Manifestantes portan una estelada
Manifestantes portan una estelada - AFP

El independentismo exige a Torra que prepare ya el próximo «embate»

Otra gran manifestación secesionista exige la liberación de los políticos presos y reclama a la Generalitat que avance hacia la república

Barcelona Actualizado: Guardar
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Hacia otro «embate» al Estado. El independentismo volvió ayer a desbordar Barcelona en una nueva Diada multitudinaria –la sexta desde el inicio del «procés» en 2012–, una concentración que fue tanto o más un acto de apoyo a los políticos presos ante el inminente juicio como una advertencia clara y directa al gobierno catalán y a los partidos que lo integran: unidad, determinación y comenzar ya los preparativos para lo que definieron como un nuevo «embate democrático». En tiempos de desorientación y fractura entre los partidos independentistas –la división entre posibilistas y unilateralistas es cada vez más acusada–, la Assemblea Nacional Catalana (ANC), entidad convocante, volvió a recuperar su histórico papel de vanguardia del proceso y tutela del Govern.

Del mismo modo que en la Diada de 2014 la ahora encarcelada Carme Forcadell exigía a Artur Mas que sacase adelante el referéndum de ese año –«¡Presidente, ponga las urnas!»–, su sucesora al frente de la ANC, Elisenda Paluzie, fue igualmente clara ayer en su advertencia, exigiendo a la Generalitat que no «dilapide» lo que significó el referéndum ilegal del 1 de octubre y la posterior mayoría parlamentaria surgida del 21-D: «No queremos que nos enviéis de nuevo donde estábamos. No estamos en 2012 ni menos aún en 2006 –cuando se aprobó el Estatut–». « Os pedimos que nos tratéis como adultos; somos conscientes de los obstáculos, no pedimos imposibles, pero sí rigor, honestidad y determinación», añadió Paluzie. «Pedimos que se prioricen los intereses colectivos a los de partido, que desde el Govern se haga balance de lo que se tenía (preparado) y lo que no, que os volváis a preparar para otro embate. No paséis del ‘de la ley a la ley’ y las ‘estructuras de Estado’ a decir que todo lo tiene que hacer la gente de la calle», añadió.

La reprimenda de la líder de la ANC parecía tanto dirigida a los dirigentes de ERC que en las últimas semanas están desmarcándose del unilateralismo, al señalar, como hizo el día anterior Oriol Junqueras, que «no hay atajos» para la independencia más allá de un referéndum pactado, como al propio Quim Torra. Para el independentismo más hiperventilado el presidente catalán sigue practicando una radicalidad y un republicanismo solo retórico, que un día le lleva a proclamar que no aceptará la sentencia del juicio a los líderes del «procés», y al otro, como ayer en un encuentro con los corresponsales extranjeros, a reconocer que no tiene «la posibilidad de abrir las cárceles».

Más allá de la disensión en la estrategia y los intereses partidistas, la manifestación de ayer volvió a demostrar que el independentismo civil sigue movilizado de manera importante, aunque muy por debajo de años anteriores, sobre todo 2014, cuando el soberanismo alcanzó su techo. Ese año, la marcha de la ANC logró llenar la Diagonal y la Gran Vía –lo que se conoció como la «v» soberanista–, mientras que ayer la convocatoria se limitó a la primera. En 2014, con una Guardia Urbana con ayuntamiento de CDC, se estimaron 1,8 millones de asistentes, 520.000 según la Delegación del Gobierno. Ayer, la policía local calculó un millón de personas, mientras que la Delegación del Gobierno, a diferencia de las «diadas» anteriores, optó por no hacer público su cálculo. Por su parte, la plataforma constitucionalista Societat Civil Catalana estimó una asistencia de 200.000 personas, 20.000 menos que en 2017.

«Sacrificios»

Siguiendo ya una logística que empieza a ser casi rutinaria, las calles del Ensanche barcelonés se llenaron de autocares llegados de toda Cataluña –unos 1.500, según la organización–, todos cargados de manifestantes con el habitual despliegue de banderas «esteladas» y vituallas para pasar la jornada en la ciudad; la «senyera» oficial ha sido definitivamente desterrada . También como en las «diadas» anteriores no se registraron incidentes.

Ante la inminencia del juicio a los líderes del «procés», las proclamas exigiendo su libertad, así como el retorno a Cataluña de los fugados al extranjero de la Justicia, centraron la manifestación. Sus rostros y nombres eran omnipresentes en las pancartas, camisetas y carteles que desde primera hora de la mañana llenaron las calles de Barcelona.

«Esto quizás no será rápido ni fácil, pero trabajaremos sin descanso para lograr la república sin abandonar nunca un diálogo sin renuncias», aseveró el vicepresidente de Òmnium Cultural, Marcel Mauri, organización que, como ERC, lleva tiempo alejándose del «independentismo mágico» –en definición del diputado Gabriel Rufián– en el que sigue flotando el expresidente Carles Puigdemont, su tutelado Quim Torra y la ANC que incluso les exige ir más allá para preparar ya el próximo «embate democrático». Interrogado por las exigencias de la ANC, el presidente de la Generalitat apelaba de nuevo, sin mayores concreciones, a la movilización continua, a la vez que advertía de los «sacrificios» que están por venir. Como en el otoño negro de 2017, no está muy claro que el grueso de los que ayer llenaron Barcelona estén dispuestos a más sacrificio que el de una excursión en familia a la ciudad.