El exprimer ministro francés Manuel Valls en un coloquio sobre populismos y nacionalismos en Córdoba
El exprimer ministro francés Manuel Valls en un coloquio sobre populismos y nacionalismos en Córdoba - EFE

Valls presentará en Barcelona su proyecto más íntimo

El ex primer ministro francés se postula como candidato a la alcaldía de Barcelona

ParísActualizado:

En Francia, nadie echará de menos a Manuel Valls. El PS y las izquierdas nunca «tragaron» sus proyectos políticos. El centro y las derechas nunca comprendieron que sus ideas, reformistas y jacobinas, fuesen defendidas desde la «izquierda», desde un «socialismo» sencillamente invisible.

Los electores de Barcelona serán los primeros en conocer el proyecto político más íntimo y personal de Valls, que nunca se atrevió a proponer en Francia un programa propio, siempre aplazado, maquillado y finalmente abandonado para intentar «conquistar» un PS que siempre lo rechazó.

Alcalde de Évry (al sur de París), Valls inició su carrera política nacional con ideas que fueron muy bien recibidas por la opinión pública moderada o conservadora, convirtiéndose en el político más popular de Francia, entre 2011 y 2014. Pero renunció a crear un partido propio, de centro reformista, inclinándose por una carrera política «socialista», con esta legendaria declaración de principios de la primavera/verano de 2011: «El Partido Socialista corre peligro de muerte, encerrado en una arcaica visión del mundo. Hace tiempo que propuse cambiar el nombre del Partido Socialista… ya que ese nombre no responde a la realidad de nuestro tiempo. Tras dos elecciones presidenciales fallidas, el PS está en una encrucijada: debe cambiar de nombre, renovarse o morir. Yo soy candidato a la candidatura socialista a la presidencia de la República, para comenzar cambiando el socialismo francés, víctima de sus arcaísmos, hoy».

El ex primer ministro

En el PS, tal proyecto cayó como una bomba de fragmentación. Los militantes socialistas rechazaron su candidatura a la candidatura presidencial. Valls decidió apoyar a François Hollande, que pagó sus buenos servicios nombrándolo ministro del Interior, primero, y primer ministro, más tarde.

Mientras fue un político independiente, Valls fue popular al centro y la derecha. Convertido en palafrenero de Hollande, Valls comenzó a perder crédito al centro y la derecha, sin ganar ningún crédito a la izquierda. A lo largo de tres años, en todas las manifestaciones de protesta, contra Hollande, lo más visible eran las pancartas que decían «Valls, eres un digno heredero de Franco».

Cuando quedó claro que Hollande estaba definitivamente hundido, Valls todavía tuvo la oportunidad de dimitir y crear su propio partido, de centro reformista. Dejó pasar aquella oportunidad, que aprovechó Emmanuel Macron, su ministro de Economía. Sin partido, pero con ideas, Macron creó un movimiento político de centro reformista, jacobino, centralista y europeo: y triunfó.

Cuando Macron comenzaba su larga marcha hacia el Elíseo, Valls se obstinó en ser candidato del PS a la presidencia de la República. Los militantes yel «aparato» socialista volvieron a hundir a Valls, rechazando su candidatura. Consumada su ruptura definitiva con el PS, Valls esperaba que Macron lo nombrase ministro o le diese algún cargo. En vano. Macron siempre consideró que Valls era un rival poco fiable.

Coqueteo con el socialismo

Así las cosas, Valls fue elegido diputado «emparentado» al partido de Macron. Sin cargos, sin futuro, sin familia política propia. Su «coqueteo» con el «socialismo», terminó hundiendo su credibilidad entre los electores de centro y derecha. Sus aspiraciones personales lo convierten en rival y enemigo potencial de Macron.

La eventualidad de una carrera política, en Barcelona, es percibida en Francia como una «alternativa» para un personaje que no tiene encaje en ningún partido francés. El PS está hundido y busca otros horizontes. La República En Marcha (LREM, el partido de Macron) ya tiene muchos aspirantes en busca de cargos y carrera. El centro y la derecha comienzan su laboriosa reconstrucción. Extrema izquierda y extrema derecha odian a Valls, sencillamente.

Las peripecias íntimas, matrimoniales y amorosas también agravan el alejamiento de París, Francia. Tras dos matrimonios fallidos, la tercera mujer de su vida, Olivia Grégoire, es una influyente diputada del partido de Macron, con muchas aspiraciones personales. Hará todo lo posible para «complicar» un hipotético futuro «macroniano» de Valls.

Las potenciales relaciones de Ciudadanos y LREM, el partido de Macron, tampoco tienen perspectivas francesas de ningún tipo. Las elecciones municipales, en Barcelona, y las próximas elecciones europeas, estarán bastante próximas en el tiempo. Más allá de la dimensión municipal, quizá decisiva, Valls propondrá a los electores de Barcelona su viejo programa político personal: centro reformista, centralismo jacobino y Europa… Si triunfa, quedará consumada su ruptura con la política francesa. Si fracasa, comenzará la travesía de un pedregoso desierto político.