Matas ha centrado la jornada de hoy en el juicio del caso Nóos
Matas ha centrado la jornada de hoy en el juicio del caso Nóos - EFE

Los grandes proyectos encumbraron y a la vez hundieron a Matas

Las presuntas irregularidades en las ambiciosas iniciativas impulsadas por el expresidente balear le han acabado conduciendo al banquillo de los acusados

JOSEP MARIA AGUILÓ
Palma de MallorcaActualizado:

En la política española, pero quizás sobre todo en la balear, se producen en ocasiones carambolas casi tan imposibles como las que podemos ver a veces en el billar. En las elecciones autonómicas de mayo de 1995, el popular Gabriel Cañellas logró la mayoría absoluta en el Archipiélago, lo que hacía presagiar que su cuarta legislatura consecutiva como presidente de la Comunidad iba a resultar especialmente plácida. Pero no fue así. El entonces líder del PP, José María Aznar, le obligó a dimitir a los dos meses, tras conocerse la presunta implicación de Cañellas en el primer gran caso de corrupción que hubo en las Islas, el denominado caso Túnel de Sóller.

Cañellas fue relevado entonces por Cristòfol Soler, quien quizás también preveía una legislatura más o menos tranquila. Pero tampoco fue así. Las luchas internas en el seno de la formación popular provocaron, en junio de 1996, la dimisión de Soler y auparon a la presidencia a Jaume Matas (Palma, 1956), que en aquel momento era el discreto y afable consejero de Economía del Ejecutivo regional. Una carambola le había aupado a lo más alto y otra carambola supuso, tres años después, su inesperado pase a la oposición. En las elecciones autonómicas de 1999, Matas no consiguió renovar la mayoría absoluta para su partido, pero hubiera podido seguir gobernando si Unió Mallorquina (UM) le hubiera apoyado. Sin embargo, Maria Antònia Munar decidió facilitar con su voto la investidura del socialista Francesc Antich. Así nació el primer Pacto de Progreso.

En aquel momento, muchas personas —sobre todo en el seno del PP— dieron por concluida y acabada la carrera política de Matas. Pero entonces se produjo otra carambola. Matas fue nombrado por Aznar ministro de Medio Ambiente en abril de 2000, cargo que ostentó hasta 2003. Con el bagaje de su controvertida gestión como ministro, Matas se presentó de nuevo como candidato en los comicios autonómicos de 2003. El político mallorquín era consciente de que sólo podría gobernar si conseguía la mayoría absoluta. La logró. Hoy puede resultar algo difícil de entender, pero en aquellos años Matas y Munar eran casi objeto de idolatría, en especial por parte de quienes recibían sus generosas subvenciones.

En su segunda legislatura como presidente, Matas quería hacer historia, para intentar demostrar su valía y su talla como político, que tantos le cuestionaban. En dicho mandato, se impulsaron grandes obras públicas como el metro de Palma, el Palacio de Congresos, el nuevo hospital de Son Espases o el velódromo Palma Arena. Además, se celebraron en Mallorca dos foros internacionales sobre deporte, organizados por el entonces prestigioso Instituto Nóos, e incluso se habló de construir un futuro Palacio de la Ópera que, puestos a soñar, competiría con el Metropolitan de Nueva York o la Scala de Milán. Matas parecía estar en su mejor momento, pero en las elecciones de 2007 perdió de nuevo la mayoría absoluta y vio cómo Antich volvía a ser el presidente de la Comunidad.

Triste y decepcionado, Matas abandonó entonces la política y se fue a trabajar a Estados Unidos en una multinacional. En aquella época, quizás le sirviera de consuelo pensar que, al menos, habría dejado un buen legado. Sin embargo, al poco tiempo al metro le salieron goteras, el Palacio de Congresos aún no está acabado y la adjudicación de Son Espases está siendo investigada. Por lo que respecta a la construcción del velódromo, los convenios firmados con Nóos o el proyecto del Palacio de la Ópera, conforman hoy tres de las 27 piezas en que se encuentra dividido el caso Palma Arena. En el marco de esas tres piezas y de algunas más, Matas fue imputado por el juez José Castro.

Desde hace años, además, son objeto de chanza las costosas reformas que Matas realizó en su «palacete» o el hecho de que su esposa llegase a abonar algunas de sus compras con billetes de 500 euros. En marzo de 2010, tras la primera imputación de Matas, el entonces líder de la oposición, Mariano Rajoy, dijo: «Le deseamos lo mejor, que se defienda y, si puede, demuestre su inocencia». Matas ha intentado demostrar su inocencia desde entonces, pero, como es bien sabido, de momento ha cumplido ya una primera pena de cárcel de nueve meses por una de las piezas del caso Palma Arena. En su declaración de este jueves en el juicio del caso Nóos, se ha podido ver por vez primera a Matas reconociendo algo de culpa, a la espera, quizás, de una primera resolución judicial favorable, de una última y casi imposible carambola.