Susana Díaz avisa de que si es la líder del PSOE será también su cartel electoral
Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía - EFE
Relevo de Rubalcaba

Susana Díaz avisa de que si es la líder del PSOE será también su cartel electoral

«Claro que es compatible la secretaría general con la presidencia de la Junta», asegura el «número dos» del socialismo andaluz

Gabriel Sanz
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Susana Díaz sigue en silencio pero emitiendo mensajes a través de terceros que dan a entender que será candidata a la Secretaría General del PSOE, aunque vaya a esperar hasta el último momento para anunciarlo, como sus posibles contrincantes: Eduardo Madina y Pedro López. Los tres — José Antonio Pérez Tapia, de la corriente Izquierda Socialista ya lo ha anunciado— tienen de plazo hasta el 12 de junio para decidirse porque al día siguiente empiezan las dos semanas de las que disponen para recogida de avales.

El secretario de Organización y «número dos» del socialismo andaluz, Juan Cornejo, que lleva diez días llenando esos silencios de Díaz, dejó ayer otras dos advertencias de la presidenta andaluza: si decide dar el paso, recogerá todos los avales de militantes posibles —no hay tope—; y, si gana, será candidata del PSOE a la Presidencia del Gobierno en 2015. Una afirmación, ésta, muy controvertida y que, como mínimo, deja en el aire la celebración de las primarias abiertas a simpatizantes y con múltiples candidatos el 30 de noviembre, como reclaman Madina y Carme Chacón. Juan Cornejo explicó que es «probable» que el próximo secretario general sea candidato a presidente del Gobierno, como «normalmente» ocurre en el PSOE; y por eso necesita muchos avales, «tener apoyos suficientes desde el inicio de la carrera». «Para ser secretario o secretaria general del este partido se necesita un respaldo suficiente, mínimo para competir, importante para serlo», sentenció.

Susana Díaz ya demostró en julio de 2013, en la carrera por la Secretaría General del PSOE—A, que no le gusta la competición abierta, porque cree que debilita al partido. Con un control férreo del «aparato» regional, buscó y logró el aval de 22.880 de los 45.733 militantes andaluces. Eso, y la imposición de un mímino del 15% —6.860 afiliados—, dejó sin opciones a sus posibles rivales, Luis Planas y José Antonio Rodríguez.

En la consulta del 13 de julio próximo no se repetirá aquella experiencia del congreso andaluz. Díaz no controla los «aparatos» del resto de las federaciones, y el reglamento fija un mínimo de avales lo suficientemente bajo —5% de todos los militantes, alrededor de 10.000— como para hace factible, incluso, que el minoritario Pérez Tapias logre ser candidato si se dieran determinadas condiciones. Aunque ninguno de sus tres potenciales contrincantes lograran los avales necesarios y ella quedara como candidata única, habrá votación en urna de los 200.000 militantes. Y se reflejará el apoyo real, y el rechazo, al secretario general que salga elegido ese día y ratificado dos semanas más tarde en el congreso extraordinario de 26 y 27 de julio.

Cónclave «de unidad»

Todo ese panorama es lo que está retrayendo a la presidenta andaluza; había previsto dar este complicado salto en su carrera política solo si el sucesor de Alfredo Pérez Rubalcaba era elegido por el voto de los mil delegados en el congreso, ser «aclamada» en un cónclave de «unidad» y no como se cerró el 38 Congreso, con el socialismo dividido en dos en el plenario del hotel sevillano donde se citaron Rubalcaba y Carme Chacón para dirimir el liderazgo. Así se lo habían diseñado a Susana Díaz una mayoría de los barones —todos excepto el extremeño Guillermo Fernández Vara; el asturiano Javier Fernández; el castellano—manchego Emiliano García Page y el catalán Pere Navarro— Felipe González, José Antonio Griñán, José Bono, José Blanco y otros destacados «pesos pesados» del socialismo.

Pero, entonces, Alfredo Pérez Rubalcaba torció sus planes aceptando, contra pronóstico, el órdago de Madina de que voten los 200.000 militantes del partido o no jugaba. Y no estaba solo en el envite; le apoyaron entre bambalinas, sin grandes declaraciones, como en el bando «susanista», Fernández Vara, el asturiano Javier Fernández, partidarios nada velados de Madina, y núcleos muy significativos de algunas federaciones cuyos barones apoyan a Díaz. Al final, todos aceptan esas primarias internas del 13 de julio, porque lo contrario les hubiera indispuesto con la militancia. No obstante, Susana Díaz sigue preparando el terreno para su desembarco, ahora en otro parámetros.

El «número dos» del socialismo andaluz no ve problemas en que sea presidenta de la Junta y Secretaría general —«claro que es compatible», advirtió ayer—. Niega que eso pueda poner en peligro la «estabilidad» de la coalición PSOE—IU en el Gobierno autonómico. Los pactos, explicó Juan Cornejo, «son entre partido y no entre personas», algo que también han matizado dirigentes de IU—Andalucía. «Si ocurre algo, se hablará», zanjó Cornejo.

Quien habló, alto y claro, fue el expresidente de la Junta de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra, para oponerse a que la andaluza se haga con el control total de la organización. Cree que Rubalcaba debería haber dimitido en la Ejecutiva del lunes 26 de mayo, tras el batacazo electoral europeo. Una gestora se hubiera hecho cargo de la organización del congreso extraordinario y garantizado la «neutralidad» en el relevo.

Ibarra y la «verguenza»

A Ibarra le da «verguenza» que nueve barones salieran el jueves pasado en apoyo de la candidatura de Díaz y aconseja limitar la acumulación de cargos para evitar que alguien «reviente». «Aquí se va a cometer el error de elegir a un monarca absoluto antes que a un secretario general —avisa—. Entre que nadie controle al próximo secretario general y que sea controlado por los comités federales, prefiero por ahora el sistema de control».

A juicio del expresidente extremeño, el sucesor de Alfredo Pérez Rubalcaba debería ser elegido en el congreso Federal del PSOE por los mil delegados, con mandato representativo, como se ha hecho siempre, y no en urna por los 200.000 militantes. No se deberían hacer «trampas» cambiando las reglas, advirtió sobre el hecho de quitar ahora el tope máximo de avalespara favorecer a Díaz. En este sentido, el secretario general del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, considera que el apoyo explícito de algunos barones del PSOE a ella no condicionará «en absoluto» el voto militante.