Nadal conquista el US Open y se sitúa a un solo Grand Slam de Roger Federer - ATLAS
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Nadal, un campeón que se supera en la treintena

El español, al ganar el US Open de forma épica, lleva cinco grandes superados los 30 años, más que ningún otro tenista

Nueva York Actualizado: Guardar
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Son cerca de las once de la noche del domingo y Rafael Nadal, ya vestido de calle, apenas puede caminar por las tripas de la Arthur Ashe, la pista central del Abierto de Estados Unidos. Va con la copa de campeón que acaba de ganar en ese escenario en un partido dramático en el que se ha vaciado. Una final épica, de casi cinco horas, contra un sorprendente Daniil Medvedev, que le forzó el quinto set y que estuvo a punto de firmar una remontada histórica (7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4).

El cansancio es evidente en el cuerpo -cosido a lesiones y curtido en mil batallas- y en los ojos del campeón. Pero saluda a todo el mundo camino de su encuentro con los medios, antes de coger un vuelo de madrugada hacia España. Desde ayer, descansa por fin en Mallorca.

En el túnel de los vestuarios está Carlos Moyá, todavía con la conmoción de un partido de los que provocan una visita al cardiólogo. «Siempre confías en Rafa, en que se saque un conejo de la chistera, y lo ha vuelto a conseguir», dice el entrenador a los periodistas después de que las cosas se pusieran muy feas para el de Manacor, al que Medvedev remontó dos sets y estuvo a punto de romperle el servicio en la manga definitiva. Nadal no podía meterle mano, con el ruso convertido en un frontón que llegaba a todo, incansable y sin errores. Pero el español se aferró a una confianza ciega en sí mismo y le dio la vuelta, una vez más. «Ya no es casualidad cuando pasa tantas veces», sentencia Moyá.

Muy especial

«Ha sido una victoria especial», concede el campeón en rueda de prensa. La lógica del paso de los años -todavía no refutada por la carrera de Nadal- apunta a que cada vez es más difícil llevarse los grandes. Tiene 33 años y muchos pronosticaron que, por su estilo de juego y por su precocidad, no estaría entre las mejores raquetas a estas alturas. A pesar de un rosario de lesiones en su carrera, ha roto esas previsiones. De hecho, se acaba de convertir en el primer jugador de la historia en lograr cinco grandes pasada la treintena.

Y lo ha hecho ante un rival que, con el partido de ayer, se postula como pretendiente de cualquier Grand Slam, listo para un relevo generacional que no acaba de producirse. «Ha jugado a un juego al que no está acostumbrado», reflexiona Nadal sobre Medvedev. «Salió de su zona de confort, jugó saque-red mil veces, ha cambiado mucho los paralelos… Físicamente, no sé de dónde ha salido. Corrió una barbaridad durante mucho tiempo, llegaba a bolas increíbles». Medvedev sorprendió a todos en Nueva York, lanzado después de completar un verano de ensueño en los torneos norteamericanos.

Valorar el triunfo

¿Saben igual estos triunfos con el paso de los años? «Me hago viejo... Como he tenido muchos problemas físicos en mi carrera, nunca he sabido si cada victoria era una de las últimas oportunidades», responde. «Dentro de la mala suerte que he tenido con las lesiones, eso me ha hecho siempre valorar cada momento bueno», añade Nadal, al que la emoción le impide controlar las lágrimas en la pista.

El número de la noche es el 19, los grandes que ya tiene en su historial. El sueño de cientos de profesionales del tenis que dedican su vida al deporte es conseguir solo uno de ellos. La última bola del partido, la que certifica el 19, se le va larga a Medvedev y Nadal cae con los brazos abiertos sobre la pista, varios segundos, ante la ovación atronadora. Poco después, antes de recibir el trofeo, aparece un vídeo en la pantalla gigante con una secuencia en la que caen, uno detrás del otro, los números de sus grandes hasta este 19 neoyorquino. Ahí Nadal se descompone y rompe a llorar, tapándose la cara, todavía con los vendajes en sus dedos, deformados por el grip de la raqueta.

«Al final son muchos momentos, muchos años, al final, cuando te muestran un vídeo de eso, te das cuenta de todo el camino que llevas hecho», explica después con cierta calma. «Eso, unido al momento de cansancio y de desgaste mental, de felicidad por la victoria, con una pista llena, entregada, ha hecho que sea más difícil controlar las emociones hoy».

«Mi historia»

A nadie se le escapa que la victoria tiene un trasfondo histórico. Le coloca a un solo grande de distancia de Roger Federer y amplía su ventaja con el tercero en discordia, Novak Djokovic (16). «Yo juego por mi historia», dice sobre la carrera por obtener el mejor palmarés de Grand Slams de la historia del tenis. En su día parecía algo reservado a Federer, pero Nadal ahora se ha puesto a tiro y Djokovic ha demostrado que le queda también mucho tenis. «Yo entiendo el debate y que es bueno, crea interés que haya tres jugadores que estamos haciendo algo que no se había hecho nunca. Para mí es una gran satisfacción ser parte de esta lucha. Pero yo me equivocaría si la viviera así», zanja sobre la importancia de conseguir el récord. «No entreno ni compito por eso. Juego porque me encanta el tenis», defiende.

Antes de la comparecencia de Nadal, le han preguntado a Moyá si apostaría su vida a un partido de su paisano. «Si el momento se pone feo, la pongo en su mano», dice el técnico. «Que no la ponga», recoge el guante Nadal antes de ir al fondo de la cuestión. «Lo único que es verdad es que yo puedo perder, pero no voy a parar de pelear o de luchar. En eso no fallo». El domingo lo demostró en esos momentos en los que a otros se les hace todo oscuro y se agarrotan los brazos. Se aferró a una fe ciega en sí mismo que le deja a un paso del cetro histórico del tenis.

Aunque no lo consiga, su temporada, con dos trofeos de los gordos, ya está entre las mejores de una carrera sensacional, feliz con su cuarto mordisco en una ciudad, Nueva York, que le tiene como a un héroe.