El interminable camino de una Cataluña independiente para volver a la Unión Europea
La bandera de la Unión Europea ondea a media hasta frente al edificio Berlaymont en el centro de Bruselas (Bélgica) - efe

El interminable camino de una Cataluña independiente para volver a la Unión Europea

Primero tendría que demostrar que es viable como Estado, después ponerse a la cola de candidatos y, por último, lograr ser admitida por unanimidad

unai mezcua, isabel miranda
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La independencia catalana traería como consecuencia inmediata la salida del territorio escindido de España de la Unión Europea (UE), según anunció el pasado martes el vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario de Competencia Joaquín Almunia y confirmó posteriormente la portavoz comunitaria Pia Ahrenkilde. La secesión implicaría así renunciar a un sinúmero de ventajas, derechos sociales y salvaguardas económicas y obligaría, entre otras pérdidas, a abandonar el mercado único europeo —dónde las empresas catalanas venden la mayoría de sus productos— y a perder los fondos y ayudas europeas al desarrollo (de los cuales los catalanes han recibido cerca de 9.500 millones desde el ingreso de España en la Unión Europea). Recuperar dichas ventajas no sería algo fácil ni sencillo, ya que una hipotética Cataluña independiente tendría que seguir un largo y complejo camino para volver a ser un territorio miembro de la Unión Europea, si es que alguna vez lo consigue.

Primero, la nueva república catalana debería demostrar su viabilidad como Estado, lo que implica el reconocimiento por parte de Naciones Unidas, un proceso que ya de por sí podría llegar a demorarse durante varios años, puesto que debe conseguir el apoyo de dos terceras partes de su Consejo de Seguridad sin el veto de ningún país. A este respecto, al menos dos miembros de dicho consejo, Francia y Estados Unidos, podrían poner objecciones a la admisión, según explicaba el miércoles el Catedrático de Organización Económica Internacional de la Universidad de Barcelona y Director General Honorario de la Comisión Europea, Francesc Granell en una entrevista al canal de televisión catalán 8tv. «Francia y la administración Obama ya han dicho que no apoyarían en absoluto» la admisión de Cataluña, explicaba Granell.

En este sentido, el pasado mes de febrero la Casa Blanca denegó una petición firmada por 33.070 catalanes para mediar en un hipotético proceso de independencia catalana, recordando que se trata «de un problema interno de España que debe resolverse de acuerdo a su Constitución y a sus leyes». Por su parte, el nacimiento de un Estado catalán podría suponer para Francia el resurgir de un viejo conflicto fronterizo, ya que amplios sectores nacionalistas reclaman la recuperación del Rosellón —la «Catalunya Nord», una parte del territorio de la antigua Corona de Aragón que pasó a formar parte de Francia tras la Paz de los Pirineos, firmada por los monarcas de España y Francia el 7 de noviembre de 1659, donde actualmente existe una minoría de catalanoparlantes y dónde también hay presencia de movimientos nacionalistas. Además, la secesión catalana también podría dar alas a otros movimientos nacionalistas en el país galo, especialmente en Córcega y Bretaña.

Si el flamante Estado catalán consiguiese superar este duro trámite todavía seguiría prácticamente al principio del camino. De hecho, todo depende de cómo se hubiese ido Cataluña de España. «Si se va de malos modos, "dando un portazo", Cataluña está perdida. No tiene posibilidad de nada, de nada en absoluto. Y si Cataluña se va en términos cordiales, de mutuo acuerdo con el Gobierno español, entonces tendría que iniciar un largo proceso», explica Antonio Bar Cendón, catedrático Jean Monnet de Derecho Constitucional de la UE y miembro de la red de expertos «Team Europe».

