La edad media de la víctima de abusos sexuales se sitúa en los 11 años
La edad media de la víctima de abusos sexuales se sitúa en los 11 años
JUSTICIA

Abusos sexuales a menores: «Si lo cuentas no te van a creer, diré que me has provocado»

Una de cada cinco sentencias penales del Supremo es por abusos sexuales a menores

El 70 por ciento de los casos se dan en el entorno familiar; en uno de cada cuatro, el agresor es el padre biológico

MadridActualizado:

«Si lo cuentas no te van a creer. Diré que me has provocado». Es la frase que más repite a su víctima el agresor sexual de un menor, una persona que en el 70 por ciento de los casos forma parte del álbum familiar, quizá de un portarretratos en el salón. Es en este entorno en el que se producen la mayor parte de los abusos, que los niños suelen ocultar por miedo, amenazas o simplemente por pensar que, al ser la persona cercana, no se les va a creer.

La Sala Penal del Tribunal Supremo está registrando en los últimos meses un incremento de asuntos relacionados con abusos sexuales a menores, hasta el punto de que una de cada cinco resoluciones de esta Sala están relacionadas con este delito. Se dan en todos los ambientes sociales, económicos y culturales y durante la infancia los llegan a sufrir una de cada cinco niñas y uno de cada siete niños. La edad media, los once años.

Divorcios, padres adoptivos, pisos compartidos por familias «canguros»... Distintas circunstancias sociales han aumentado los factores de riesgo de una conducta que ha existido siempre, pero sobre la que está habiendo un repunte. En el mes de octubre 16 de las 93 sentencias que dictó la Sala Penal del Supremo fueron por abusos a menores (un 17 por ciento) y solo en noviembre están señaladas 25 vistas de recursos de casación por delitos de abusos sexuales: 1,2 al día de media en los 20 días laborables.

No todos los asuntos que llegan al Supremo son los juzgados (solo las sentencias que se recurren) y no todos los juzgados son los existentes, porque muchos no llegan ni siquiera a ver la luz y en otros muchos, sobre todo en los casos de niños de entre 3 y 5 años, los tocamientos son muy difíciles de probar, explica José Antonio Díaz Huertas, pediatra y miembro de la Comisión de Violencia y Maltrato infantil del Hospital Niño Jesús, referente en toda España. El patrón del abusador es el de una persona «sociable y amable, de la que nadie sospecharía» y que además se preocupa de no dejar huellas de sus actos, es muy sutil. Suele ser alguien muy próximo a la familia, incluso del propio núcleo familiar, por lo que el contacto con el menor no levanta suspicacias, dice Díaz.

Señales de alarma en el niño

Las sentencias que han llegado al Supremo son un fiel reflejo de esa realidad: en ellas, el abusador es la pareja de la madre (ella trabaja; él está en paro); el padre biológico (la madre que no se entera o en algunos casos lo consiente); el abuelo (en proceso senil), o familiares de la menor con cuyos padres estos comparten piso (sudamericanos en la mayor parte de los casos).

En los casos más complicados, que son en los que ese abuso no da la cara con señales físicas y el niño tampoco lo cuenta, hay que estar muy pendiente de cambios de actitud en el menor. Hay niños que de repente bajan su rendimiento escolar, están apáticos, se aislan e incluso somatizan porque no quieren quedarse a solas con la persona que abusa de ellos. En los casos más extremos llegan incluso a pensar en el suicidio. Cuando el menor que sufre abusos es adolescente su círculo cercano asocia sus cambios de comportamiento con la edad, cuando en realidad no es eso lo que le sucede. Hay que tener en cuenta que los abusos sexuales en la mayor parte de los casos se traducen en acercamientos que pueden parecer inocentes, tocamientos o roces prolongados en el tiempo y castigados con hasta tres años de cárcel. Solo en dos de cada diez casos el contacto es con penetración (conducta penada con hasta diez años de prisión).

Díaz Huertas, que también es miembro del Instituto Madrileño de la Familia y el Menor, asegura que ante un caso de abusos sexuales no hay que victimizar al niño. «Hay que darle seguridad, que perciba que le estás creyendo, que él no es culpable de nada». Eso es lo que pretende el abusador, que en muchos casos amenaza a su víctima con contar que en realidad es ella la que le provoca. También hay que evitar, dice, que el menor repita su relato muchas veces. Por esto es muy importante respetar el protocolo sanitario, dejar el asunto en manos de los expertos. Tiene que haber un criterio de«mínima intervención», porque el hecho de que el menor tenga que revivir su experiencia ante varias personas y de forma encadenada es completamente perjudicial. A su juicio, la prevención es fundamental en las familias. «Es necesario fomentar el diálogo porque si no se cuenta lo que está pasando muchas veces no es por miedo, sino porque falta comunicación» y confianza para contarlo.

«Eres la niña de mis ojos»

El modus operandi del abusador sigue el mismo patrón, dice el psicológo y director de programas de la Fundación ANAR, Benjamín Ballesteros. Empieza con el cortejo («eres la niña de mis ojos»), sigue con los regalos (ropa, móviles...) mientras intenta sellar los labios de su víctima («esto es un secreto entre nosotros, no se lo puedes contar a nadie”) y termina con la amenaza («como lo cuentes nadie te va a creer»). El teléfono de la Fundación ANAR (900202010), atendido por psicológos, ha recibido 14.144 llamadas en doce años. Si el sentimiento de culpa del menor no se trata, a largo plazo se puede traducir en pérdida de autoestima, dificultad para relacionarse, bloqueo emocional, disfunciones sexuales y depresión.

La franja de edad en la que más se utiliza esta línea (gratuita y anónima) es la de los 14-17 años (un 76,7 por ciento), seguida por 10-13 años (21,3 por ciento) y 6-9 años (2 por ciento). En este último caso quien llama suele ser uno de los progenitores o un familiar muy cercano en nombre del menor. «Para nosotros es fundamental que la víctima vea que se valoran sus emociones, que se sienta creída» y trabajar la ambivalencia que le puede producir ese sentimiento de amor-odio que muchas veces se tiene hacia al agresor», dice Ballesteros.

Según los datos de esta asociación, en el 24,6 por ciento de los casos el agresor es el padre biológico, en el 17,5 por ciento, vecinos y amigos; en el 11,9 tíos, primos o abuelos. En el 7,6 por ciento de los casos el abusador está en el entorno escolar; en el 5,9 por ciento es la pareja de la madre, y solo en un 32,5 por ciento la persona era desconocida.