Ana Julia Quezada, la presunta asesina de Gabriel Cruz - Vídeo: Así fue la detención de Ana Julia Quezada el 11 de marzo de 2018

«Su modus vivendi era aprovecharse de la gente, de hombres»

Durante la búsqueda de Gabriel colocó una camiseta para tratar de inculpar a su ex

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« El modus vivendi de Ana Julia era aprovecharse de la gente, especialmente de los hombres. Es su pauta de comportamiento. Cuando veía a un hombre, seleccionaba, se mostraba seductora y manipuladora, de forma burda pero le funcionaba. Ella tenía mucha vida en la carretera, de ahí que instrumentalizara todo lo que había a su alcance. Su problema fue que Gabriel no era tan manipulable porque era un niño y los niños carecen de esa maldad, de ser un bien queda como hacemos los adultos. No se callaba lo que pensaba de ella y eso la desquiciaba». La radiografía la hizo a ABC el capitán José Manuel Touza, psicólogo de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo de la Guardia Civil.

El sumario del caso Gabriel avala sus palabras. Entre 1992, cuando Miguel Ángel R. D. la sacó de un prostíbulo de Burgos, y marzo de 2018, fecha en la que ingresó en prisión por la muerte de Gabriel, Ana Julia Quezada tuvo cinco parejas, con un denominador común: vivió a su costa o se apropió de su dinero. Su último marido, Sergio M. G. con el que viajó de vacaciones a Las Negras (Almería) y decidieron instalarse allí, tendrá que declarar en el juicio. Ana Julia trató de dirigir las sospechas del crimen de Gabriel hacia él. «Odia a los niños», le dijo la ahora acusada a Ángel, el padre del pequeño, y a una amiga. Luego colocó una camiseta del niño en un paraje por donde ella y su exmarido paseaban a los perros, a 500 metros de la casa de Sergio.

El motivo por el que mató al hijo de su pareja tal vez no logre aclararse nunca del todo. Gabriel le estorbaba, pese a que solo estaba con ellos cada dos fines de semana y algún día suelto. El capitán Touza considera que la motivación de Ana Julia es «instrumental». «Su recompensa al acabar con Gabriel era a medio o largo plazo».

Cuando salió de Las Hortizuelas la tarde del 27 de febrero y engañó al niño para que la acompañara, en su opinión «ya tenía calculado todo lo que iba a hacer». Pegados a su sombra, los investigadores y sus compañeros, según pasaban los días y Gabriel no aparecía, Ana Julia empezó a mostrar sus intereses. «Cada vez se preocupaba menos por el niño y por Ángel (el padre) y más por sí misma. Le mosqueaba mucho que no la llamáramos a declarar. Preguntaba continuamente a él qué le habíamos dicho sobre ella, qué pensábamos sobre ella. Era muy autorreferencial», afirma.

El carácter psicopático que le atribuyen estalló con toda su fuerza en el momento en que la detuvieron con el cadáver del niño, casi desnudo, en su maletero. Al verse descubierta, dijo a la Guardia Civil que la rodeaba que «en el maletero llevaba un perro». No se inmutó, pese a que los agentes ya sabían que era el cuerpo de Gabriel. Cuando se dio cuenta de que la estaban grabando y de que la calle de Vícar donde estaban se llenaba de gente que la increpaba empezó a gritar y a llorar: «Yo no he sido. Yo lo quería».