Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa en una imagen de archivo
Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa en una imagen de archivo - AFP

Bescansa, del cielo al infierno

La exdirigente y todavía diputada de Podemos profundiza su caída en el intento de mejorar su deteriorada posición

MADRIDActualizado:

Hay fotografías de familia que se vuelven eternas, pero la de «los cinco» fundadores de Podemos no es uno de esos casos. En los pasillos de la Universidad Complutense se conocieron Pablo Iglesias, Luis Alegre, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa, aunque fue en el suelo de la plaza del Sol donde el quinteto de profesores forjó su alianza política.

Tras el movimiento 15-M en 2011, Bescansa, gracias a sus altos conocimientos en sociología, vio en un sector de la población la demanda de un proyecto de partido que rompiera con el bipartidismo que hasta entonces imperaba en España. Y así se creó. Bescansa se convirtió en una de las caras más visibles de un partido que nacía con ínfulas de grandeza: devolver la esperanza a los ciudadanos. Sin embargo, en apenas cuatro años, el rostro femenino más mediático en Podemos ha pasado a un segundo plano progresivamente.

La etapa bucólica de Bescansa empezó a tornarse en gris, paradójicamente, en Vistralegre II. Tras el segundo congreso estatal en 2016 y tres años después de la fundación del partido; aquel famoso retrato de «los cinco» se volvió aún más difuso. Allí, durante la asamblea y en medio de una guerra mediática entre errejonistas y pablistas, Carolina Bescansa entregó las armas tras ser incapaz de mediar entre el líder de su partido y el número dos. En aquel momento, optó por retirar lo que no pasó nunca de amago de candidatura y asegurar que no se sumaría a ninguna otra pese a haber tanteado unirse al proyecto de partido que proponía Iglesias. Se dedicaría en exclusividad a sus actividades parlamentarias.

En una carta abierta a las bases, firmada también por Nacho Álvarez, explicó que no presentaría una lista propia en la asamblea y que tampoco se sumaría a la del secretario general como en un principio llegó a plantearse. Asimismo, aseguró que eran «los equipos más fuertes» los que estaban «actuando de espaldas a la voluntad de diálogo y acuerdo». Unas palabras que no gustaron nada a Pablo Iglesias.

La misiva también le sirvió a la entonces secretaria de Análisis Político como una despedida para informar que dejaba la dirección de Podemos para centarse únicamente en sus responsabilidades parlamentarias. «Ha sido un honor formar parte del Consejo Ciudadano y el Consejo de Coordinación Estatal de Podemos[... ] Nos hemos esforzado por aportar lo mejor de nosotros mismos en ambas tareas, pero ahora mismo creemos ser más útiles ayudando desde una posición distinta», cerraba así Bescansa una etapa.

El punto de no retorno llegó con la crisis catalana. El conflicto estalló a finales del pasado mes de octubre, cuando la cofundadora de la formación «morada» criticó duramente el proyecto político para España de Pablo Iglesias. «A mí me gustaría un Podemos que le hablase más a España y a los españoles y no solo a los independentistas», declaró a modo de reproche hacia la dirección de la formación y sin posicionarse de una manera clara en contra del «procés».

Sus palabras levantaron ampollas entre los afines a Iglesias y fueron el pistoletazo de salida a un progresivo desmarcamiento de Podemos en el «campo de batalla» político que supusieron los días posteriores al 1-O. El distanciamiento de Bescansa de la línea oficial de su partido fue apoyada por otras figuras clave de los «morados». En este contexto, Luis Alegre (otro de los fundadores de Podemos y ex secretario general en la Comunidad de Madrid), recalcó que Podemos «no puede renunciar a la construcción de un proyecto de país», mientras que Esperanza Gómez (portavoz adjunta del grupo parlamentario de Podemos Andalucía) coincidió con Bescansa en que en los últimos meses se «ha dirigido mucho a los catalanes», y aseguró que el partido no había explicado bien su posición.

Pocos días antes de que la exdirigente lanzase este dardo dirigido a la cúpula de Podemos, la dirección del grupo parlamentario daba a conocer la decisión de sustituir a Bescansa de su puesto como portavoz en la Comisión Constitucional, (organismo que se encargará de la reforma de la Carta Magna) para poner en su lugar a Irene Montero.

La medida no fue bien vista por algunos sectores de la formación que, preocupados por la acumulación de poder de la actual portavoz del grupo parlamentario dentro del partido. Sea por su relación personal o por otros motivos labrados en el seno del partido, este hecho confirmó lo que se venía viendo desde que Montero le arrebató su posición en la primera fila de la bancada de Podemos. De ser la número dos en la candidatura a perder la secretaría general del grupo parlamentario.

En las últimos meses la ya diputada rasa había puesto de manifiesto su vocación por desarrollar un perfil propio, con su propia agenda de actos de partido. El «error» cometido ayer, con su contraoferta a Errejón es buena muestra de su actual situación interna, ya que una de las condiciones que ponía para ser la número dos de Errejón en la Comunidad de Madrid era que éste le aportase recursos una vez alcanzasen el poder regional.

El texto fue borrado en apenas minutos pero se mantuvo el tiempo suficiente para que los usuarios lo comportieran y lo inmortalizaran. En el archivo pudo leerse una serie de pasos que servirían para crear una alianza con Íñigo Errejón en la que ella sería la número dos de su candidatura para la Comunidad de Madrid de Podemos en 2019. Con la filtración solo ha logrado por ahora ganarse la desconfianza tanto de los afines a Pablo Iglesias, al que sin dudas apuesta por sustituir, y a los de Íñigo Errejón, de quien pretendía ser vicepresidenta. El que podía ser su salvavidas podría convertirse en su último error.