Elecciones en andalucía

El bipartidismo se mantiene en cabeza pero retrocede 18 puntos en tres años

PSOE y PP suman 80 de los 109 diputados, y dejan muy atrás a los partidos «emergentes»

Actualizado:

El bipartidismo que algunos daban por muerto sigue gozando de cierta salud, al menos en Andalucía, aunque se ha resentido, y mucho, del desgaste de los últimos años por la crisis económica, y de forma relativa por los escándalos de corrupción. El PSOE y el PP han sumado el 62,2 por ciento de los votos, frente al 80,2 por ciento que lograron en las elecciones de 2012 (casi 630.000 votos menos entre los dos, 500.000 solo por el PP). El matiz es importante: la mayor caída corresponde al PP, que se desploma 14 puntos, mientras que los socialistas retroceden algo más de cuatro puntos, a pesar de ganar las elecciones.

Los dos grandes partidos mantienen pese a todo los primeros puestos de cabeza, y suman 80 diputados de los 109 que componen el Parlamento andaluz, 17 menos de los obtenidos en las elecciones de 2012.

Es cierto que las elecciones andaluzas tienen una personalidad propia muy acusada, como lo demuestra el hecho de que el PSOE ha gobernado siempre en esta Comunidad, desde hace más de 30 años. Pero muchos querían ver en esta cita electoral un «test» del estado de salud del modelo bipartidista, no puro, que ha predominado en España durante toda la democracia, y que, según arguyen sus defensores, ha proporcionado «estabilidad».

PP y PSOE siguen dominando con claridad

El resultado salta a la vista en este primer examen de un año electoral especialmente intenso. Los electores han castigado en mayor medida al Partido Popular, pero también al PSOE de Susana Díaz, aunque entre los dos siguen dominando con claridad el mapa político andaluz.

El «asalto» de Podemos

El tercer partido, Podemos, queda bastante atrás, con un 14,8 por ciento de los votos, casi la mitad de los conseguidos por la segunda fuerza política, el Partido Popular. Un resultado que queda muy por debajo de las expectativas levantadas por la organización de Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez, quienes afrontaban los comicios con la intención de «asaltar» el poder. A no ser que Susana Díaz decida pactar con Podemos, este partido quedaría relegado a un papel muy secundario.

Las tres fuerzas minoritarias que tendrán representación en el Parlamento autonómico andaluz suman el 31 por ciento de los votos, con 29 diputados, frente a los 80 que suman el PP y el PSOE. La brecha entre los dos primeros y los siguientes sigue siendo, como se ve, considerable aunque ahora haya más partidos en liza. El primer aviso al bipartidismo en España se dio en las elecciones europeas de mayo de 2014. El PP y el PSOE volvieron a ser los dos partidos más votados, pero sus votos sumaron el 49,1 por ciento, con 30 de los 54 eurodiputados. En las anteriores elecciones al Parlamento Europeo, en 2009, el PP y el PSOE sumaron el 80,9 por ciento de los votos, y 47 de los 54 diputados. Es decir, el retroceso de los dos grandes fue de más de 30 puntos en porcentaje de voto.

En la primera partida la «vieja» política ha ganado la partida

Las elecciones andaluzas suponen otra lección para los que querían plantear estos comicios como un enfrentamiento entre las «nuevas» y las «viejas» políticas. Las «nuevas» serían las que practican los partidos emergentes, como Podemos o Ciudadanos, con una relación mucho más directa con los ciudadanos y con una exigencia de transparencia mayor. Las «viejas» se identificaban con los partidos tradicionales, acosados por los escándalos de corrupción y por la crisis económicas, que ellos han tenidos que gestionar.

En esta primera prueba del año, la «vieja» política ha ganado la partida a la «nueva», por mucho que se haya dejado algo de músculo por el camino. Los ciudadanos han valorado los partidos conocidos y los programas que han considerado más realistas, frente a otras opciones inéditas todavía en las tareas de Gobierno dentro de España.

Mensaje recibido

En el Gobierno de Rajoy, la derrota del PP en Andalucía se daba por descontada, como se reconocía en los últimos días de campaña en el entorno del presidente. El desplome ha sido monumental, pero con todo los populares quedan en segunda posición, muy por encima del tercero y del cuarto (Ciudadanos), al que miraban con especial preocupación. En Moncloa, por tanto, no hay una decepción especial por este resultado, y lo que se valora es que se ha frenado el avance del «populismo» y una irrupción más fuerte de un partido como Ciudadanos, que sí le ha quitado votos al PP. Pero sí se toma nota de este primer castigo de los ciudadanos en las urnas.

Rajoy ha dejado claro que las elecciones andaluzas no son en ningún caso extrapolables al resto de España. Así lo advirtió en Bruselas, el viernes pasado, antes de viajar a Sevilla para participar en el cierre de una campaña en la que él se ha involucrado de una manera muy especial. En el entorno del presidente del Gobierno están satisfechos con el papel que ha tenido el candidato del PP, Juan Manuel Moreno, en la campaña y dan por hecho que seguirá al frente de la oposición.

Tiempo a favor

En Moncloa, además, están convencidos de que según avance el año irán recuperando electores que se han perdido en los últimos tres años, ya sea por desconfianza, indecisión o enfado, y cuando lleguen las elecciones generales, previstas para finales de año, el resultado será favorable al PP en el conjunto de España, y con datos también mejores en las provincias andaluzas.

Después de la jornada electoral, llega lo más complicado: alcanzar acuerdos para que se pueda formar Gobierno en Andalucía. Rajoy fue especialmente claro en los últimos días de la campaña cuando aseguró que el que gana las elecciones debe ser el que gobierne. Esa es la primera premisa. A partir de ahí, defendió que el partido vencedor es el que debe tomar la iniciativa a la hora de buscar acuerdos, y también advirtió de que los populares no forzarán un pacto entre los socialistas y Podemos.