Sánchez e Iglesias tras firmar el proyecto de Presupuestos de 2019 en La Moncloa - EFE

El viraje de Pablo Iglesias: de las reuniones en directo al apagón

La sintonía entre el líder de Podemos y Pedro Sánchez dibuja la línea que se visibilizará a partir del 27-M

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Eso de la reunión en «streaming» que proponía Pablo Iglesias ha quedado en el olvido. Ayer ni hubo directo ni hubo mucha transparencia que se diga. En cinco minutos el secretario general de Podemos se ventiló las explicaciones a la prensa en una reunión cuya duración habla de la afinidad que hay entre los dos líderes políticos.

Pedro Sánchez se reunió anteayer con Pablo Casado y el encuentro superó las expectitivas al prolongarse durante una hora y 45 minutos. Ayer por la mañana fue el turno de Albert Rivera, que detuvo el reloj en los cincuenta minutos. Iglesias por poco supera a ambos juntos. Las dos horas y quince minutos que permanecieron hablando el secretario general de Podemos y su homólogo socialista reflejan que los dos tenían mucho de que hablar. Mucho más de lo que contó después Iglesias, encorsetado en un silencio electoral.

También el recibimiento fue mucho más relajado y distendido que con el presidente popular y el liberal. Iglesias y Sánchez se saludaron sorientes, con gestos de complicidad y con una conversación fluida alejada de la tensa formalidad del apretón de manos entre Rivera y Sánchez por la mañana.

Eso sí, de estos tres encuentros también se infiere el papel que Sánchez le da a cada uno. Solo a Casado le cedió la sala de prensa donde comparece el Gobierno tras los Consejos de Ministros, mientras que a Rivera y a Iglesias les relegó a la sala «briefing», en la que normalmente comparecen los presidentes autonómicos tras las reuniones bilaterales con el jefe del Ejecutivo. En otras palabras, Sánchez reconoce a Casado como líder de la oposición y le otorga un papel más relevante que a Rivera, que se autoproclama «líder de la oposición» con sus 57 diputados, y que a Iglesias, su futuro socio.

Nadie se acordó en estos dos días de las críticas a Mariano Rajoy en la anterior legislatura por proponer una ronda de contactos como la ahora encabezada por Sánchez en el Palacio de la Moncloa. Le hicieron entonces cambiar el lugar de las reuniones al Congreso de los Diputados, pero estos días todos querían la foto solemne en Moncloa. Cuestión de tiempos.