Pedro Morenés: «La normalidad de los actos militares en el País Vasco es criterio esencial»
Pedro Morenés, Ministro de Defensa - ignacio gil

Pedro Morenés: «La normalidad de los actos militares en el País Vasco es criterio esencial»

Espera aprobar la Directiva de Defensa el próximo mes y luego adoptar medidas para que la estructura de las Fuerzas Armadas sea «más eficiente en esta circunstancia»

Actualizado:

Soy vizcaíno, por tanto vasco y profundamente español. Muy orgulloso del origen catalán de mi apellido paterno». Pedro Morenés Eulate (Las Arenas, 1948) es el único ministro del Gobierno de Rajoy nacido en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Y el primero que ostenta la cartera de Defensa y originario del País Vasco en más de un siglo.

Como secretario de Estado de Seguridad (2000-2002), en el Ministerio del Interior, vivió los años más sanguinarios del estertor último al que se encuentra arrojada ahora ETA: 23 muertos en el 2000 y 15 en el 2001. Su vocación por la función pública es incansable. Fue secretario de Estado de Defensa (1996-2000) y de Política Científica (2002-2004) durante los Gobiernos de Aznar. Siempre como independiente: no está afiliado al PP.

Como ministro de Defensa, ejerce la titánica tarea de guiar a la defensa nacional y a las Fuerzas Armadas en este periodo de recortes. Nos da una fecha: «Espero que la Directiva de Defensa Nacional se apruebe antes de verano. Después se tomarán las medidas».

Mirada diáfana, pelo cano. Se advierten unos gemelos circulares en su camisa. Son gemelos con la bandera de España. Ayer se celebró el Día de las Fuerzas Armadas, con tal motivo el pasado miércoles mantuvo una entrevista de 46 minutos con ABC.

—Usted es el único ministro vasco del Gobierno. En 44 años de terror, ETA ha asesinado a 102 militares. ¿Cómo contempla el ministro de Defensa el declive de la banda terrorista?

—Tras el esfuerzo que se ha venido haciendo, el debilitamiento de la banda terrorista ETA es una gran noticia para España y, muy particularmente, para el País Vasco.

—¿ETA es aún una amenaza para la seguridad y la defensa nacional?

—El nivel de amenaza desde el punto de vista de su capacidad de destrucción es ahora, afortunadamente, menor que en épocas anteriores donde fue especialmente destructiva.

—¿Le asusta la palabra «negociación»?

—Como ha dicho el presidente del Gobierno en repetidas ocasiones, no hay nada que negociar con ETA. Que se disuelva, entregue las armas y se termine para siempre.

—En el contexto del Día de las Fuerzas Armadas hoy se celebra en Vitoria, en la base de Araca, una jornada de puertas abiertas. ¿Qué valor le da a esta celebración?

—Le doy el mismo valor que a cualquier acto en cualquier otro territorio español. Le doy el valor que tiene el celebrar el Día de las Fuerzas Armadas que se ocupan, precisamente, de la seguridad de todos los españoles. Por tanto, no quisiera hacer una especie de excepcionalidad con el País Vasco. La normalidad y la naturalidad en estas cosas es para mí el criterio esencial como sucede en otros países en el mundo.

—¿Teme que el nacionalismo vasco arremeta contra la presencia del Ejército en el País Vasco con las elecciones autonómicas a la vista, como ya sucedió el mes de abril con una simple marcha militar en Elgueta (Guipúzcoa)?

—No lo temo. No lo temo (recalca)... Estoy seguro de que la sociedad vasca está lo suficientemente madura para entender de qué van estas cosas. La utilización política de la presencia de las Fuerzas Armadas en el País Vasco, como en cualquier otra parte de España, me parece irresponsable.

—¿Se imagina un País Vasco gobernado por la izquierda «abertzale»?

—No sería nada bueno para el País Vasco, que ha sufrido muchísimo, como tantas otras partes de España, con el terrible asunto del terrorismo. El apoyo a cualquier ideal sostenido con la violencia va contra los intereses directos del País Vasco y estoy seguro que la sociedad vasca lo sabe y reaccionará contra esa posibilidad.

—Vive desde hace años en Madrid... ¿Se ve diferente lo que pasa en el País Vasco desde la «meseta», como suelen decir los nacionalistas?

—Vivo en Madrid desde 1984. No tengo esa percepción. Yo viví en el País Vasco hasta los 35 años. He sido niño allí, he sido joven allí, he trabajado allí y tengo a mis amigos allí. Soy un vizcaíno y, por tanto, un vasco y tengo una cercanía muy entrañable con la tierra en la que nací. Precisamente por eso, y con un análisis profundo de ese pensamiento, me siento profundamente español como se sintieron Blas de Lezo, Churruca y todos los grandes vascos que han sabido servir a su país, a su patria, España, desde las letras, las ciencias, las artes, la milicia, la política y la administración... Hay un enorme elenco de vascos que han sabido ser muy vascos y muy españoles.

—El artículo 8 de la Constitución consagra a las Fuerzas Armadas la misión de defender la integridad territorial de España. ¿Sigue vigente?

—Que yo sepa no se ha derogado ningún artículo de la Constitución. El artículo 8 está tan vigente como el 1 ó 33.

—¿Es España un país antimilitarista?

—Creo que no. Creo que España simplemente es gran desconocedor en algunos aspectos de la naturaleza de la vida militar y de los propios militares. Aún siendo así, las Fuerzas Armadas son una de las instituciones mejor consideradas por la sociedad.

—Habla siempre de «visión a largo plazo» y de «esfuerzo» para afrontar la crisis. El presupuesto de Defensa se ha reducido un 23% en el último lustro... ¿Está ya la Defensa en su límite presupuestario? ¿Hay más margen para recortar en 2013?

