ESPAÑA

«¡Españoles! ¡Franco ha muerto!»

Cuarenta años del anuncio de su muerte por Carlos Arias Navarro en una de las escenas de televisión más vistas

MadridActualizado:

«El 20 de noviembre estaba en mi despacho, porque la muerte de Franco era inmediata. Habíamos montado un estudio pequeño de televisión en el propio Ministerio de Información y Turismo, para dar las noticias urgentes. Desde mis ventanas, se veía la vivienda del ministro León Herrera, y de pronto se encendieron las luces de su casa a las seis de la mañana. Pensé: “Eso es que Franco ha muerto”. A continuación salió el coche del ministro y a los cinco minutos llegó el teletipo anunciando su muerte», así recuerda Jesús Sancho Rof, director general de RTVE en los últimos años del franquismo, cómo fueron los momentos previos a la grabación de una de las escenas de televisión más recordadas por millones de españoles. El momento que Carlos Arias Navarro anunció con voz compungida: «¡Españoles! ¡Franco… ha muerto!».

Había asumido la dirección del ente el 5 de abril de 1974, bajo la presidencia de Arias Navarro. «Me llamó León Herrera para proponerme el cargo. Estaba trabajando con Fernández Sordo, entonces ministro de Relaciones Sindicales y le pregunté qué opinaba. Se quedó treinta segundos pensando y me apuntó: “Acepta, porque Franco se muere y hay que apoyar al Príncipe con los misiles de la televisión”. Fue una de las primeras personas que fui a ver cuándo me nombraron director. “Alteza, la televisión está a su disposición”, le dije. E hicimos todo lo posible por evitar las “meteduras” de pata del padre… Aquello funcionó en una época que era muy complicada».

«¡Franco no se podía morir!»

El 9 de julio de ese año, Franco ingresó en la Clínica Privada de la Ciudad Sanitaria que tenía su mismo nombre aquejado de una tromboflebitis. Tras un breve proceso de recuperación sufriría un retroceso que le impidió asistir a la tradicional recepción del 18 de julio en la Granja, fiesta nacional y aniversario del golpe militar que dio origen a la guerra civil. Todo parecía que iba a seguir igual. Se apostaba por la continuidad del Régimen.

«¡Franco no se podía morir! –recuerda Sancho Rof– Desde que sufrió la flebitis, estaban todos los prohombres del régimen rodeándole. Y tanto era así, que en televisión no había una biografía del general, ni tampoco del futuro Rey. Al alargarse la enfermedad, se pudo preparar una programación adecuada para el día de su muerte. No teníamos ni unidades móviles. Durante ese tiempo, se montó la operación Lucero para realizar el cambio a la monarquía tras la muerte del caudillo. Don Juan Carlos se dio cuenta, y el mismo día que jura, apareció en TVE un motorista con un sobre de la Casa del Rey que anunciaba que se suprimía la operación Lucero y se ponía en marcha la operación Alborada. Tomó las riendas desde el primer segundo».

El 3 de septiembre de 1974, las pantallas de televisión ofrecieron la imagen de un Franco recuperado que jugaba al golf en el campo de La Zapateira, ocultando sus dificultades motoras, sus problemas de dicción. «A mí me tocó grabar a Franco el último mensaje de fin de año. Veías a ese hombre viejecito, consumido, enfermo, pero ante todo, militar. Tenía escrito en el teleprompter el discurso a trocitos. Cuando le avisabas que tenía que grabar, le decías: “Mi general”. Y ese hombre hundido se erguía y se ponía en primera posición de saludo. Soltaba la frase y cuando acababa, se volvía a hundir. Entonces aparecía toda la corte, incluido el médico, y le alentaban: “¡Magnífico mi general! ¡Estupendo! ¡Como nunca!», cuenta el que fue ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social con Leopoldo Calvo-Sotelo.

«¡Que no hable! ¡Córtale la señal!»

