Pedro Sánchez al llegar ayer a su reunión con representantes de la Cultura - EP | Vídeo: ATLAS

Sánchez blanquea a los separatistas mientras pide la ayuda de Casado y Rivera

El presidente en funciones buscará los apoyos de sus socios en la moción de censura tras acabar sin resultados la ronda de contactos con los colectivos sociales

Madrid Actualizado: Guardar
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Tanto se empeñó la portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá, en hacer campaña por la investidura de Pedro Sánchez que ayer, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de los viernes, incluso se olvidó de presentar a su acompañante, la ministra Magdalena Valerio. Antes de percatarse del error de protocolo, Celaá protagonizó un discurso en el que, aprovechando el privilegiado escenario, volvió a pedir a los partidos de izquierda y derecha que, cada uno en la medida de sus posibilidades, faciliten la investidura de su jefe.

Esto es lo que más importa ahora en el PSOE. La primera ronda de contactos con la sociedad civil ya ha concluido y el resultado son muchas promesas similares a las que se hacen en periodo electoral y casi ningún resultado tangible. Eso no fue ningún obstáculo para que en el partido del puño y la rosa sacaran pecho de los 14 encuentros y más de 180 colectivos con los que se ha reunido el líder del Ejecutivo en funciones. Olvidaron destacar, eso sí, que España sigue sin Gobierno y que todo sigue igual que hace una semana, pese a la maniobra promocional que culminó ayer con unas declaraciones en las que Sánchez demostró sus intenciones y comenzó a abonar el terreno de cara a su próxima sesión de investidura.

Tras fracasar en la primera tentativa, el socialista cargó airadamente contra Pablo Iglesias, a quien acusó de evitar por segunda vez que hubiera un Gobierno de progreso en España. Entonces, Sánchez abogó por explorar nuevas vías para lograr acuerdos, una afirmación que pudo ser entendida por los más optimistas como una mano tendida a las fuerzas constitucionalistas. Pero nada que ver. Un par de semanas después de aquello, más de los mismo.

«Nacionalistas» catalanes

El propio Sánchez se encargó de anunciar ayer que a final de mes iniciará una nueva ronda de contactos con los mismos socios a los que confió su investidura fallida de julio y con los que derribó a Rajoy. Mención especial a los separatistas, a quienes blanqueó y únicamente tildó de «nacionalistas» pese a haber impulsado la insurrección en Cataluña de 2017: «Hablaremos con el PNV, el Partido Regionalista de Cantabria (PRC), las fuerzas nacionalistas de Cataluña y lógicamente con Unidas Podemos», manifestó Sánchez, antes de encontrarse con representantes del mundo de la Cultura.

Con Luis Cobos o Jesús Cimarro como figuras más reconocibles de este particular «clan de la ceja», diseñado por Sánchez a imagen y semejanza del que apoyó a Zapatero, el presidente en funciones puso punto final a la primera ronda de contactos con la sociedad civil. A lo largo de esta semana, el líder del Ejecutivo ha despachado -además de con el Rey, a quien plantó durante 50 minutos- con colectivos ecologistas, con empresarios, autónomos, plataformas contra la despoblación o sindicalistas. Sánchez ha tocado todos los palos en cónclaves marcados por baterías de propuestas que sólo se cumplirían en un caso: si prospera la segunda intentona de Sánchez y finalmente fuera investido presidente. Si no, otra vez a elecciones y luego, a saber.

«Arrimar el hombro»

Pero de momento, vacaciones. Pese a que agosto iba a ser un mes «absolutamente hábil» para el Gobierno, como se encargó de repetir Carmen Calvo, no habrá Consejo de Ministros la próxima semana y el presidente en funciones descansará. Oficialmente, eso sí, Sánchez dedicará estos días de asueto a estudiar las propuestas recibidas en esta ronda de contactos para después elaborar una propuesta programática que sirva como base para llegar a un acuerdo con Unidas Podemos.

Para que la ecuación se resuelva, en el PSOE tendrán que limar asperezas, y no pocas, con Podemos. La fractura que escenificaron Sánchez e Iglesias parecía insalvable: esta misma semana se hablaba de «desconfianza mutua» y, hace apenas dos días, Calvo y Echenique intercambiaron golpes en las redes sociales. Sin embargo, Celaá se lanzó a restañar los puentes dinamitados con una referencia velada a «recuperar la confianza» con los de Iglesias. Pero el asunto empieza mal. Juanma del Olmo, secretario de Comunicación de Podemos, criticó que Sánchez buscara con esta maniobra «burlar» la negociación con ellos durante el mes de agosto.

En el PSOE, mientras tanto, no cambia el relato. Si no hay Gobierno y se va a nuevas elecciones, la culpa no será del presidente, sino de todos los demás. En esta línea, Celaá hizo un llamamiento para que tanto Podemos como PP y Ciudadanos no compliquen la investidura de Sánchez. «Pedimos a las fuerzas que están en la izquierda que arrimen el hombro. Y a las fuerzas constitucionalistas que también lo arrimen y no bloqueen la investidura», subrayó la portavoz del Ejecutivo en funciones, que se mostró más clara en su intento por presionar a Casado y Rivera: «El presidente sigue pidiendo la abstención del PP y de Ciudadanos».

Acto seguido, Celaá justificó esta reclamación, empleada en numerosas ocasiones por los socialistas en los últimos tiempos: «No se trata de regalarle el Gobierno a Sánchez, sino de darle a España lo que necesita». En la carrera en busca de argumentos que persuadieran a los líderes de los principales partidos de la oposición para facilitar la investidura de Sánchez, Celaá no dudó en rectificar y, al contrario que Sánchez, volver a llamar las cosas por su nombre. Apuntó que si realizan esta petición es «para que el Gobierno progresista no dependa de las fuerzas independentistas».