros proyectos que he llevado a cabo; en éste el grado de implicación y esfuerzo es mayor, pero les ha llevado a implicarse al máximo y están involucrados al cien por cien», dice.

    Se trata de usar metodologías como el trabajo cooperativo en base a retos y la gamificación (el juego aplicado a la educación), con siete niveles de «juego» que seguían el hilo argumental de la película, pero en el país inventado de Panem, con siete distritos bajo el control del Capitolio: el cero de «La cosecha», cuando en la película elegían a los tributos (ahí se evaluó la condición física de cada uno); el nivel 1 era el «Desfile de Tributos», en que se muestran al Capitolio y se trabaja el desarrollo de la fuerza y se reta al resto de participantes (tenían una semana para superarlo). Después, en el nivel 2, estaba la «Sala de Entrenamiento», mientras que en el nivel 3 encontraban «La arena de batalla», donde desarrollaban la velocidad, la planificación y la coordinación. En el 4 ya había ganado la protagonista y empezaba «La rebelión», donde trabajaban la movilidad. El 5, el «Derrocamiento» del presidente del Capitolio (capacidades coordinativas), y el nivel 6, «De vuelta a casa», -trabajaron la recuperación del agotamiento-, completaban el programa.

    Emplearon seis horas semanales fuera del horario de clase y según Asenjo, «al ser un juego, van asimilando contenidos sin darse cuenta», la motivación aumenta y eso es clave: «Si captas su atención y motivación les tienes ganados», concluye.

  2. Los alumnos que construyen su futuro con buenas ideas

    A la hora de crear una empresa, quién me ayuda y dónde busco financiación? ¿Y cómo creo un plan de prevención de riesgos laborales? ¿Cómo deben ser los valores de mi empresa si quiero luchar contra la despoblación? Estas preguntas no se las hacen personas adultas planteándose crear una empresa, sino los alumnos del Colegio Escolapios Soria, que han participado en el proyecto «Emprendizaje», puesto en marcha por las profesoras Cristina Usón y Dana Tura.

    Unos 350 alumnos de 5º de Primaria a 1º de Bachillerato han participado en este proyecto durante una semana de finales de enero de este año. Cristina Usón explica que «era una oportunidad de trabajar los contenidos pero de una forma más aplicable a un entorno real, además de luchar contra la despoblación porque queríamos que los alumnos fueran conscientes de que pueden generar empleo».

    La idea surgió del hecho de que las empresas se quejen de la falta de competencias a la hora de contratar empleados, como la flexibilidad, la proactividad, el saber solucionar problemas, la resiliencia ante el fracaso, etc.

    Para este proyecto contaron con 14 empresarios de Soria que tutorizaron a los alumnos y les ayudaron a resolver dudas al crear su empresa, pero de un modo muy original: un viernes, los alumnos recibieron cuatro charlas de Caja Rural, de la Universidad de Valladolid, de una empresa de deportes y del Semillero de Empresas de Soria. Tuvieron el fin de semana para interiorizar esas ideas y el lunes siguiente se les planteó el reto. Con tiempo y fases para superar tenían que pensar en una empresa que diera solución a la despoblación de Soria.

    Cada clase trabajó en grupos de 5 ó 6 alumnos y cada grupo generó ideas. Al final de esa mañana expusieron su idea y cada clase eligió una, en la que trabajaron el resto de la semana con la ayuda de los empresarios (desde cinco áreas: cultura de empresa, marketing, internacionalización, financiación y prevención de riesgos). A la vez que trabajaban esto, estaban haciéndolo con los contenidos de cada materia a estudiar: matemáticas, geografía, lengua, etc.

    El viernes, cada clase expuso su idea ante los empresarios «padrinos», que eran el jurado, y se seleccionaron las tres ideas mejores: la primera, «Pulmón Verde (de 1º de Bachillerato B), una empresa dedicada a limpiar los montes sorianos y con ese material generar biomasa, que se complementaba con actividades turísticas que dieran a conocer ese trabajo de limpieza y se constituyera en un atractivo.

    La segunda idea fue «New Moon», de 2º de ESO B, que aprovechaba la poca contaminación lumínica del cielo soriano para crear un Observatorio nocturno con hotel que atrajera turistas, mientras que la idea elegida en el tercer lugar fue la de 4º de ESO A: dos circuitos (uno de asfalto para coches y camiones, y otro de tierra para tractores y otros vehículos) que tuviera la forma del caballo de Soria, lo que también serviría de logo.

    Pero las ideas no se quedaron ahí: hubo una dedicada a crear proyectos socioculturales inclusivos para el colectivo LGTB; una universidad virtual o hubo quien pensó en aprovechar los pueblos deshabitados para rehabilitarlos y atraer a los urbanitas estresados que desean salir de la ciudad.

    Usón afirma que querían «hacerles ver que los contenidos de clase son aplicables al mundo real y que hay que hacer más cosas que estudiar para un examen», mientras Dana Tura sostiene que este método «es bueno para que piensen, para que tengan dudas y se planteen cómo hacer las cosas». Y vaya si aprendieron y se buscaron la vida: un día llamaron de la Diputación para avisar que no llamaran más niños porque el responsable de las ayudas a empresas no estaba ese día, «por la cantidad de llamadas de estos chicos que estaban recibiendo», dice Usón.

  3. Viaje virtual y compartido por las obras

    Roy Páramo, profesor del Colegio La Milagrosa de Salamanca, es el autor del proyecto «Literatours», un «viaje» que 70 alumnos de su centro y de los colegios Medalla Milagrosa (Zamora) y Sagrado Corazón (Don Benito, Badajoz) hicieron de octubre a diciembre de 2018 por obras y autores de la literatura de los siglos XVII y XIX generando productos digitales que se pueden visitar virtualmente.

    Lanzó su idea en las redes sociales y otros dos profesores de esos otros dos colegios recogieron el testigo y se sumaron a ella. Con unas metodologías activas y cooperativas y de aprendizaje basado en proyectos (su colegio apuesta firmemente por ello desde hace seis años), fue creciendo una idea en la que se crearon unos recursos «hechos por los alumnos para los alumnos», y a la vez en los tres centros.

    Según Páramo, este trabajo «contribuyó muy directamente al desarrollo de habilidades sociales y de comunicación y al trabajo en equipo» de los alumnos, que se llevan «una dinámica de trabajo muy rica» por la que ya se interesan otros docentes en otras partes de España.

    El también responsable de innovación del Colegio salmantino está integrado en un equipo interdisciplinar de los centros de Hijas de la Caridad y su trabajo también consiste en ser dinamizador de metodologías activas, con la idea de que sean utilizadas por más profesores y alumnos. «Al final, perseguimos compartir esas buenas prácticas para que lleguen al mayor número de docentes y aulas, porque son muy motivadoras y, desde el mayor altruismo, que lleguen al mayor número de alumnos», apunta Páramo.

    A su juicio, la repercusión en el aprendizaje «es positiva» porque «podemos constatar mayor motivación y que el alumno se siente más cómodo pudiendo hablar que estando seis horas callado en clase». Requiere mayor esfuerzo al docente, pero lo tiene claro: «El cebo tiene que buscar al pez, no al pescador».