Novak Djokovic
Novak Djokovic - Reuters

WimbledonDjokovic vuelve a ser amenaza

El serbio vuelve a rugir y se planta en semifinales tras derrotar a Nishikori por 6-3, 3-6, 6-2 y 6-2

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Novak Djokovic ya amenaza en serio. El tres veces campeón de Wimbledon ha olvidado la lesión en el codo, el vacío y las tinieblas y ya ve el horizonte de un color claro y cristalino. Está en semifinales del Grand Slam londinense con un tenis descomunal con el que superó al siempre peleón Kei Nishikori (6-3, 3-6, 6-2 y 6-2).

Levantó el puño y saludó a la grada. Ya estoy aquí, parecía decir Djokovic. Y lo está, con todo su arsenal tenístico y un hambre descomunal de triunfos y títulos porque hace demasiado tiempo que no ocupa los lugares de preferencia. En Wimbledon, donde se ha coronado en tres ocasiones, se le echaba en falta porque en 2016 resbaló en la segunda ronda y no pudo pasar de cuartos el año pasado. Dos cursos complicados por lesiones, vacíos mentales y falta de motivación que lastraron su mejoría a principio de 2018 cuando ya todo presagiaba mejores vientos.

Pero en este jardín impoluto a pesar de las calvas en las zonas de saque, Djokovic se encuentra, se reencuentra y se libera con el tenis que lo llevó a ser invencible en 2015, tan lejano ya para sus aspiraciones de campeón. Ante Kei Nishikori volvió a poner en juego su buen hacer, el que lo ha llevado hasta esta ronda del torneo y hasta alcanzar a Pete Sampras como el cuarto tenista con más victorias en la hierba de Wimbledon de la historia. Ya son 63, y esta, ante el japonés, evidencia que no solo puede con tenistas que otrora no pudieron ni toserle, sino con guerreros de la raqueta que, como él, también encontraron en la hierba un reducto para volver a ser ellos mismos.

Porque Nishikori también deambulaba por el limbo de las lesiones, demasiado tiempo parado y sin demostrar lo buen jugador que es. Todavía, quizá, le falta algún torneo más para recuperar ese brillo en el revés que tanto daño ha hecho a sus rivales. Pero se topó con un Djokovic en expansión que ha cortado su crecimiento.

Este Djokovic que todo lo pelea, que todo lo devuelve, que todo lo convierte en una amenaza mayor. Como él mismo. A pesar de perder el segundo set, no dio muestras de flaqueza en ningún momento, ni de que cedería su puesto en la semifinal con facilidad. Antes al contrario, se recuperó para desequilibrar al japonés y apartarlo en los siguientes parciales con rotundidad. Ruge Djokovic de nuevo, mira amenazante a sus rivales. Se llamen estos como se llamen. Él vuelve a ser él.