Adolfo Suárez Illana, en su despacho en la sede del PP junto a un retrato de su padre
Adolfo Suárez Illana, en su despacho en la sede del PP junto a un retrato de su padre - ERNESTO AGUDO
ENTREVISTA ABC

Suárez Illana: «Nos reconciliamos en la Transición y es abominable que sigan llamando al odio»

Asegura que se siente «absolutamente cómodo» en el PP, un partido que «está en el centro» pero que «debe expandir sus pulmones a ambos lados»

MadridActualizado:

Adolfo Suárez Illana estrena despacho en la planta noble del Partido Popular. Es uno de los grandes fichajes de Pablo Casado en esta nueva etapa, un guiño a la centralidad del partido, cuando hay quien le acusa de escorarse demasiado a la derecha. Suárez ha colocado un gran retrato de su padre en una de las paredes. Cuando habla de la Transición, parece que es el mismísimo presidente del Gobierno de aquellos años el que tiene la palabra. Sabe bien lo que dice cuando se refiere a la reconciliación y abomina de los que se dedican a llamar al odio entre los españoles.

¿Hace falta más concordia y libertad en la España de hoy?

El motivo fundamental del nombre de la Fundación es porque entendemos que la concordia está seriamente amenazada. Es necesario hacer un esfuerzo ímprobo para recuperar esa concordia que no es otra cosa que la convivencia entre distintos, lo que ya aprendimos en la Transición.

¿Quién es el culpable de que la concordia esté en riesgo?

Igual que la autoría del éxito de la Transición es compartida, el haber permitido que lleguemos a unos niveles de enfrentamiento en algunas zonas de España, incluso familiar, tiene que ver con todos.

¿Tiene razón Sánchez cuando dice que hay mucha crispación y pide calma a la oposición?

Sí, tiene razón en el sentido de que hay crispación, pero él como máximo responsable del Gobierno también lo es de que esa crispación exista. Él es el máximo responsable de que la concordia exista en España.

Su «ruptura» de relaciones con Casado no parece que ayude mucho...

Es una muestra de falta de tolerancia y está fuera de lugar, porque el diálogo es necesario.

¿Su fundación competirá con FAES?

No, en absoluto. La única fundación vinculada al PP es Concordia y Libertad. FAES es una de las mejores fundaciones políticas que existen en el país y las relaciones con el presidente Aznar son magníficas.

¿Por qué cree que se produjo el divorcio entre FAES y el PP?

Si cumplimos el objeto fundamental de nuestra fundación, hacer renacer la concordia entre los españoles en la vida pública, no tenemos que preocuparnos de ningún pasado.

¿Qué dice a los que critican al PP por escorarse a la derecha?

Yo me siento absolutamente cómodo en este partido, tanto que he abandonado hasta mi vida profesional para integrarme en él. Es un partido de amplio espectro, capaz desde la centralidad de abarcar a gente de centro izquierda y del centro derecha con total comodidad.

¿El PP de ahora es más aznarista que marianista?

No podemos ni debemos renunciar a nuestros orígenes ni a todos aquellos que han dirigido el partido a lo largo de los años, con aciertos y errores. Con Pablo Casado se mira hacia el futuro con mucha ilusión.

Ese objetivo de mirar al futuro del PP, ¿es compatible con la mayor presencia de Aznar en el partido?

¿Cómo no va a reunirse con el presidente Aznar o el presidente Rajoy? Eso forma parte de su trabajo. Casado es un líder absoluto y lo que está haciendo es construir equipos a base de hablar con todos. No hay más liderazgo en el partido que el de Casado.

Hace años, Aznar emprendió el viaje al centro. ¿Dónde se ganan las elecciones con Casado, en el centro o en la derecha?

En el centro estamos, y quizás lo que tengamos que hacer es expandir bien los pulmones, desde el centro hacia ambos lados del espectro político, con una política integradora, transversal.

Al PP de Rajoy se le reprochó que no cumpliera parte de su compromisos. ¿Se va a mojar en el programa electoral?

El Partido Popular se va a mojar, y mucho, sobre asuntos concretos. Y va a ser muy, muy serio a la hora de defender y cumplir esos puntos.

