Carmen Forcadell, durante el acto de cierre de la campaña del simulacro del 9-N
Carmen Forcadell, durante el acto de cierre de la campaña del simulacro del 9-N - INÉS BAUCELLS

La Asamblea Nacional fabrica el pucherazo de la consulta del 9-N

Admiten que, sin red informática, se podrá votar dos veces y que su postura separatista resta credibilidad al proceso

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La Asamblea Nacional Catalana (ANC), encumbrada por el presidente Artur Mas como la entidad que ha logrado movilizar el independentismo en la calle, siente ahora pánico escénico. Los dirigentes de la plataforma presidida por Carme Forcadell temen que la pseudoconsulta secesionista prevista para mañana lance al extranjero una imagen de escaso rigor, cuando no de chapuza, debido a la imposibilidad de garantizar un proceso de votación y de recuento correcto.

Ni Generalitat ni ANC salen airosas de su intento de internacionalizar el conflicto

En uno de los debates internos que tuvo lugar el pasado 27 de octubre, los dirigentes de la ANC advierten de que los ordenadores que se instalarán en los colegios habilitados como sede de votación no estarán en red para evitar sabotajes informáticos, lo que podría permitir que una misma persona vote las veces que quiera sin control. Esta situación podría producirse, aseguran, en el caso de un ciudadanos empadronado en una dirección, mientras que en su DNI figura otro lugar de residencia. Para evitar suspicacias, una de las fórmulas barajadas es convertir el recuento de votos en una acto abierto al público.

La Asamblea ha informado a todos sus integrantes de que se tiene que transmitir la idea de que la consulta es impulsada por la Generalitat pues si la organización se atribuye directamente a la ANC, «el proceso pierde mucha credibilidad» ya que es obvio que esta entidad y Òmnium Cultural apoyan el doble «sí» a las preguntas planteadas, es decir, al Estado propio y a la independencia.

«Limpios de “estelades”»

Al respecto, recuerdan que los voluntarios y los puntos de votación tienen que estar «lo más limpios posibles de “estelades” ( banderas independentistas) y símbolos de color amarillo que los identifica».

De esas conversaciones se desprende que los contactos entre la ANC y el Gobierno catalán son permanentes, especialmente con el consejero de Presidencia, Francesc Homs, con quien abordaron el despliegue de 18.000 voluntarios para las mesas de votación. En este sentido, la Generalitat informó a la ANC que Diplocat –órgano creado por el Gobierno de Mas para gestionar la diplomacia catalana– ha tramitado la presencia de diez observadores internacionales el 9-N. La ANC ve insuficiente esta cifra, pues entienden que lo óptimo sería un número de observadores superior al 10 ciento de las mesas de votación –en total está previsto instalar 6.430 en toda Cataluña–.

Ni Generalitat ni ANC salen airosas de su intento de internacionalizar el conflicto pues, según se reconoce en ese cónclave, las asambleas exteriores de esta plataforma «han fracasado» al tratar de abrir puntos de votación en el exterior. Solamente Chile, Brasil y Andorra se han sumado, por lo que constatan «el poco éxito de esta campaña».

Dimisiones

A vueltas con las cuentas de la Asamblea, que tal como informó ABC ha tenido problemas con Hacienda, continúa el descontrol, pues se se propone que los ingresos que la ANC obtenga por merchandising «se computen todos como donativos para no pagar el IVA». También se sugiere comprar material a través de la sede central de la entodad para «hacer grandes pedidos sin IVA y computar el gasto a cuentas que se pueden desgravar». Los propios dirigentes aluden a la carta de un miembro de la ANC que exige explicaciones sobre las cuentas, así como a la dimisión de un miembro del secretariado nacional, Jaume Tarribas, ante la falta de transparencia de la contabilidad interna.