En otras imágenes grabadas un año más tarde, en un acto que presidió en el patio de armas de El Pardo, el día 12 de octubre, que se conmemoraba entonces el Día de la Raza, muestran su deterioro físico, los estragos del párkinson. El último Consejo de Ministros que presidió Franco fue el viernes 17 de octubre de 1975, dos días después de sufrir un infarto agudo que el propio interesado calificó de corte de digestión. «Cuando empieza a estar muy enfermo, y preside el Consejo con marcapasos, la sensación era que no pasaba nada. No se ocultaba información, porque no había información. Todo era cerrado. Un día me llega al despacho el jefe de informativos y me dice: “El corresponsal de la televisión francesa nos pide urgentemente un locutorio y una conexión con Francia para anunciar que Franco se ha muerto, porque aquí nadie dice nada”. “Pero, ¿qué dices?”, le respondí. Cogí el teléfono y llamé al ministro de Información para explicarle la situación. Me contestó: ¡Que no hable! ¡Córtale la señal!”. Intenté razonar: “¿Cómo le voy a cortar la señal a la televisión francesa? Lo que tendría qué hacer el Gobierno es dar una nota sobre la salud de Franco”. Salió un comunicado explicando que estaba constipado, que salía de una gripe y que no le pasaba nada. A partir de ahí se suceden los partes médicos, en cuanto había alguna mejoría había que darla inmediatamente. A mí ya me aburrían».

Así también lo cuenta Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona en «Memorial de transiciones (1939-1978)» editado por Galaxia Gutenberg. «Se daban con cuentagotas las noticias sobre la salud de Franco, firmadas por “el equipo médico habitual”. Hacia afuera empezó el reguero de partes médicos, que se leían con voz solemne en el telediario […]. Imaginar que Franco moriría era casi subversivo».

«¡La radio la han tomado los comunistas!»

A principios de noviembre, las arterias del general no resisten y le operan en el Pardo. Dos días más tarde, el 5 de noviembre, lo trasladan a La Paz y con 83 años pasa otras cuatro horas y media de quirófano. «Cuando a Franco le están operando, surgió la duda de si cortar o no la programación de TVE. Fue la famosa noche que se transmitían documentales de pájaros, y más pájaros, mientras esperábamos a ver qué pasaba, aquello no se acababa nunca. Cómo sería el ambiente, que una noche, a las tres de la mañana, me llama el director general de Seguridad y me dice: “¡La radio la han tomado los comunistas!”. ¡Qué dices!, le contesté. “¿No estás oyendo Radio Nacional?”. “Pues no, estoy en la cama durmiendo”. Cuando cuelga, pongo la radio, y había un coloquio donde seis arquitectos opinaban sobre la Sagrada Familia de Gaudí. Le llamé de nuevo: “Te habrás equivocado de emisora, porque es un coloquio de arquitectos”. Y responde: “Sí, ese mismo. De los seis, cuatro son comunistas”. Me dio la risa: “Me haces un favor. Mándame mañana la lista de comunistas para que yo la tenga en el despacho y así no haya ningún problema”. ¡Así estaba el país!».

La hora oficial de la muerte de Francisco Franco fue las 5:25 de la mañana, aunque falleció antes de las dos de la madrugada. «Para ese desenlace estaba prevista una intervención de Carlos Arias Navarro. El guion estaba cargado en el teleprompter. Cuando Arias llega al estudio junto a León Herrera, le dije: “Bueno presidente, está todo preparado”. Y respondió: “Lo que tengas preparado no vale. Tengo escrito cosas nuevas. La hija de Franco le había dado su testamento, y le descolocó e improvisó un discurso». Las palabras de Arias Navarro forman parte de nuestra historia y del fin de una dictadura: «¡Españoles! ¡Franco… ha muerto! […] Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares, entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos… Es natural; es el llanto de España, que siente como nunca la angustia infinita de su orfandad […]».