El ex secretario de Estado de Seguridad, a su llegada ayer al Supremo - Efe

Nieto sitúa a los CDR detrás de la resistencia «violenta y organizada» del «procés»

El ex secretario de Estado de Seguridad dice que el escenario del 1-O fue el peor de los previstos, con la inacción de los Mossos y la mayor oposición posible

Madrid Actualizado: Guardar
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El 1 de octubre de 2017 se dio el peor de los escenarios: «Los Mossos d´Esquadra no actuaron y el nivel de resistencia en los puntos de votación fue el mayor de los previstos». Así lo explicó ayer en el Tribunal Supremo el antiguo secretario de Estado de Interior José Antonio Nieto, el máximo responsable de la Policía Nacional y de la Guardia Civil durante los días clave del golpe secesionista en Cataluña.

En una declaración contundente y detallada, Nieto desmontó en el juicio del «procés» la tesis de las movilizaciones «pacíficas y cívicas» que rodearon el plan secesionista ilegal. Habló de concentraciones «organizadas y violentas» con el fin de impedir el cumplimiento de las órdenes judiciales y defendió la actuación proporcionada de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Su testimonio fue demoledor para las defensas. Y para el «major» de los Mossos, Josep Lluis Trapero, quien se sentará en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional por estos hechos previsiblemente cuando el Tribunal Supremo ya haya dictado esta sentencia en unos meses.

Sin hablar de forma explícita de «traición», sí destapó la actuación «insuficiente, inadecuada e ineficaz» de la Policía autonómica durante la jornada del referéndum ilegal y aseguró que, pese a estar avisado de que mantener la consulta ilegal podría generar episodios de violencia, el gobierno de la Generalitat siguió adelante con la convocatoria. Es decir, el Ejecutivo de Puigdemont asumió esta violencia como parte de su plan secesionista.

El testigo, el primero de la décima sesión del juicio del «procés» y también de la tanda de mandos policiales que vivieron en primera línea el desenlace hasta la declaración unilateral de independencia, avaló punto por punto la acusación de la Fiscalía y dio todas las explicaciones que se echaron en falta en la declaración del exministro Zoido.

Nieto asumió como propias, para lo bueno y para lo malo, las actuaciones de quienes estaban bajo sus órdenes, negó la existencia de cargas policiales por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y denunció la «realidad paralela» creada por el relato independentista en virtud del cual el malo es el que cumple el mandato judicial y el bueno el que no hace nada para que se cumpla. «Todo se podía haber evitado simplemente no tratando de sostener algo manifiestamente ilegal», sostuvo el exdirigente de Interior.

El punto de inflexión

Pero antes de llegar a este punto, Nieto repasó el último tramo de la hoja de ruta sececionista, el que se inició los días 6 y 7 de septiembre con la aprobación de las leyes de la ruptura. Fue en ese momento cuando los escenarios que se habían planteado en un «plano teórico» se llevaron a la práctica con el envío de 6.000 policías y guardias civiles como refuerzo a Cataluña. La noticia no sentó bien al exconsejero Forn. Su reacción preocupó al Gobierno: «No reconocía la interpretación legal de la decisión de trasladar efectivos»; es decir, cuestionaba la autoridad del Ejecutivo de Rajoy para dar un paso amparado por la ley.

La preocupación fue aumentando cuando se llegó al 20-S, explicó Nieto, cuando una masa de militantes independentistas se concentraron a las puertas de la Consejería de Economía, donde se practicaba un registro por orden judicial. «Teníamos serias dudas y mucha preocupación por la seguridad de los guardias civiles que estaban dentro». A partir de ese momento, se fueron sucediendo concentraciones cada vez que había un registro. «No eran espontáneas. Había una organización», dijo. Por primera vez en el juicio planeaban sobre la sala los CDR. «Posteriormente pudimos comprobar que realizaron una tarea de coordinación importante. Tenían una misión inicialmente organizativa pero derivaron en una actitud violenta o que propiciaba actitudes violentas».

Esa misma «organización premeditada» es la que se pudo apreciar el 1-O, cuando «hubo llamamientos para impedir la acción policial», apuntó Nieto. En principio la intervención de la Policía Nacional y la Guardia Civil tenía que ceñirse al auxilio de los Mossos donde fuera necesario, pero ya desde primera hora de la mañana se dieron cuenta de que estaban solos. Los Mossos fueron en parejas a los colegios, pero no a cerrarlos. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se encontraban en inferioridad de condiciones respecto a las personas que iban a votar y también «a impedir que se cumpliera el mandato judicial».

El excargo de Interior negó «cargas policiales» entendidas como actuaciones para disolver una manifestación. Lo que hubo, dijo, fue «empleo de la fuerza» que se utiliza cuando los agentes son rodeados en círculo o cuando se pretende a aislar a un número de ellos. En este sentido, Nieto aseguró que la actuación de los agentes fue proporcionada, un «equilibrio entre eficacia y seguridad». «Si hubiéramos priorizado la eficacia de las actuaciones por encima de cualquier otro objetivo, les aseguro que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen preparación, dotación y capacidad para haber cumplido su objetivo a costa de un mayor empleo de la fuerza», expresó.