El Rey Don Juan Carlos y Mauricio Macri
El Rey Don Juan Carlos y Mauricio Macri - EFE

Don Juan Carlos acompaña a Argentina en la celebración de su bicentenario

El Rey emérito fue el representante de mayor rango de todos los invitados

CARMEN DE CARLOS
CORRESPONSAL EN BUENOS AIRESActualizado:

El Rey Don Juan Carlos, en un gesto histórico, viajó directamente a Tucumán (norte del país) para acompañar a Argentina en las celebraciones de su bicentenario. Acudió a la misa solemne de acción de gracias, fue testigo de la firma de un acta conmemorativa de su independencia de España y, en ese contexto, mantuvo una reunión bilateral con el presidente, Mauricio Macri.

Don Juan Carlos, ironías de la historia, fue el representante de mayor rango de todos los invitados. Ningún presidente latinoamericano hizo el esfuerzo de acudir a la invitación de Macri. Con diferentes excusas enviaron a ministros o vicepresidentes. Éste fue el caso de Bolivia, representada por Álvaro García Linera, que estuvo junto al Rey durante el oficio religioso en la catedral de San Miguel de Tucumán.

Jornada emotiva

En las puertas de la casa de Tucumán, la misma donde se reunieron para declarar la independencia de Argentina, el Rey escuchó las palabras de un Macri conmovido y respetuoso. El presidente de Argentina reconoció que vivía una «jornada de muchísima emoción» y, mirando a Don Juan Carlos, recordó: «Acá empezó la historia. Un conjunto de ciudadanos se animaron a soñar. Deberían tener angustia, querido Rey, de separarse de España».

El Gobierno en pleno y otras autoridades escuchaban atentos las palabras de Macri celebrando el pasado y asumiendo los desafíos del futuro. Antes, en el salón donde se rubricó un documento simbólico de conmemoración del bicentenario, le escoltaban su vicepresidenta, Gabriela Michetti y, sentado en una silla, Don Juan Carlos.

En esa escena, muy lucida y de enorme simbolismo, solo faltaba la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner (no explicó su ausencia); el de Chubut, Mario Das Neves que estaba enfermo; y el de San Luis, Alberto Rodríguez Saa, un personaje excéntrico que cree en un imaginario planeta Xilium.

La figura del Rey generó algunos hechos aislados de censura, pero no se registraron actos que empañaran la jornada. Lo más significativo fue la decisión de una docena de comunidades indígenas que no acudieron a los desfiles militares al considerar que el Rey emérito «representa la institución que ha cometido el más grande genocidio contra nuestros pueblos sin asumir ni reparar la deuda».

Cordialidad

Doscientos años después de su independencia Argentina ayer fue una fiesta donde los colores borbónicos de su bandera engalanaron todo el territorio. En San Miguel de Tucumán, como dijo Macri, «empezó todo», el 9 de julio de 1816. Lo que comenzó como una revolución contra la invasión de las tropas napoleónicas en la península terminó con la escisión del país con el que España hoy atraviesa una luna de miel.

Macri mantiene lazos de cordialidad y procura echar por tierra la teoría funcional a los gobiernos populistas de este lado del continente, que atribuyen todos sus males al viejo imperio español o a Estados Unidos. Así lo hizo en la casa de Tucumán al explicar que la independencia conlleva responsabilidad y verdad: «No podemos echarle la culpa a nadie. Somos dueños de nuestro destino», proclamó con tanto entusiasmo como debieron hacerlo los argentinos que firmaron la independencia. Tras finalizar los actos oficiales, Don Juan Carlos partió de vuelta a España.