Aficionados de River Plate celebran el triunfo en la Puerta del Sol - EFE
Copa Libertadores

Broche de oro para la gran fiesta de River Plate

Los aficionados millonarios terminaron festejando en la Puerta de Sol el triunfo de su equipo en el Santiago Bernabéu

Quintero pone punto final a la locura de la Libertadores

MadridActualizado:

El acento argentino fue inundando Madrid mientras el norte del paseo de la Castellana se iba tiñendo de rojo y blanco. Los hinchas de River Plate disfrutaron de las horas previas con las Torres Kio como testigos de lujo de la fiesta de la afición millonaria. La banda sonora la pusieron los altavoces dispuestos en la zona de hinchas y el centenar de gargantas de los allí presentes. Ambos se fusionaron cuando sonó Andrés Calamaro, reconocido aficionado de River Plate, club al que ha dedicado numerosos versos.

A lo largo de la tarde, por la salida de Metro de Cuzco, los aficionados millonarios fueron asomando la cabeza a una de las arterias más emblemáticas de la capital del España. Muchos de ellos ya la conocían, toda vez que la mayoría de los allí presentes eran residentes en Madrid. Otros, en cambio, se sintieron como en casa pese a estar a miles de kilómetros de su hogar. «Es la primera vez que viajamos a Europa. He venido con mis hijos. No había una ocasión mejor», explica un aficionado a ABC sentado en un bordillo. A sus pies, una enorme bandera roja y blanca. «Esto es River», dice, «vamos donde haga falta».

Nadie quería perderse un evento así y todos encontraron en sus móviles la manera de inmortalizar la cita. Muchos aprovecharon para enviar imágenes a sus seres queridos en Argentina. «Se lo estaba enseñando a mi papá. Fue él quien me hizo de River y no ha podido venir, pero quería que estuviera, aunque fuera al otro lado de la pantalla», cuenta una joven con el rostro pintado de rojo y blanco. La música no cesó en ningún momento y los tambores terminaron por acallar los altavoces, imponiéndose el griterío de la multitud. «En las buenas vamos a estar, en las malas mucho más, esta banda nunca te va a abandonar», cantaban. El ambiente era festivo y los nervios, como muchos confesaban, estaban a flor de piel: «Tengo ganas de que se termine y seamos campeones», decía un hincha. Otro seguidor, que pasaba por su lado, le interrumpe con una sonrisa: «¿Viste esto? Hoy ganamos seguro».

Campeones en la prórroga

A medida que se fue acercando la apertura de puertas del estadio, comenzó la marcha descendente. La «banda», compuesta por cientos de hinchas, bajó por el paseo de la Castellana entonando los cánticos que sonarían en el Monumental de no ser por los lamentables incidentes de semanas atrás. En medio de la fiesta, un aficionado iba vestido con camiseta y sudadera de la selección albiceleste. Se trata de un español al que le faltan dedos para contar sus viajes a Argentina. Se confiesa del Real Madrid: «Llevo esto porque ante todo, y te lo digo yo que conozco Argentina, son compatriotas. Hoy tiene que ser la fiesta de fútbol argentino».

Durante el partido, los bares aledaños del estadio se llenaron e hinchas de los dos equipos convivieron sin problemas. Según la zona, abundaban los millonarios o los xeneixes. «Yo voy con Boca y él va con River», contaba uno de los telespectadores. El gol de Benedetto evidenció el contraste de emociones: manos en alto frente manos a la cara. Con el empate de Pratto, cambiaron las tornas. La prórroga convirtió los pequeños bares madrileños en pequeñas zonas de animación. Cada aliento, contaba.

Cuando parecía que los penaltis iban a ser el desenlace de esta Libertadores, apareció Quintero, y con él, la locura. Su disparo levantó a todos los millonarios del estadio, de los bares y del mundo. «Este partido es único en la historia y lo hemos ganado. No lo vamos a olvidar nunca». Comenzó entonces la marcha hacia Sol, donde pasada la medianoche los aficionados se contaban por centenas. Los tambores resonaron entre el oso y el madroño y el árbol de Navidad y los millonarios hicieron suyo el centro de la ciudad. El ininterrumpido goteo de personas terminó por llenar la emblemática plaza, donde la fiesta se alargó hasta la madrugada.