Draghi advierte sobre la vulnerabilidad de la economía europea

El presidente del BCE reconoce que la desaceleración general ha afectado en igual medida a todas las economías de Europa central y oriental

Corresponsal en Berlin Actualizado: Guardar
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Si la crisis del euro afectó especialmente a los países periféricos de la UE, a los Estados más endeudados, de la actual crisis comercial no se salvan tampoco los más ahorradores y disciplinados países del centro y este de la unión. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha reconocido hoy en Fráncfort que la desaceleración general ha afectado también y en igual medida a todas las economías de Europa central y oriental, pese a los beneficios del euro y el mercado único. Aunque hay elementos de debilidad muy concretos como el momento por el que pasa el sector automovilístico alemán, la razón última de la especial vulnerabilidad de la eurozona al retroceso de la coyuntura mundial radica en su propia estructura como economía más abierta del mundo.

El hecho de que el gobierno chino esté tratando de dar prioridad al mercado interior, para superar la fase de economía fundamentalmente exportadora, está llevando a que muchos productos que antes China importaba desde Europa ahora sean producidos por sus propias empresas. Y muchos otros productos de etiqueta china eran producidos hasta ahora en Europa y la evolución hacia la producción propia está restando también a la UE ese beneficio. Draghi ha advertido que el modelo de negocio de los países de Europa central y oriental «se ha vuelto vulnerable a los impactos al comercio internacional y a las condiciones financieras». Draghi ha sugerido que los beneficios del mercado único para una convergencia sostenida deben ser consolidados implementando «reformas para conseguir un modelo de crecimiento equilibrado que sea menos vulnerable a los cambios en las condiciones externas como las que han emergido recientemente».

En esta Conferencia de Europa Central, del Este y Sureste, participabatambién la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, que insistió en que la línea de actuación de los países de Europa central y del este a reducir la corrupción para mitigar esta amenaza pasa en primer lugar por medidas para «fortalecer los esfuerzos anticorrupción». Lagarde reconoció que «se han hecho progresos pero muy despacio», y analizó cómo afectan las actuales tensiones comerciales a este grupo de países, poniendo énfasis en la necesidad de ocupar puestos delanteros en la carrera de la digitalización y de la inteligencia artificial y recalcando que es necesario «reconstruir la confianza en las instituciones» porque «cuando la corrupción se vuelve institucional envenena la capacidad de atraer inversiones».

La reciente crisis de Huawei es un claro ejemplo de cómo Europa vuelve a quedar en medio de los juegos de guerra comercial de las superpotencias estadounidense y china. Los Veintiocho asisten al envite con desconfianza e impotencia hacia ambos bandos. El Ejecutivo comunitario no ha recibido de su socio transatlántico ninguna prueba técnica o política que demuestre que Huawei representa una amenaza real para la seguridad. Tampoco evidencias de que haya exigido a la compañía china solucionar esa supuesta brecha.

Si la ofensiva norteamericana responde únicamente a un intento de privilegiar su tecnología frente a la china, o simplemente establecer una barrera comercial, la medida sería ilegal para las leyes europeas. Si lo estimara conveniente, la Comisión puede analizar si Google ha incumplido en este caso las normas de Competencia, y sancionarle por ello con el consiguiente riesgo de despertar la furia del presidente estadounidense Donald Trump. Bruselas recuerda que los Estados miembros tienen potestad para excluir a cualquier compañía de su mercado por razones de seguridad si estiman que no cumple con la ley, tal y como ha hecho Washington, pero por ahora ningún socio ha dado ese paso y las autoridades de Bruselas insisten en el carácter abierto de la economía europea.

Draghi, sin embargo, ha insistido en Fráncfort en que esas tensiones comerciales están afectando «de manera desproporcionada» a las empresas y las economías europeas, debido a la alta dependencia que tiene Europa del comercio exterior y a que los países se han especializado cada vez más en ciertas industrias, lo que puede haber hecho estar más expuesto a los choques específicos de ciertos sectores, como el de la fabricación de automóviles. «En algunos países, por ejemplo, las exportaciones de vehículos representan casi el 30% del total de las exportaciones manufactureras, lo que las hace más vulnerables a la amenaza de aumentar los aranceles de los automóviles», ha dicho sin mencionar expresamente a Alemania.

Además, Draghi ha expresado que «el efecto de los aranceles podría ampliarse, ya que una gran parte de los productos cruzan las fronteras varias veces durante el proceso de producción». Los vientos en contra a los que se enfrentan la mayoría de las economías europeas también podrían ser el resultado de «cambios en el panorama financiero internacional». «Si bien muchos países de la región han mejorado sus saldos de cuenta corriente en los últimos años, pueden seguir siendo vulnerables a las cambiantes condiciones financieras externas debido a su dependencia en financiación extranjera», ha dicho.

El presidente del BCE considera que «se necesitan esfuerzos políticos sostenidos para mantener un camino de convergencia estable», para lo que los países necesitan encontrar «nuevas formas de impulsar el crecimiento» para «crecer ante sus vulnerabilidades». Ha destacado como el principal desafío a largo plazo «avanzar hacia un modelo de crecimiento y financiación más equilibrado, que dependa más de la innovación nacional y de un mayor gasto en inversiones de lo que lo ha sido hasta ahora». Por ello, ha añadido, «es necesario un alto nivel de calidad institucional para aprovechar al máximo los beneficios del mercado único y mantener las estructuras económicas sólidas necesarias para la resistencia de la moneda única». Draghi ha concluido recordando que la Unión Europea «ha sido una fuente de crecimiento y un ancla de estabilidad».