Ana Julia consuela al padre del pequeño Gabriel
Ana Julia consuela al padre del pequeño Gabriel - Efe

La sobreactuación de Ana Julia precipitó su detención

Sus exageradas reacciones despertaron las sospechas de los investigadores

Al parecer, ya actuó de forma parecida en el pasado, cuando vivía en Burgos

MadridActualizado:

Los trece días que duró la desaparición de Gabriel, el niño de 8 años asesinado presuntamente por su madrastra en Almería, fueron una sucesión de errores que han llevado a Ana Julia Quezada ante el juez. Visto con cierta perspectiva, entorno e investigadores coinciden en que la sobreactuación de la dominicana propició su detención.

Ana Julia era muy exagerada en sus reacciones, y pasaba de la frialdad al llanto con una facilidad sospechosa. Tanto antes como después de ponerse en la diana «encontrando» una camiseta interior del pequeño, Ana Julia se exhibía demasiado. Se dejaba entrevistar, besaba con fuerza a Ángel David Cruz cuando había cámaras delante y tenía por costumbre dar informaciones que nadie le pedía. Mientras era incapaz de dar su teléfono móvil a los investigadores, sí contaba a viva voz detalles que pudieran borrarla de la lista de sospechosos. Pero no lo consiguió.

Quienes tuvieron trato con ella en los casi veinte años que vivió en Burgos recuerdan de ella episodios similares. Cuando murió su hija de cuatro años al caer presuntamente por la ventana, presentó un cuadro de «excitación nerviosa». En 2012, cuando murió su pareja de entonces, acudió al tanatorio, se mostró muy afectada y nunca más se supo. «La familia no la volvió a ver», ha dicho el hijo de este hombre al «Diario de Burgos».

Facebook
- Facebook

Todos estos antecedentes casan perfectamente con la Ana Julia que se ha visto estos días: emotiva ante la prensa, fría ante los agentes. Tras «encontrar» la camiseta del pequeño en un terreno de sobra rastreado, quiso adoptar un perfil más bajo sin saber que ya le habían tomado la matrícula. Ella solía quitar importancia a este hallazgo y susurraba a los periodistas que no entendía por qué la habían metido en el «saco» de los sospechosos. De hecho, una reportera asegura que llegó a vetarla porque no se fiaba de ella.

Exhibicionista y algo presumida en sus redes sociales, esta «doble cara» ya fue denunciada por el hijo de su expareja fallecida a «El correo de Burgos». «Parecía una mujer agradable, mi padre estaba bien con ella, teníamos un trato cordial hasta que falleció y entonces vimos que tenía una doble cara (...). De lo que he tratado con ella, de la relación que hemos conocido, es una persona que solo se mueve por interés, por dinero», explicó este hijo, quien puso una denuncia tras detectar un robo de joyas y unos movimientos dudosos en las cuentas de su padre mientras estuvo con Ana Julia.

Ana Julia era vanidosa y tenía ese doblez. Una duplicidad que, lejos de protegerla, precipitó su detención por el caso de Gabriel.