El president de la Generalitat, Quim Torra, durante su conferencia ayer en Barcelona - Inés Baucells

Torra agita la calle y cede al Parlament la respuesta a la sentencia del «procés»

«No aceptaré ninguna sentencia que no sea la absolución», anuncia el presidente sin concretar

BarcelonaActualizado:

El independentismo no sale de su bucle. La conferencia que pronunció ayer el presidente de la Generalitat, Quim Torra, no sirvió para aclarar cuáles van a ser los siguientes movimientos políticos del soberanismo, sí en cambio que la movilización ciudadana va a ser determinante en los próximos meses, y que la misma va a ser alentada desde el ejecutivo catalán. Agitprop institucional. «No hemos renunciado a nada», clamó Torra en la habitual exhibición de pirotecnia verbal y retórica encendida que sin embargo no pudo tapar una clamorosa ausencia de programa y acción política, ni siquiera en sus propósitos republicanos.

«O libertad o libertad», anunció Torra emulando aquel «referéndum o referéndum» con el que el fugado Carles Puigdemont puso Cataluña rumbo al «otoño negro» catalán de 2017. Ante la platea llena del Teatro Nacional, Torra no anticipó un «otoño negro» -no aludió a la unilateralidad o a la desobediencia-, sí acaso un curso de movilizaciones marcado, quedó claro, por lo que resulte de las sentencia del juicio en el Tribunal Supremo contra los líderes del «procés». Fue ese el único momento en el que Torra -en un discurso hecho a cuatro manos con Puigdemont, y se supone que también consensuado con ERC- vino a anticipar decisiones que puedan ir más allá de la retórica de choque, pero huera, que practica ahora.

¿Adelanto electoral?

«No puedo aceptar ninguna sentencia que no sea la libre absolución», anunció Torra tratando, de manera nada clara, de aclarar qué significa eso. «Si se diese el caso que la sentencia no sea la absolución de los procesados, estudiaré qué decisiones deben tomarse y me pondré a disposición del pueblo de Cataluña a través de sus representantes en el Parlament», añadió Torra en el único pasaje que pudo leerse como un anuncio de algo: quizás un adelanto electoral, quizás una nueva intentona emulando la de octubre pasado…

Hasta entonces, movilización y más movilización, empenzando por la manifestación «indepe» de la Diada, y de manera más genérica apelando a una «gran marcha por los derechos civiles y nacionales» que emula a la en su momento fallida «movilización permanente» que reclamaba una de las sucesivas «hojas de ruta» del independentismo. O como apuntó directa- mente Torra, al movimiento pro derechos civiles de Martin Luther King en los Estados Unidos.

Como novedad, Torra, en castellano, llamó a los ciudadanos del resto de España identificados con los valores republicanos a sumarse a su lucha. «Esta conferencia es también una propuesta a todos los ciudadanos de España, piensen como piensen sobre la independencia de Cataluña, pero que, frente a la violencia, las amenazas y las injusticias deseen sumarse con nosotros a una marcha por la defensa de los derechos civiles y sociales y del derecho de autodeterminación de los pueblos» apuntó Torra en una conferencia en la que, como es habitual, atacó duramente a una Monarquía que, dijo, «ampara la violencia contra sus ciudadanos».

Leyendo porcentajes a su antojo, Torra volvió a apelar a una inexistente «mayoría social» a favor del independentismo para reclamar al Gobierno de Pedro Sánchez acordar un referéndum de autodeterminación. La propuesta del jefe del ejecutivo de promover una consulta en Cataluña, pero para aprobar un nuevo Estatut, fue desdeñada por Torra. «Presidente Sánchez, el debate en la sociedad catalana no es sobre un Estatut. El mandato del 1-O está vigente y trabajamos para hacerlo efectivo. Solo un referéndum de autodeterminación acordado, vinculante y reconocido internacionalmente puede renovar ese mandato», advirtió. A diferencia de lo que ha hecho ERC, Torra no pidió a Sánchez que presione a la Fiscalía.

«La intervención de Torra se produce en cualquier caso en medio de fracturas en el seno del independentismo»

En este conexto, Torra sí hizo un «llamamiento solemne al Gobierno del Estado a la negociación de buena fe», una negociación que en el texto entrgado a la prensa con su discurso se vinculaba a «la liberación de los presos y el retorno de los exiliados.», pero que en cambio, sin que se aclarase por qué, en su discurso no pronunció. Sea como fuere, la distancia entre proclama y realidad sigue siendo abismal, una costumbre del «procés». No aludió tampoco Torra a la propuesta que ayer hizo la presidenta del Congreso para que explique sus intenciones en la Cámara Baja, una invitación que la portavoz Elsa Artadi no descartó.

La intervención de Torra se produce en cualquier caso en medio de los movimientos, y fracturas, en el seno de un independentismo dividido entre los partidarios de forzar la ruptura y quienes abogan por un repliegue táctico con objeto de acumular más fuerzas. Entre estos últimos está ERC, que en las últimas semanas, más que aludir a fechas «míticas» como el 1-0 (consulta ilegal) o 27-O (fallida declaración de independencia), apela al «espíritu del 3 de octubre» como un intento de ensanchar la base del soberanismo. A este espíritu, también a la «permanente voluntad de diálogo» apeló también Torra, en lo que pareció un guiño o mano tendida a ERC.

Disyuntiva

De nuevo, y enfrentándose a la misma disyuntiva del pasado otoño, el independentismo se debate entre la opción unilateral, la misma que ha conducido a la cárcel y a la huida a sus máximos dirigentes, o el regreso, más o menos ordenado, a la política autonómica. En la retórica, el soberanismo, Torra particularmente, no abandona la primera opción, no queda claro si en la práctica política seguirá el mismo camino de 2017, buscando otro «otoño negro».