El letrado de Oriol Junqueras, Andreu Van den Eynde, en el juicio al «procés»
El letrado de Oriol Junqueras, Andreu Van den Eynde, en el juicio al «procés» - EFE

Entre la defensa jurídica y la política

Lejos de la unidad que pregonan, el arranque del juicio ha confirmado las estrategias antagónicas de los letrados

MadridActualizado:

Los focos del mediático juicio del Supremo no solo apuntan a los líderes de independentistas que se sientan en el banquillo, sino también a sus abogados. Para la mayoría de ellos es, probablemente, el juicio de sus vidas. Y aunque en público intentan mostrar y pregonar una imagen de unidad y estrategia común -en fase de instrucción, incluso se hicieron la foto en una rueda de prensa conjunta-, lo cierto es que sus declaraciones en los medios y, sobre todo, sus escritos de defensa, evidencian formas diferentes, incluso antagónicas, de cómo encarar un proceso en el que sus clientes se enfrentan a penas de hasta 25 años de cárcel. Y ahora, las dos primeras sesiones del juicio, dedicadas a plantear cuestiones previas, no han hecho más que confirmarlo: unos se limitan a una defensa técnica, y otros se decantan por envolver sus intervenciones en cierta retórica política, incluso épica.

Son Xavier Melero, abogado del exconsejero de Interior Joaquim Forn, y Andreu Van den Eynde, letrado del expresidente de la Generalitat, quienes quizá encarnan de forma más nítida estas dos formas de plantear la defensa de sus patrocinados. El primero ya lo dejó bien claro en una entrevista radiofónica semanas antes del juicio: «Yo no sé lo que es una causa política. Yo sé lo que es una prueba y la responsabilidad de unos hechos», decía. Y tras destacar el prestigio del Tribunal Supremo, añadía: «No es mi estrategia poner el acento en aspectos comunicativos, como alguno de mis compañeros». Uno de esos colegas de estrado es Van den Eynde, que el martes, cuando se alzó el telón en el Alto Tribunal, usó su tiempo para resolver cuestiones previas para mostrar sus intenciones: esta causa es un «vodevil procesa» que «atenta contra la disidencia política». En otras palabras, que más que un juicio penal, se trata, en su opinión, de una causa ideológica general contra el independentismo. En la sesión de ayer, los fiscales, conscientes también de que este juicio no es el de una causa cualquiera, usaron su turno de cuestiones previas para responderles. No se enjuicia la ideología independentista sino «un plan minucioso, orquestado y pluriconvergente» para cometer un delito de rebelión, espetó el fiscal Fidel Cadena.

Entre estos dos extremos se situarían las tácticas del resto de defensas. Unos son más próximos a Van den Eynde, como Jordi Pina -abogado del los exconsejeros Jordi Turull y Josep Rull, y del líder de la ANC, Jordi Sànchez-, que espetó a los siete miembros del tribunal: «Hagan de jueces y no de salvadores de la patria, (...) son magistrados, no héroes nacionales». También en esta línea, con matices, estaría Benet Salellas, del equipo de abogados del líder de Òmnium, Jordi Cuixart. Más cercanos a una apuesta por una estrategia de defensa exclusivamente penal encontraríamos, por ejemplo, a Josep Riba -abogado del exconsejero Carles Mundó- y a Judith Jané, que patrocina a la también exconsejera Meritxell Borràs.

Con estos ejemplos queda claro que, más que el carné de partido de los encausados, las diferentes estrategias tiene más que ver con una mezcla de las personalidades de clientes y abogados. Letrados consultados por ABC -que no son parte de la causa, pero que sí la conocen de cerca- consideran un error la puesta por la línea política, por mucho que la mirada de algunos abogados esté puesta más en el Tribunal de Estrasburgo que en el Supremo, o de que sean conscientes de que el independentismo escruta con lupa sus intervenciones. «El tribunal solo va a juzgar unos hechos determinados», avisan las mismas fuentes. Y destacan, además, que las sesiones de cuestiones previas no son el momento de dar rienda suelta a la retórica. Para eso ya está la presentación de informes, al final del juicio, sin límite de tiempo de exposición y donde la puesta en escena y la capacidad dialéctica cobran más relevancia.