—Hay un marco objetivo y un marco específico. El primero lo marca la pertenencia a la OTAN, que requiere una inversión del 2% del PIB en Defensa. En este sentido, con el 0,6% del PIB en inversión actual estamos lejos de lo que se nos requiere. Desde el punto de vista interno nosotros estamos en una situación económica complicada. La modernización de las Fuerzas Armadas, especialmente, sufre ese recorte, con un presupuesto que ha bajado un 70% en cinco años. Esto representa una situación extraordinariamente difícil en cuanto a los compromisos que tenemos adquiridos. Desde el punto de vista de la estructura de las Fuerzas Armadas siempre es posible hacer algo, pero ese algo tiene que estar vinculado no solo a la situación económica, que es complicada, si no especialmente a la situación de riesgo y amenaza en la que puede verse España. Tenemos que definir el escenario, pero la situación económica no es lo único que lo marcará porque de otro modo se podría dar la paradoja de tener que prescindir de las Fuerzas Armadas, algo que sería un sinsentido. Antes que la situación económica está la situación de la seguridad en España.

—Las Fuerzas Armadas cuentan ahora con unos 130.000 militares. ¿Cuál es el número idóneo?

—Dependerá del nuevo planeamiento que hagamos. Tenemos que fijar la Directiva de Defensa Nacional. Una vez asumida, se definirá una Fuerza que estará mediatizada por lo económico pero esa no será la única razón. Si fuera solo por lo económico entonces deberíamos pensar que no somos capaces de mantener la seguridad de España.

—¿Cuándo prevé el Gobierno aprobar esa Directiva de Defensa Nacional?

—Espero que se apruebe antes de las vacaciones de verano, es decir, en el actual ciclo de sesiones parlamentarias. Y a partir de ahí, tomaremos decisiones para decidir cuál es la estructura más eficiente en esta circunstancia para la Defensa de España.

—La OTAN ha acordado un nuevo calendario en Afganistán para centrarse en operaciones de entrenamiento de las fuerzas afganas a partir de julio de 2013. ¿Supondrá eso un adelanto del repliegue español?

—Un 10 por ciento del contingente [unos 1.500 militares] en 2012, un 40 por ciento en 2013 (a mediados de este año podríamos iniciarlo) y el resto a finales de 2014. La idea es que a mediados de 2013 comencemos a delegar la iniciativa de las operaciones a las fuerzas afganas. Eso significa que tendremos dos misiones: asesoramiento a los afganos y garantizar la seguridad de nuestras unidades.

—¿Qué le dice al militar que esté ahora en la «Ruta Lithium», uno de los lugares más peligrosos donde se encuentran los militares españoles?

—Primero: que cumple una misión que tiene una trascendencia fundamental para España desde el punto de vista de la credibilidad y del estatus de España en el mundo. Segundo: que la misión es importantísima para el pueblo afgano. Tercero: que tienen que cuidar por sus vidas y por la de sus compañeros.

—Sus Majestades los Reyes presidieron el sábado el Día de las Fuerzas Armadas en Valladolid. ¿Cuán diferente sería la España de hoy sin la Corona?

—Sería extraordinariamente diferente. Es muy difícil imaginar un escenario político sin la Corona en España. Antes del 23-F se produjo una transición política que fue extraordinariamente ejemplar en algunos aspectos. La Corona jugó un papel extraordinariamente importante en un momento complicado de la Historia de España donde precisamente se podían haber producido dos escenarios políticos distintos a los que estamos viviendo; y los dos escenarios en una línea no precisamente de mantenimiento de un sistema democrático de homologación internacional con capacidad de promover la Justicia y el bienestar social. El papel de la Corona es fundamental para mantener ese equilibrio y estabilidad. Además en un momento que se produjo un coletazo de uno de esos dos posibles escenarios, la Corona estuvo a la altura de las circunstancias y supo encauzar la voluntad política de toda España hacia una sociedad avanzada como la que estamos hoy.

—En sus brindis oficiales de actos castrenses siempre alude al Rey como «el primer soldado de España»... ¿Por qué le gusta esa fórmula?

—Me gusta porque es la fórmula tradicional de las Fuerzas Armadas. Soy extraordinariamente respetuoso con las tradicionales militares que son tan importantes como su propia evolución hacia el futuro. Lo que hago es seguir una tradición militar que honra al «primer soldado y marino de España» [puntualiza].

—¿Qué consejos suele dar el Comandante Jefe de las Fuerzas Armadas, es decir, Su Majestad el Rey, a un ministro de Defensa?

—Su Majestad el Rey da muy buenos consejos producto de una larga experiencia como jefe del Estado y, sobre todo, también como militar. Por tanto, desde esa doble condición y su visión política, uno escucha con especial atención lo que dice S.M. el Rey. Debo decir que además S. M. el Rey tiene otra magnífica virtud: escucha muchísimo. De ese intercambio se produce un enriquecimiento político del que este ministro disfruta y se honra en especial.

—Salvo el cargo de jefe de Estado Mayor de la Defensa, que ahora ostenta el almirante general Fernando García Sánchez, aún mantiene al resto de la cúpula militar heredada del anterior Gobierno... ¿Por qué?

—Estoy absolutamente convencido de la condición apolítica de nuestros militares. España tiene tres magníficos jefes de Estado Mayor de los tres Ejércitos y en el momento en el que el Gobierno considere que su misión ha concluido serán, con toda naturalidad, sustituidos por los que tengan que desarrollar, por ejemplo, la Directiva de Defensa Nacional que podría ser un momento para ello. Además no tiene por qué ser los tres a la vez... o sí. Es importante que entendamos que la institución militar tiene que estar fuera del cambio político al uso. Si confundimos política e instituciones hacemos un flaco favor a España.