¿La Constitución sigue siendo igual de válida hoy en día que cuando se aprobó o tiene desgaste?

La Constitución de 1978 es la única que nos ha permitido en los 500 años de historia de la Nación española vivir 40 años que aúnen democracia, libertad, concordia y prosperidad compartida. Pero la Constitución no es intocable. Es inviolable, pero no intocable.

¿Es el momento pues de tocar la Constitución?

Uno de los secretos, o consejos que me daba mi padre, es no proponer nunca un cambio constitucional como arma arrojadiza electoral contra el opositor. Porque tú vas a tener que pactar esa reforma. Las reformas constitucionales se han de plantear en un despacho, a solas, con prudencia, y al final se proponen de forma conjunta.

Es decir, lo contrario de lo que está haciendo Sánchez ahora...

No soy quién para darle consejos a todo un presidente del Gobierno, si algo tiene ser hijo de uno es ser especialmente respetuoso con ellos, pero yo no plantearía nunca una reforma constitucional así.

¿Esta España de 2018 se parece a la que soñó su padre en la Transición?

Se parece muy mucho al sueño que tuvo mi padre. Otra cosa es que vivamos retos, problemas que deben ser solucionados y que seguro que mi padre ni podía contemplar en aquel momento ni le gustaría vivirlos hoy. Hoy en día, toda España la encuentro muy relajada, porque va bien, porque tiene un nivel extraordinario, con independencia de que hay mucha gente que lo ha pasado muy mal con la crisis, que hay que atenderla.

¿Qué piensa cuando escucha a Podemos atacar lo que llama «régimen del 78» y pedir incluso la figura de víctima de la Transición?

Pues mire, yo soy una víctima de la Transición, una feliz víctima de la Transición. Y creo que todos los españoles somos felices víctimas de la Transición. A Dios gracias. En España ya vivimos el odio, y lo vivimos en grado extremo. Llegamos a matarnos los unos a los otros. Y el perdón que se dieron nuestros abuelos, no hay nieto hoy con derecho a enmendar. Sobre el abrazo del perdón se ha construido la mejor España que hemos conocido en nuestra historia. Por eso, aquel que llame al odio es un enemigo de España.

¿Veía necesaria una ley de Memoria histórica?

Es absolutamente innecesaria. No resuelve ningún problema, lo que ha hecho es crear nuevos problemas.

¿Qué hacemos ahora con los restos de Franco?

Es generar un problema donde no lo había. Si nos ponemos a desenterrar, ¿qué hacemos con los restos de Pelayo? Que tampoco era un demócrata de toda la vida. ¿O qué hacemos con las referencias en lugares públicos a Santiago Carrillo y a gente que durante la segunda república fueron auténticos asesinos? La Transición ya se hizo, sabemos cómo reconciliarnos, me parece abominable que se nos siga llamando al odio de hace 80 años cuando hace casi 40 fuimos capaces de superarlo y de asombrar al mundo entero por ello.

Es decir, es partidario de no mover nada en el Valle de los Caídos.

En absoluto. No tiene ningún sentido hacerlo.

¿Cómo ve la situación en Cataluña?

No hay soluciones mágicas nunca. Hay una o dos generaciones que van a vivir con un sentimiento de frustración porque no va a haber independencia de Cataluña. Nunca ha existido concordia y libertad sin respeto a la ley. Y quien conculca la ley ha de saber que lo tiene que pagar.

Algunos defienden la necesidad de una mediación.

No hay mediación posible que no sea la de los jueces.

¿Cree que acabará en indulto?

Espero que no. Sería de una irresponsabilidad absoluta. La rebelión y la sedición son delitos especialmente graves contra la Constitución.

Artur Mas se le acercó el otro día en una comida. ¿Qué le dijo?

Se me acercó y el introductor me dijo que este era el hombre que podía ayudar a solucionar el conflicto en Cataluña. Yo le dije que oportunidad tuvo. Él me dijo que otros también la tuvieron. Y yo le conteste que sí, es posible. Me saludó y se marchó.