Miguel Carcaño, condenado por el asesinato de Marta del Castillo, en una imagen de archivo - ABC| Vídeo: El comportamiento de Miguel Carcaño en la cárcel de Herrera de la Mancha
Diez años del asesinato de Marta del Castillo

Carcaño, el preso «modélico» que participa en misa

Desde 2014 tiene derecho a permisos penitenciarios, pero se los han denegado todos

MadridActualizado:

Miguel Carcaño lleva cinco años y cuatro meses viviendo en la cárcel de Herrera de la Mancha (Ciudad Real), un centro que fue referente para los presos de ETA y sus familias porque por él han pasado algunos etarras con récord de víctimas. Carcaño, condenado a 21 años de prisión por el asesinato de Marta del Castillo en enero de 2009, es uno de los tipos más odiados en la calle, pero entre los muros de Herrera y en concreto en el módulo de respeto en el que está internado es uno más. Ni destaca ni nadie le señala. Algunos incluso ignoran lo que hizo, aunque el código taleguero se rige por unos impulsos y normas distintas a las del exterior.

Miguel, que ha echado músculo y callo entre rejas donde ha pasado la última década, es un preso «modélico», anodino, sin ningún problema de convivencia, que participa en todas las actividades junto a sus compañeros y que parece haber descubierto en su vida la llamada de la religión. Resulta sorprendente, pero Carcaño se ha acercado a la fe católica entre los muros de Herrera, al menos la practica e interviene de forma activa en la misa y en todas las actividades de pastoral penitenciaria, según ha podido saber ABC: arreglar la capilla, ordenar y limpiar lo que toque o ayudar al sacerdote en lo que precise.

La imagen resulta chocante a la vista de su historial, de sus mentiras, de sus inicios encerrado en la cárcel sevillana de Morón de la Frontera como ídolo deprimente e icono del mal que incluso llegó a tener un nutrido club de fans que le enviaban cientos de cartas mientras los padres y toda la familia de Marta del Castillo se consumían en sus continuas e infructuosas búsquedas.

Cartas de seguidoras

«Es un clásico. Algunos de los asesinos más despiadados se convierten en un icono y los siguen, les escriben muchas mujeres, se enamoran de ellos. Hay muchos casos. No podemos entenderlo, pero ocurre», explica a ABC un veterano funcionario de Prisiones. Miguel Carcaño sigue recibiendo cartas de seguidoras. No se conoce el contenido porque no tiene intervenidas las comunicaciones aunque parece que su club de fans continúa.

En septiembre de 2013 la juez de Vigilancia Penitenciaria le concedió el paso de primer a segundo grado y se decidió su traslado de Sevilla (donde todos sabían quién era) hasta Ciudad Real donde solo inicialmente siguió sometido al protocolo de prevención de suicidios. Desde que entró el 14 de febrero de 2009, acusado de la muerte de Marta se dispuso que tuviera presos de confianza y los mantuvo durante años. De hecho, un mes después de que lo encarcelaran intentó quitarse la vida con un cordón. Estuvo incluido en el fichero de internos de especial seguimiento, fue un Fies-5 (características especiales), el nivel menos duro dentro de esa especial catalogación que incluye a delincuente comunes autores de «delitos extraordinariamente violentos contra la libertad sexual, que además hayan causado gran alarma social».

La evolución a segundo grado que se le concedió en 2013 le permitía también disfutar de permisos penitenciarios cuando cumplió un cuarto de su condena. Desde 2014 podría haber salido más de 30 días al año de la cárcel; no lo ha hecho nunca. Todos los permisos que ha solicitado se le han denegado sistemáticamente. «Ninguna Junta de tratamiento de prisión está ahora mismo por la labor de dejarle salir», señalan las fuentes consultadas. Al cabo de tantos años ni él ni sus cómplices han contado dónde ocultaron el cadáver de Marta. Tras las reiteradas negativas de la Junta de tratamiento, Carcaño a través de un abogado de oficio recurrió a la Audiencia de Ciudad Real que también se los denegó.

Módulo de respeto

La acumulación de negativas frustró sus expectativas. «Ya hace tiempo que no recurre», explican fuentes jurídicas a ABC. El módulo de respeto en el que permanece es una especie de «oasis» dentro de cualquier prisión. La convivencia es mucho más fluida y tranquila que en el resto. Carcaño lo sabe y se siente a salvo hasta el punto de que cuando se le propone tomar parte en actividades que se realizan en otras zonas de la cárcel se niega rotundo. Mantiene una buena relación con los otros presos de su módulo y un perfil bajo y discreto.

Su horrendo crimen, las múltiples versiones que ofreció, las veces que ha salido para contar en teoría dónde estaba Marta y han sido ilusiones vanas... todo eso le convirtió en la cárcel sevillana en una persona «odiada y marcada», según explicaba entonces su abogada Paloma Pérez Sendino a ABC. Ella, que se implicó personalmente para que su cliente (de oficio) revelara el escondite del cuerpo, no albergaba dudas sobre la gran dosis de ego de Carcaño que el paso del tiempo parece haber apaciguado. El asesino de Marta del Castillo ha estudiado en prisión, ha madurado, se ha interesado por los idiomas y por la religión -se crió no muy lejos del templo de la Macarena en Sevilla-. Se escribe con mujeres y con otros presos que han salido.

Los psiquiatras que trazaron su perfil hablan de «una persona egocéntrica, con dificultades para establecer fuertes y estables vínculos afectivos, así como para comprender o ponerse en el papel de los otros». La abogada conoce de cerca al dueño de este diagnóstico. Pese a ello —«casi como un acto de caridad»— llevaba a su sobrino de compras para que se probara prendas para Carcaño. «No tenía nada, ni un triste pijama; ni calcetines, ni bufandas, nada». Durante años, las visitas de Paloma fueron las únicas que recibió; ya apenas habla con él. Su madre murió, y a su hermano lo acusó de ser el autor del crimen de Marta. Ya ha cumplido casi la mitad de su condena. Los padres de su víctima, Eva y Antonio, en cambio, la arrastran de por vida.