La «transparencia» de Posada
Jesús Posada, presidente del Congreso - efe

La «transparencia» de Posada

Al presidente del Congreso se le vuelve a escapar un «coño» en medio de la sesión. A Trillo y Bono los micrófonos de la Cámara Baja también les jugaron una mala pasada

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Víctima de su espontaneidad, el presidente del Congreso, Jesús Posada, protagonizó esta semana en la primera sesión de control del año una nueva anécdota. Varios diputados de Amaiur desplegaron pancartas en las que responsabilizaban de la muerte de un etarra en prisión, un acto por el que Posada les llamó al orden en dos ocasiones. Fue entonces cuando el portavoz de la formación, Mikel Errekondo, se acercó al escaño de Sáenz de Santamaría para entregarle un sobre.

–Tírelo, tírelo, coño –le dijo Posada a la vicepresidenta del Gobierno.

«Se me ha transparentado lo que pensaba», se justificó después el presidente del Congreso. Fue su forma de explicar que hay un conducto oficial para hacer llegar las cartas al Gobierno. A Posada no le gustan incidentes como el que protagonizó Amaiur: «Estaba pensando en voz alta, pero lo he dicho en alto. Me estaba refiriendo a que la vicepresidenta hiciera lo que ha hecho, que es que cuando te van a dar un papel así decir "no, no, hay un conducto oficial para traer las peticiones"». En la carta que Errekondo entregó a Sáenz de Santamaría, Amaiur le pide a Mariano Rajoy que apueste por la dispersión de los presos de ETA, una opción que no entra en los planes del Gobierno.

Los micrófonos del hemiciclo ya han captado a Posada con una reacción similar al menos dos veces más. La última fue en el mes de diciembre, en medio de un duro enfrentamiento entre algunos diputados del PP y del PSOE por la Memoria Histórica. Los murmullos fueron creciendo y el presidente de la Cámara Baja pidió silencio a sus señorías en repetidas ocasiones sin éxito alguno. Visiblemente molesto, Posada exclamó: «Parece mentira que no puedan callarse. ¡Dejen que termine y luego hagan exclamaciones, coño!». La sesión continuó con normalidad.

Entonces, como esta semana, Posada se disculpó. «Estas cosas ocurren. Yo tenía que haber tenido más control de mis propias palabras», dijo, arrepentido de haber pronunciado «alguna interjección» que no debía. «Igual que pido a los diputados que se comporten, cuando a mí me ocurre alguna de estas pido disculpas», remachó.

No siempre son los diputados quienes sacan de sus casillas al presidente del Congreso. En febrero de 2013 varios activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca interrumpieron la sesión al grito de «sí se puede» y «sinvergüenzas». Posada exigió a la seguridad del Congreso que los desalojaran. A su estilo: «Procedan a su expulsión, coño. Expúlsenlos de la tribuna». Ser presidente del Congreso no es solo administrar los turnos de palabra. Posada vio cómo unas activistas de Femen protestaban desnudas contra la reforma del aborto desde la tribuna de invitados y tuvo que suspender una sesión por unas goteras.

A algunos de los antecesores del actual presidente del Congreso los micrófonos también les han jugado una mala pasada. Famoso es el «manda huevos» de Federico Trillo o el «estoy hasta los huevos» de José Bono, ambos presidiendo una de las sesiones maratonianas del Congreso.