Las pymes españolas se financian ya a menor coste que las alemanas

El interés de los créditos a las firmas nacionales no era menor al de las germanas desde 2006. Las grandes compañías españolas también pagan menos intereses por sus préstamos que las alemanas

MadridActualizado:

Agosto de 2013. En la ventanilla de un banco español, si una pyme nacional lograba un crédito el interés medio que debía afrontar alcanzaba el 6,61%. En el caso de una pyme y un banco germanos, el interés era de casi la mitad (3,82%). Esta fragmentación financiera a la hora de conseguir un crédito, que también penalizaba a compañías italianas, griegas o portuguesas, simbolizaba la brecha que existía en la Eurozona entre países y cómo impactaba en la economía real.

Unos años después, la distancia en la financiación de empresas según su procedencia, al alza durante la crisis, se ha acortado hasta el punto de que las pymes españolas hoy afrontan menos intereses que las germanas. En préstamos hasta un millón de euros a un plazo de uno a cinco años -indicador habitual para saber cómo se financian las pymes-, en noviembre de 2015 las españolas afrontaron un interés del 2,85% mientras que las germanas un 2,91%, según el útimo dato del Banco Central Europeo (BCE).

Desde julio de 2006 no se producía este «sorpasso» en los tipos de interés de las pymes nacionales sobre las alemanas. Un adelantamiento que aún no se ha dado entre administraciones públicas: España coloca los bonos soberanos a diez años a un interés del 1,83% frente al 0,57% de Alemania, lo que dibuja una prima de riesgo de 126 puntos básicos.

Al comparar con otros países, los intereses de las pymes españolas son menores a los de las italianas (3,4%), pero superiores a la media de la Eurozona (2,83%) o a las francesas (2,49%).

Gran parte del cambio se debe a la política monetaria expansiva del BCE. Durante la crisis, las dificultades de los bancos y el aumento de los impagos bloquearon el crédito bancario, especialmente para familias y pymes.

En los últimos años, el regulador de Fráncfort ha tratado de desatascar este embudo mediante inyecciones de financiación al sector financiero, las llamadas barras libres de liquidez o préstamos baratos a los bancos. El BCE pretendía trasladar este bombeo de financiación a la economía real, de forma que las entidades podían a su vez comprar deuda pública y prestar a empresas y familias. Junto a la bajada de los tipos de interés a entornos próximos a cero, ello ha provocado que los costes que afrontan empresas y países por pedir prestado estén en sus mínimos históricos.

«El entorno financiero no se ha dado la vuelta pero casi. La economía española ha registrado niveles de crecimiento notables. También tenemos unas entidades bancarias con acceso a las compras del BCE, lo que permite que fluya a la economía real. Como hubo un cierre drástico de la financiación durante la crisis, la mejora es mucho mayor. Las medidas del BCE están funcionando», sostiene Pablo Guijarro, socio del área de Corporate de Analistas Financieros Internacionales (Afi). El BCE también aprobó en 2015 una tasa sobre los depósitos que las entidades europeas dejen en el BCE, con el objetivo de espolear la inversión y los préstamos.

Las medidas del BCE, junto al saneamiento de las cuentas del sector financiero español, tienen un impacto más amplio sobre las pymes españolas porque estas tienen mayor dependencia de esa financiación que las alemanas, que cuentan con mecanismos alternativos.

Junto a esta cascada de financiación desde el BCE, en los últimos meses los bancos españoles se han orientado a captar a pequeñas y medianas empresas, lo que les ha llevado a recortar sus márgenes y ofrecer intereses más atractivos.

«Ahora la competencia entre bancos es muy agresiva en precio para consolidar márgenes y mantener los niveles de activos y negocio. La morosidad ha bajado pero levemente. Tampoco hay que pensar que la pyme española es una joya que todos quieren explotar. Esta agresividad de los bancos para ganar cuota no es incompatible con vigilar la solvencia de los negocios», advierte Guijarro.

Junto a la fragmentación geográfica, la crisis también amplió la brecha entre lo que pagaban por sus préstamos las grandes y las pequeñas empresas (es decir, el interés medio para créditos de más de un millón o de menos), otra herida que se va cerrando. Si en 2012, esa distancia era mayor de 300 puntos, en 2015 se redujo a 91. También en este caso, las mayores compañías nacionales se financian a menor coste que sus homólogas germanas.