Criterios y negociaciones

«En primer lugar, el Consejo debería decidir el estatus de ese Estado, si es candidato o no. Si es considerado candidato, que es el primer escalón que hay que subir, entonces se decide la apertura de negociaciones», dice Bar Cendón. En este punto, Cataluña tendría que cumplir con los denominados Criterios de Copenhague, establecidos en el Consejo Europeo de Copenhague, en 1993. A saber: un criterio político —la existencia de instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y el respeto y protección de las minorías— uno económico —tener una economía de mercado viable, así como la capacidad de hacer frente a la presión competitiva y las fuerzas del mercado dentro de la Unión— y el criterio del acervo comunitario, es decir, ser capaz de cumplir con la capacidad para asumir las obligaciones que se derivan de la adhesión, especialmente aceptar los objetivos de la unión política, económica y monetaria. El inicio de las negociaciones podría comenzar cuando el Estado cumpla con el político, aunque no podrían cerrarse hasta que demuestre safisfacer los tres criterios.

«Luego tendría que discutirse con la Comisión Europea, 32 capítulos que hacen referencia a los aspectos más diversos de la economía. Cataluña sería analizada, como cualquier otro país que ha intentado entrar en la UE», dice el experto del «Team Europe». Y es una negociación que lleva mucho tiempo, incluso para un territorio como Cataluña que ya reuniría muchos de los requisitos. «Pero la negociación nadie se la va a quitar de encima y el proceso es muy duro en muchos aspectos».

En las condiciones más favorables, la negociación estaría en 5-10 añosIncluso en las condiciones más favorables para un hipotético territorio soberano catalán, el proceso podría llevarle «no menos de cinco a diez años». Según cuenta Bar Cendón, dependería en gran medida de las circunstancias: «Cambian los gobiernos, cambian las mayorías en la propia UE... puede que Cataluña contase con Gobiernos favorables en algún momento determinado, pero puede que con los cambios electorales que se van produciendo en los Estados a lo largo de la negociación se encontrara con la repentina oposición de otros, aunque bastaría que España votase que no para no entrase nunca en la UE».

Un ejemplo claro de lo largo que puede llegar el proceso es el de Turquía. «Pidió su adhesión en los años 60 y no ha logrado aprobar más de 4 capitulos de los 32», cuenta Bar Cendón. De hecho, todavía ni hay una fecha para su posible ingreso. Al final, Cataluña pasaría a formar parte de una lista de naciones que pretenden lograr ser admitidas en el club europeo, tras la propia Turquía, la República de Macedonia, Islandia, Montenegro y Serbia.

«A la cola»

Por otro lado, tras dos grandes ampliaciones, la Unión Europea se halla inmersa en un proceso de readaptación lo que, sumado a la prolongada crisis del euro y de la deuda soberana, hace temer que se frenen las nuevas ampliaciones.

«Cataluña tendría que ponerse a la cola», explica Carlos Fernández de Casadevante, catedrático de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos, que deja claro que simplemente plantearse una posible independencia catalana es «imposible» porque «no lo permite la Constitución ni la legislación española, como tampoco contempla lo que llaman "derecho a decidir"».

No obstante, haciendo un ejercicio «que va más allá de la política-ficción», Fernández de Casadevante explica que los veintiocho países miembros deberían apoyar «de forma unánime la adhesión», algo que califica de «demasiado optimista» por las tensiones territoriales que sufren otros Estados miembros. «Dudo mucho que Francia, Italia, Chipre o Hungría votasen a favor», afirma.

«Contaría con la oposición de los cinco grandes»También se muestra escéptico en este sentido Bar Cendón. «Creo que Cataluña tendría la oposición de los cinco estados grandes. Francia, Alemania, Italia, posiblemente de Reino Unido...», aunque reconoce que es posible que encontrase apoyo en los países bálticos.

Sin embargo, y en el casi imposible caso de superar este trámite, aún no habría llegado el final del camino, puesto que aún quedarían otros dos exámenes por delante: la ratificación de la aprobación en los veintiocho parlamentos nacionales y la posterior ratificación del europeo.