Lagarde sucederá a Drahgi (dcha) al frente del BCE, tras dos mandatos al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI)
Lagarde sucederá a Drahgi (dcha) al frente del BCE, tras dos mandatos al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) - AFP

Lagarde, continuidad al frente del BCE

La todavía máxima responsable del FMI se convertirá a los 63 años en la primera mujer que presida el BCE y llega ataviada con su perfil de política monetaria laxa

Corresponsal en BerlinActualizado:

Las campanas del Bundesbank alemán tocan a difunto. No solamente porque hasta el último minuto se albergaron esperanzas allí de que, al caer Manfred Weber de la quiniela europea, fuera el alemán Jens Weidmann quien ocupase la presidencia del BCE después de Draghi. Weidmann habría tenido la oportunidad de devolver a los “halcones” la posibilidad de redirigir la política monetaria y aliviar la rentabilidad de los bancos alemanes.

Pero en lugar de Weidmann, y esto es lo grave, ocupará ese puesto la francesa Christine Lagarde, que desde el FMI no solamente no ha criticado las políticas de Draghi sino que se ha dedicado insistentemente a criticar las políticas de austeridad de Merkel, llamando al gasto público a un tipo de economía que nada tiene que ver con la disciplina fiscal y el ahorro.

Christine Lagarde se convertirá a los 63 años en la primera mujer que presida el BCE y llega ataviada con su perfil de política monetaria laxa, en una línea de pura continuidad respecto al mandato del italiano. Se hará con sus nuevas funciones en octubre y a partir de entonces tendrá que decidir si continúa con los planes de su antecesor, que pasan por mantener e incluso reducir los tipos de interés, y poner en marcha un nuevo programa de expansión cuantitativa (QE) para evitar que la economía europea se siga debilitando. Con una inflación del 1,2% y una previsión de crecimiento para el conjunto de la Eurozona del 1,2%, no parece que Lagarde vaya a tener una política muy distinta a la del italiano. Al menos, eso es lo que descuentan hoy los mercados, que han recibido con buena cara su nombramiento.

En la sede del BCE en Frankfurt, sin embargo, predomina esta mañana la sorpresa. Se reconoce de forma generalizada la capacidad política de la exministra de finanzas gala y su soltura y bagaje internacional, que le permitirán sin duda torear con gracia las presiones de los Estados europeos. Sin embargo, se critica allí su falta de experiencia con la política monetaria, lo que podría ocasionar más de un enfrentamiento en el seno del Consejo. Lagarde es un nombre bien visto por buena parte de los Estados, sobre todo aquellos que están más endeudados como España ya que con bajos tipos y exceso de liquidez la financiación sale muy barata.

No en vano, la francesa fue durante su mandato al frente del FMI una de las grandes impulsoras de los rescates europeos a países en quiebra tras la crisis de 2008, especialmente a Grecia. A quienes no les hace tanta gracia su llegada a la institución es a los bancos europeos. Ahogados por los tipos bajos e incluso negativos, les aterra la posibilidad de que opte por mantener los tipos en mínimos históricos o por reducir la facilidad de depósito, lo que cobra el BCE a la banca por depositar el dinero en él. Sólo durante el año pasado los bancos europeos pagaron 7.000 millones de euros al BCE por dejar allí su dinero. Si algo ha demostrado es su preferencia por la lazitud. Prueba de ello es que en 2014 incluso llegó a apremiar al BCE a que pusiera en marcha el masivo programa de compras de deuda pública que la institución ya había deslizado meses antes pero que no llegarían hasta el año siguiente.

«Es una muy dura negociadora y dará al cargo seguramente más relevancia política», afirman fuentes cercanas a Lagarde, que aseguran que en su mentalidad «es prioritario hacer ver que las guerras comerciales no benefician a nadie». En todo caso, el perfil definitivo que cobre su presidencia al frente del BCE lo determinarán también los colaboradores que la rodeen. Cabe recordar que además de Draghi salen Coeuré, cuyo mandato finaliza a final de año, y el ex economista jefe, Peter Praet, cuyo mandato también terminó hace unos meses. A su lado se queda Luis de Guindos como vicepresidente, también con gran experiencia política pero poca macroeconómica. Lagarde requiere de varios pesos pesados para apuntalar su mandato y hacerse una imagen respetable de cara a los mercados.

Otra novedad que trae Lagarde es que el cargo de presidente del BCE ha entrado en el reparto político, algo que no había ocurrido hasta ahora. Se llevaba a cabo previa consulta entre comisión, parlamento y consejo de la institución. Ahora que todo ha cambiado, está en dudasi Lagarde logra mantener su independencia y en todo caso tendrá que demostrarla. Otro reto será convencer a los mercados de que está dispuesta a intervenir con decisión llegado el momento. El balance del BCE, por encima de los 4,5 billones de euros, junto con las desorbitadas valoraciones de la deuda, puede esconder el monstruo de una nueva crisis. Si eso ocurriera, Lagarde deberá ser capaz de mostrar agilidad para repensar la política monetaria y normalizar la situación caiga quien caiga.