La advertencia a los recién llegados a Afganistán: «Ahí fuera hay tiros todos los días»
El coronel José de Andrés Cuadra se dirige a los militares españoles recién llegados a Afganistán, ayer en la Base de Herat - Jaime garcia
abc en afganistán

La advertencia a los recién llegados a Afganistán: «Ahí fuera hay tiros todos los días»

Una treintena de militares españoles reciben su primera toma de contacto en la Base de Herat: «Los que vienen para seis meses, dosifiquen el esfuerzo. Esto es como un maratón»

esteban villarejo
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«Somos todos españoles, somos todos un conjunto que nos apoyamos». Con estas palabras recibió ayer el coronel del Ejército del Aire José de Andrés Cuadra, jefe de la Base de Apoyo Avanzado de Herat, a la treintena de militares españoles recién llegados a Afganistán: un grupo de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra y otro de avanzadilla del próximo contingente de relevo, que en su mayoría procederá del Regimiento de Infantería Ligera «Canarias» Nº50.

Tras ocho horas en la base de Herat, estos militares asisten al denominado «in processing», una serie de conferencias de los mandos correspondientes para trasladarles las ideas principales en cuanto a seguridad, prioridades, contrainteligencia, aspectos jurídicos, informativos o espirituales. A estas conferencias (todas menos las confidenciales) asiste ABC, medio empotrado con las tropas en Afganistán hasta el inicio del relevo delos contingentes a principios de mayo. Un relevo que dará un empuje al repliegue que las tropas españolas realizan en Afganistán.

El teniente coronel Márquez es claro en su alocución, máxime en los tiempos que corren: «Tengan en cuenta que reponer cualquier material cuesta mucho tiempo y dinero. El material no es nuestro sino del Ministerio de Defensa y lo tenemos que preservar», advierte a los recién llegados al tiempo que hace alusión a ciertos problemas con los colchones —«que son afganos y cuyos muelles pueden sobresalir, pero ya se han acabado los últimos de repuesto»— y, sobre todo, con el combustible: «Es un elemento crítico y objetivo de la insurgencia en su traslado desde Turkmenistán. Tenemos que cuidar el combustible de que disponemos. Si ahorráis energía redundará en beneficio de todos. Sean disciplinados».

Posibilidad de realizar su testamento

Tras este primer baño de realidad en la Base de Herat —en la que se encuentran aproximadamente unos 360 militares españoles conviviendo aunque «separados» con 1.600 italianos, y otros contingentes mucho menores de albaneses, lituanos, eslovenos o estadounidenses— viene una realidad aún más espinosa. Es la capitán Mónica Caballero, interventora en zona de operaciones y encargada en sus funciones de la notaría militar: «Estamos en unas circunstancias especiales y aunque suene agorero pueden realizar aquí su testamento».

Afganistán es una guerra. Y en charlas de «bienvenida» como estas se percibe sin tapujos. «Estamos en un encierro, la base es una burbuja pero ahí fuera están pegando tiros todos los días», advierte el teniente coronel Galdón quien informa sobre la obligatoriedad para los militares de llevar pistola.

El último ataque que recibió la base de Herat se produjo con disparo de cohetes y fue hace un año. Sin embargo a siete kilómetros, en «Camp Stone» (donde se encuentran fuerzas estadounidenses de la misión ISAF-OTAN), «se han producido recientemente ataques y lanzamientos de cohetes», nos informa el comandante Daniel Fernández de Bobadilla. Además recientemente ha habido ataques suicidas en la población de Herat, situada a unos ocho kilómetros de la base y que cuenta con 400.000 habitantes aproximadamente.

Alerta ante ataques de la insurgencia

Precisamente una de las conferencias de apenas 15 minutos que reciben estos «novatos» versa sobre el procedimiento en caso de un ataque de la insurgencia a la propia Base de Herat. «Si suena la alerta por ataque de cohetes. Cuerpo a tierra, alcancen su chaleco antibalas y casco si lo tienen cerca. Y tras dos minutos a los refugios», explica el capitán Auñón quien forma parte de este equipo especial de bienvenida. Amenazas de explosivos improvisados o paquetes sospechosos, reacción ante una intrusión, procedimientos ante alarmas generales y cómo proceder cuando con la caída del sol la base se queda literalmente a oscuras al apagarse toda iluminación («para no facilitar a la insurgencia el objetivo») son otras de las lecciones que reciben los militares.

Tampoco falta el discurso del páter de la base: «Creáis o no, todos somos personas... y si necesitáis a alguien... aquí estaré». El baño de «realidad» es tremendo. No hay respiro. Hay que recoger el chaleco antibalas y el casco. «Ahí fuera hay tiros todos los días», recuerdan al tiempo que hacen hincapié en una de las claves para no desfallecer: «Los que vienen para seis meses, dosifiquen el esfuerzo. Esto es como un maratón».

Sin embargo, son militares. Están donde quieren estar. Cumpliendo con la misión española en Afganistán. Y es ahí donde el teniente coronel Barandiarán les insufla el ánimo: «Espero que lo disfruten, aquí se está muy bien».