El almacén de Irún
El almacén de Irún - ABC
Memoria histórica de la lucha contra ETA (IV)

La «cárcel del pueblo» de ETA: meses de terror en un chiscón de 4,5 metros cuadrados

La entrega de México de Ramada y Yoldi llevó a la nave de Irún donde estuvieron cautivos Aldaya y Delclaux

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

«¡Coño, aquí he estado yo!». Esta fue la primera reacción de Cosme Delclaux, secuestrado por ETA durante 232 días, entre 1996 y 1997, cuando en los primeros días de enero de 2001 agentes de la Comisaría General de Información le llevaron hasta una nave industrial en la calle Gaviria, 39 del barrio de Ventas de Irún. Pocas horas antes los agentes antiterroristas de la Policía habían arrancado la localización de la «cárcel del pueblo» al etarra Francisco José Ramada, exmiembro legal del comando Donosti.

Este individuo había sido entregado por México a España el 9 de enero junto a su pareja, Sagrario Yoldi, y según admitió había sido él quien había construido aquel habitáculo siniestro. Delclaux no fue el único «huésped» del chiscón de apenas 4,5 metros cuadrados reservado para las víctimas; ya antes, entre 1995 y 1996 José María Aldaya había estado también cautivo en ese lugar durante casi un año, 341 días para ser exactos.

Caída de Kantauri

La detención el 9 marzo de 1999 en Francia de José Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», por entonces jefe del aparato logístico de ETA; Irantzu Gallastegui, pareja de Txapote y miembro del comando Donosti; Jesús María Puy Lecumberry, Mikel Zubimendi, José Ignacio Herrán y Jon Mirena Sanpedro, en una brillante operación del Servicio de Información de la Guardia Civil, provocó la huida de Ramada y Yoldi de su domicilio de Lasarte. En el piso de la pareja la Ertzaintza encontró anotaciones manuscritas relativas a informaciones de empresarios y vigilancias, que podían ser utilizadas para un secuestro. Finalmente, ambos se trasladaron a México.

Prácticamente dos años después de la fuga, y gracias a las excelentes relaciones de la Comisaría General de Información, el Cisen (servicio de Inteligencia mexicano), con la ayuda de la Policía, localizó y entregó a España a los dos terroristas. Al llegar a Madrid fueron trasladados al complejo policial de Canillas para tomarles declaración. El interrogatorio, complicado, comenzó al mediodía, pero no fue hasta las tres de la madrugada cuando Francisco José Ramada «derrotó» y dio a los agentes la localización exacta de la nave de Irún donde habían estado cautivos los dos empresarios. Su preocupación en ese momento era que se tratara bien a su pareja, Sagrario Yoldi, porque tenía una hernia de disco que prácticamente le impedía andar. Además, él se atribuyó la responsabilidad de haber construido el habitáculo por orden de Kantauri, que extendió a los «liberados» Gregorio Vicario Setién y Dolores López Resina.

Tedax y Policía Científica

A la vista de la confesión se alertó de inmediato a la comisaría de San Sebastián para que desde ese momento quedase precintada la nave, a la espera de la llegada de los expertos de los Tedax y de Policía Científica. Los especialistas en explosivos debían ser los primeros en entrar para descartar la presencia de artefactos. Inmediatamente después era el turno de los policías de «bata blanca» que tendrían que hacer a una minuciosa inspección ocular y recoger el mayor número de huellas y vestigios posible. Además, también se trasladaron allí agentes de Información tanto de la Comisaría General como de la Brigada de Guipúzcoa, que tanto habían trabajado para que llegara ese momento.

Acceso de policías al zulo
Acceso de policías al zulo - ABC

Como se aprecia en las fotografías, las paredes laterales y la del fondo de la nave estaban cubiertas por estanterías. Para acceder a la «cárcel del pueblo» había que retirar el material y localizar un botoncito en esta última. Cuando se apretaba, se abría mediante un dispositivo hidráulico una trampilla de unos 70 por 50 centímetros, que era la puerta de acceso a la zona del cautiverio. «Estaba perfectamente construido, muy bien hecho; sospechamos que además de Ramada, Vicario Setién y López de Resina le ayudó un allegado suyo que es albañil, pero nunca se pudo demostrar», explican las fuentes consultadas por ABC. Por supuesto, la insonorización era total.

Para construirlo se levantó una pared al fondo de la nave, donde había un fregadero y por tanto una toma de agua, por lo que el aspecto exterior no varió jamás. Aquella estancia, de ancho el mismo que la nave y de unos dos metros de fondo, tenía cuatro compartimentos (ver gráfico), todos agobiantes.

A pesar de que se estuvo trabajando muchas horas en el lugar no se encontraron otras huellas ni ADN que no fueran las de las víctimas. Por eso se decidió echarlo abajo, en busca de indicios significativos, localizándose así un pico utilizado en la obra. En la herramienta se localizaron algunas huellas de Ramada, lo que confirmaba que lo había construido, solo o en compañía de otros.

Antes de esa demolición, sin embargo, el habitáculo fue visitado por varios mandos de Interior que tenían la curiosidad de saber cómo era aquello. Esa «romería» de altos cargos se había producido también el 1 de julio de 1997 cuando fue liberado por la Guardia Civil José Antonio Ortega Lara, que coincidió la misma madrugada que la de Cosme Delclaux. Y es que por entonces la banda era capaz de mantener dos secuestros a la vez.

Fue Francisco José Ramada quien hizo la compra de la nave, aunque a nombre de la sociedad «Suministros Erlaitz S.L», por supuesto con dinero de ETA. También recibió fondos de la organización -lo hacía de manos de Kantauri, con el que mantenía frecuentes citas en Francia- para la construcción de la «cárcel del pueblo» de Irún, para pagar los gastos de mantenimiento de los secuestrados y para compensarle por los gastos que le acarreaba su actividad como miembro legal de la organización.

En todo momento la nave mantuvo su actividad, que consistía básicamente en suministrar distinto material a empresas de hostelería. Los trabajadores nunca supieron que allí estaba cautiva una persona.

Los secuestros eran terribles para las víctimas y también duros para los etarras que las custodiaban, en el caso de Cosme Delclaux los etarras liberados Gregorio Vicario Setién, Dolores López Resina y Josu Ordoñez, que además fueron los autores del secuestro. «Se turnaban para pasar temporadas en las otras tres dependencias del zulo -explican las fuentes consultadas-. Contaban que solo salían de allí de madrugada para fumar y poder respirar algo de aire más limpio, porque dentro el ambiente era denso». Además, para machacar algo más a los secuestrados, les ponían la radio pero distorsionaban el sonido.

«Un secuestro requiere mucha infraestructura, mucho intermediario para cobrar el rescate y mucho tiempo. Los etarras mantenían cautivas a las víctimas pero ellos mismos estaban también cautivos. Por eso muy pocos querían hacer este tipo de acciones».

Ramada no sólo construyó el zulo: participó también en la liberación de los secuestrados e hizo informaciones sobre más objetivos, como José María Corta, presidente de la patronal guipuzcoana. Su mujer, Sagrario Yoldi, de una familia de tradición proetarra, le ayudaba en todo. En el juicio reprochó a su pareja haberle metido en eso.