El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, interviene ante los medios de comunicación el uno mayo, en Madrid
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, interviene ante los medios de comunicación el uno mayo, en Madrid - EP

Iglesias busca blindar su liderazgo con su entrada en el Gobierno de Sánchez

El líder de Podemos gana tiempo hasta el próximo 26-M para seguir negociando con el PSOE

MadridActualizado:

De puertas para afuera el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, asegura que están satisfechos con sus resultados en las elecciones porque son «suficientes» para exigir al PSOE entrar en el Gobierno. Pero a la interna, una vez cerradas esas puertas, y dentro del círculo de confianza de Iglesias, existe la preocupación de que si el secretario general no consigue finalmente ninguna de las llaves del Palacio de la Moncloa su condición de líder se debilite y se adelante su fecha de caducidad, prevista ahora mismo hasta 2021.

Un par de días antes de las elecciones, Iglesias expresó en RNE que «cuando un resultado es malo uno tiene que poner su cargo a disposición del partido». Y es evidente que el desenlace no era el deseado para el partido porque Unidas Podemos perdió casi la mitad de los escaños que consiguió en 2016, su posición de tercera fuerza y ni siquiera consiguió representación en el Senado. Con sus palabras resonando en la hemeroteca, el líder de Podemos aun tiene una última oportunidad para blindarse como líder de la formación: conseguir entrar en el futuro Ejecutivo de Pedro Sánchez exigiendo una coalición a cambio de su apoyo.

Por ello, Iglesias trabajará para convencer al PSOE y ganará tiempo hasta después de las elecciones europeas, autonómicas y municipales del 26 de mayo. De entrar o no dependerá la fuerza de su liderazgo. No conseguirlo revolverá al sector crítico. Para Iglesias se trata además de un «ahora o nunca» porque, según explicó en Antena 3, se pone por delante un horizonte de «cinco o seis años» más dedicados a la política.

Presión a Sánchez

La semana que viene Sánchez se ha citado en La Moncloa con los presidentes del Partido Popular, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera, así como con Iglesias, para analizar la situación política y poner las primeras piedras de lo que será la negociación del próximo Ejecutivo. El líder de Podemos buscará convencer al presidente en funciones de que no se pliegue a «las presiones de los poderes económicos» y no pacte con Ciudadanos. Le exhortará en cambio a configurar con Unidas Podemos un Gobierno progresista de coalición siguiendo «el modelo valenciano» que formó Ximo Puig en 2015.

Por el momento, Iglesias esperará a conocer el contenido de las reuniones con PP y Cs y luego empezará a negociar con Sánchez un programa de gobierno. En la formación ya trabajan para elaborar el documento que quieren presentarle al Gobierno en funciones y, por ahora, no hablarán de cargos ni de nombres. El único mensaje que llevarán a La Moncloa el martes será que si Sánchez quiere su apoyo en la investidura Podemos tiene que estar dentro del futuro Ejecutivo. Desde el PSOE sin embargo consideran que con 42 diputados no están en condiciones de demandar nada. Y no se creen la amenaza de una posible abstención de Iglesias como ocurrió en 2015 porque salieron muy penalizados –un millón de votos menos– de la repetición de elecciones.

No revolver a los críticos

La negociación será un intenso pulso entre Iglesias y Sánchez, donde cada uno se jugará el futuro a su manera, y que se dilatará hasta después del 26 de mayo, cuando el mapa de España esté renovado del todo y ambas formaciones ya no estén en campaña.

Mientras tanto, este lunes, la formación ha convocado al Consejo Ciudadanos Estatal, máximo órgano del partido, aunque sin poder decisorio, para analizar la situación y para trazar la campaña para el 26-M. Al sanedrín acudirán todos los «barones» del partido, que no se reúnen desde el portazo de Íñigo Errejón para concurrir a las autonómicas con Más Madrid. La gestión de la crisis por parte de la dirección nacional generó en aquel momento reticencias entre los líderes autonómicos y en febrero once de ellos se reunieran en Toledo de espaldas a la cúpula del partido para denunciar que no se estaba respetando la autonomía de la sucursal madrileña.

Desde hace meses las crisis internas y el criticado «verticalismo» de la cúpula han motivado voces disidentes que han avivado la posibilidad de un relevo de liderazgo antes de lo previsto. No obstante, el debate de la renovación de la secretaria general se mantendrá en segundo plano hasta que pase el 26-M. Iglesias gana así tiempo para blindarse.