El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y la directora general de Tráfico, María Seguí - efe

El 15 por ciento de los conductores muertos se había drogado

Tráfico pone en marcha una campaña para extender los controles de estupefacientes en todo tipo de vías

MADRID Actualizado:

Si un agente de Tráfico le para y le ordena someterse a un control de drogas, no puede negarse. Bastará con que entregue una pequeña muestra de saliva, que se confirmará con una segunda prueba si la primera da positivo. La última reforma del Código Penal así lo establece (la saliva como muestra biológica y la obligación de realizar la prueba) y el Ministerio del Interior quiere generalizar este tipo de controles, según ha anunciado el ministro Jorge Fernández Díaz en rueda de prensa.

Los datos son elocuentes: el 15 por ciento de los conductores fallecidos en accidente había consumido algún tipo de droga y en los controles aleatorios que se realizan el 19,4 por ciento circulaban tras haber consumido estupefacientes. Los porcentajes de víctimas mortales con presencia de drogas no han parado de aumentar en los últimos ocho años, pasando del 11 por ciento del año 2004 al 15 por ciento del año pasado, según los datos del Instituto Nacional de Toxicología. Un 7 por ciento de los automovilistas muertos habían ingerido alcohol y drogas al tiempo.

Con estas cifras, Interior, a través de la Dirección General de Tráfico, ha puesto en marcha una nueva campaña de tolerancia cero contra las drogas al volante. Los controles se llevarán a cabo en todo tipo de vías, días y a cualquier hora con el objetivo de evitar las 480 muertes anuales que, según los estudios, causan los estupefacientes en la carretera.

El programa tiene varios objetivos: aumentar la sensibilización social, como ocurrió con el alcohol, sobre este problema; informar a los conductores de los riesgos que suponen estos consumos al volante (dificultad de coordinación, distorsión, menor reacción, somnolencia, velocidad excesiva y agresividad), generalizar los controles y formar.

Conducir después de haberse drogado es una infracción muy grave castigada con 500 euros de multa y la pérdida de seis puntos del carné. De ahí para arriba hasta penas de cárcel.