El clan Pujol en su laberinto judicial
De izquierda a derecha, Mireia, Marta, Jordi, Oleguer (delante de Jordi Pujol), Josep, Marta Ferrusola, Oriol y Pere - abc
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El clan Pujol en su laberinto judicial

La Justicia investiga las cuentas del primogénito, Jordi, y el tráfico de influencias del político, Oriol. El resto de la familia no se queda atrás en el mundo de los negocios

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Los negocios de la familia Pujol están bajo la atenta mirada de la Audiencia Nacional y del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Al margen del resultado definitivo de estos procesos judiciales, de lo que no hay duda es del extraordinario botín cosechado por el clan Pujol a la sombra del poder.

El primogénito de Jordi Pujol y Marta Ferrusola, Jordi, está siendo investigado por la Fiscalía Anticorrupción. De momento no hay una acusación formal en su contra, no se le imputa ningún delito, pero son numerosas las explicaciones que va a tener que dar.

Las diligencias nacen de la denuncia de su examante, Victoria Álvarez, quien declaró ante la Policía y ante el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz que realizó varios viajes a Andorra con Jordi Pujol Ferrusola con el propósito de evadir importantes sumas de dinero. Álvarez asegura que vio cómo su otrora pareja llevaba en el maletero de su coche «tochos de billetes de 500 y 200 euros». Ápasionado de los coches deportivos –tiene una nutrida colección–, Jordi Pujol Jr. no se mueve sin menos de 6.000 euros en el bolsillo.

Paraísos fiscales

Las primeras pesquisas se tradujeron en un informe de Hacienda que hizo saltar todas las alarmas: el hijo mayor del expresidnete de la Generalitat movió, a título personal o a través de cinco empresas en las que participa, 32,4 millones de euros en operaciones de divisas. Lo hizo entre 2004 y 2012 y los fondos fluían entre España y trece países, algunos de ellos «campeones» en alojar fortunas de evasores fiscales, como Andorra, Suiza, Liechtenstein, Islas Caimán o Luxemburgo.

No cabe duda de su éxito en el mundo de los negocios, capaz de ganar más de doce millones de euros con una empresa «marmolista» sin más empleados que su exmujer, como adelantó ayer ABC. Sus abogados sostienen que el origen de los fondos es totalmente legal y ha pagado sus impuestos. No obstante, el juez ha solicitado a tres entidades financieras toda la información referente a las cuentas de Jordi Pujol Ferrusola y de sus sociedades.

Quien sí está imputado es el hijo destinado a seguir los pasos del padre, Oriol, aunque su trayectoria política está ahora en suspenso por su implicación en el caso de las ITV.

Su papel como «colaborador necesario» en la trama corrupta que intentó sacar tajada alterando el concurso de concesión de estaciones ITV de la Generalitat le ha valido ser imputado por un delito de tráfico de influencias. Las conversaciones grabadas describen un panorama nada alentador para Oriol Pujol, quien, según el fiscal, «coordinó, dirigió y amparó la actividad delictiva». Su papel fundamental en la trama, algo así como el conseguidor político, le valió el apodo entre el resto de implicados de «Zumosol» o «líder espiritual».

«Delegación»

En el plano político, y como si se tratase de una estación más del martirologio que según CDC afecta al partido desde que arrancó el proceso sobeanista, Oriol Pujol decidió abandonar sus responsabilidades políticas, aunque adoptando la muy peculiar forma de la «delegación». Así lo ha hecho, al menos formalmente, no en la práctica, con los cargos de secretario general de CDC y de presidente del grupo de CiU en el Parlament, donde, eso sí, sigue como diputado.

El objetivo, y tal y como explicó el quinto de los hijos de Jordi Pujol al ser imputado, «no estorbar en el proceso» hacia la «transición nacional»: si al delegar sus cargos sólo pensó en Cataluña, otro tanto hacía cuando mediaba en el caso de las ITV. Lo hizo, según aseguró ante la juez. «por el bien del país».

«Jugada indigna» contra el patriarca

Sobre el «president» Jordi Pujol también planeó la sombra de la corrupción, además de la ya acreditada financiación ilegal de Convergencia. El intento de armar una banca al servico de Cataluña acabó de la peor manera posible. Fundada en 1959, Banca Catalana llegó a ser al inicio de la década de los 80 el décimo grupo bancario español, con más de 250.000 millones de depósitos y 5.000 empleados. La quiebra de la entidad acabó desembocando en una querella de la Fiscalía del Estado contra el consejo, el presidente Jordi Pujol entre ellos. La «jugada indigna», como calificó el patriarca de CDC la denuncia presentada por los fiscales Villarejo y Mena, acabaría archivándose en 1986 en medio de grandes presiones políticas.

Banca de inversión y amnistía fiscal

Oleguer Pujol, el pequeño del clan, aprendió en la «City», en la sede de Morgan Stanley de Londres, los secretos de los grandes números. De vuelta a España lanzó, junto a unos socios, la gestora de fondos de inversión Drago Capital, especializada en el mercado inmobiliario, con la que gestiona operaciones de hasta 300 millones de euros. No le ha ido nada mal, pues aprovechó la pasada aministía fiscal para regularizar tres millones de euros.

Por otro lado, seguir el rastro empresarial de los miembros del clan Pujol es entrecruzarse de manera constante con la administración autonómica. La empresa de jardinería Hidroplant, fundada por Marta Ferrusola, se benefició de decenas de contratos de empresas adjudicatarias de la Generalitat, lo mismo que su hijo Pere, gerente de la consuloría ambiental Entorn, que trabajó para el gobierno catalán y consejos comarcales gobernados por CiU. El despacho de arquitectura de una de las hijas de Jordi Pujol, Marta, también trabajó para el Govern, algo así como una empresa familiar.