Beatriz Menasalvas muestra su apuesta electoral para el Senado y el Congreso, perfectamente sellada y «secreta», en presencia de sus padres, Alfonso y Pilar
Beatriz Menasalvas muestra su apuesta electoral para el Senado y el Congreso, perfectamente sellada y «secreta», en presencia de sus padres, Alfonso y Pilar - FOTOS: ISABEL PERMUY
Elecciones Generales
28 abril: su primera vez

100.000 nada indecisos

Olvidados hasta el cambio de la ley electoral a finales de 2018, los españoles con discapacidad intelectual ejercieron por primera vez su derecho al voto. Una de ellas, Beatriz, de 36 años, espeta a los políticos lo mismo que la ONU: «Ya era hora»

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A España le llevaban la delantera, hasta ayer, siete vecinos europeos: Austria, Croacia, Holanda, Italia, Letonia, Suecia y Reino Unido. Todos ellos suprimieron antes que nosotros la barrera legal que impedía votar a una parte de sus ciudadanos: personas con discapacidad intelectual, con una enfermedad mental o con deterioro cognitivo, 100.000 en total en España. El sufragio activo es un derecho de todos, apercibieron la ONU y la comisaria de Derechos Humanos en Estrasburgo a países como España, hasta que el Congreso de los Diputados decidió modificar la ley electoral en octubre pasado y acabar con esta anomalía jurídica para siempre.

Por eso, la jornada de ayer entraña, para representantes del colectivo, como el presidente de Cermi (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad), Luis Cayo Pérez Bueno, un «día histórico», una oportunidad de subsanar una privación que no tenía ninguna razón de ser. «Después de cuarenta años de Constitución, había un déficit muy consolidado porque no todas las personas con discapacidad podían votar. Quizás la sociedad no tenía una conciencia clara de este hecho, pero la realidad es que ha existido un “guantánamo electoral”, donde estaban encerradas 100.000 personas a las que se les negaba un derecho», afirmó Cayo. Con palabras menos grandilocuentes, para algunas de estas personas que ayer estrenaron derecho, se trataba de algo mucho más sencillo: «Veía a todo el mundo votando y me preguntaba: “¿por qué yo tengo que ser menos?”».

Quien habla lleva tanto tiempo esperando este momento para introducir su papeleta en la urna como los 1.257.196 jóvenes que ayer pudieron participar en unas elecciones generales por primera vez, 18 años. Tiene 36 años y Beatriz Menasalvas ha madurado su voto desde la mayoría de edad, comenta, pero esta posibilidad se ha demorado demasiado tiempo. «Ya era hora». Con su demoledora frase, esta auxiliar administrativo acuchilla a los políticos que no lo han consentido hasta ahora. Para esta mujer con síndrome de Down, hacerlo era una conquista, más que una fiesta, un deber, «una ilusión» por fin cumplida.

Con el DNIy los sobres preparados. Beatriz vota sin nervios por primera vez
Con el DNIy los sobres preparados. Beatriz vota sin nervios por primera vez - ISABEL PERMUY

«Es secreto»

«Sí, lo tengo claro, pero el voto es secreto». En su casa del barrio de Moratalaz, Beatriz no suelta prenda. A las 10.00 horas de este 28 de abril tan especial ya había escogido candidatura. Tiene aprendido que no dirá qué partido prefiere, así que desvía las preguntas mostrando carteles y muñecos blanquirrojos que adornan su habitación. Como su cultivada afición por el equipo colchonero, Bea sabe en qué combinado confiará. Sus progenitores, como tantos otros indecisos hasta última hora, no tienen tan decidido el sentido de su voto.

«No nos gusta la gente que impone sus ideas. En esta casa nunca se ha discutido por política, no hemos asesorado a nuestra hija ni dicho que vote a nadie. Beatriz sabe bien qué quiere hacer», arguye Alfonso. Se podría decir que sus parientes son más agnósticos. El hombre parafrasea con nostalgia a su abuelo, un señor de «los de pueblo» cuya sabiduría traspasa generaciones: «Al final siempre me acuerdo de cuando decía a sus amigos: “Con la derecha o el comunismo, los que barremos las calles siempre somos los mismos”».

«Tengo claro a quién voy a votar, pero es secreto. Me hacía mucha ilusión que llegara este día»

Para los Menasalvas Pacheco, la vida no cambia demasiado con uno u otro gobernante. Beatriz recibe la ayuda por dependencia y por incapacitación. Ha trabajado como administrativa en el Palacio de La Moncloa, inclusive, también once años en una empresa de decoración y ahora, como secretaria de la directora de la Fundación Síndrome Down de Madrid. «El único derecho que le faltaba era éste –apelan sus padres–. Por eso, cuando la Fundación nos comunicó que podría votar a partir de ahora nos sentimos más alegres por ella, porque quería hacerlo, que por nosotros».

Ciudadrealeños

Testigo de la charla, preside el salón de esta casa de clase media trabajadora una placa de Puerto Lápice, el pequeño pueblo de Ciudad Real donde nacieron y se enamoraron Pilar Pacheco y Alfonso Menasalvas, 82 y 75 años, respectivamente. Hacen memoria y relatan cómo dejaron los balcones del corral de comedias tan típico de su municipio para asomarse con vértigo a la descomunal Madrid desde el barrio de Argüelles, antes de mudarse a Moratalaz. En estos años, han visto pasar a políticos de todo pelaje y sus circunstancias no han variado. Tal vez por ello son menos «creyentes», pero se dicen orgullosos «de la primera vez»de su hija. Por su cara de inocencia y estatura recortada, alguno aún les pregunta por su nieta. «Me dicen que si tengo 20 años», se jacta Bea, antes de coger bolsos, papeletas dentro, y emprender camino al colegio más cercano. La suerte está echada.

«No hay nervios, hay ganas»

Vestidos de domingo como manda la ocasión, los vecinos saludan el debut de Beatriz. La travesía se hace con un sol espléndido. No son ni 300 metros. Hasta colocarse frente a la mesa donde tienen que votar, en el centro cultural El Torito, Beatriz y Pilar van agarradas de la mano. Aguardan la cola. Meten la papeleta en la urna, Beatriz no está «nada nerviosa», y vuelven a cogerse para salir. A lo Cholo Simeone, de su idolatrado Atléti, Bea suelta: «Había ganas».

En el trayecto de vuelta se deshacen en cariños. Cuentan que en 2012 Doña Letizia inauguró el Centro Tres Olivos y coincidió con Beatriz. La Reina le cayó simpática, departiendo codo con codo en la mesa presidencial. «Estoy acostumbrada a las entrevistas», sonríe esta mujer con marcada personalidad. Sus dos hermanos mayores ya «han volado del nido», Bea sigue ahí. De la mano. Un gesto que ayer pudieron compartir con sus familias 100.000 españoles de pleno derecho. Bendita primera vez.