Fabricio Werdum sale a pelear con las banderas de Brasil y de España unidas
Fabricio Werdum sale a pelear con las banderas de Brasil y de España unidas - UFC
Artes Marciales Mixtas

Fabricio Werdum: «España me ayudó mucho a crecer en mi carrera y a ser campeón de la UFC»

El luchador hispano-brasileño hace balance de su trayectoria en el jiu-jitsu brasileño y las artes marciales mixtas, analizando la década que vivió en Madrid y el futuro que le depara cuando termine la sanción por dopaje que define como «injusta»

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Hubo un tiempo en que el jiu-jitsu brasileño, que hoy inunda los carteles publicitarios de cientos de academias de artes marciales en España, era un completo desconocido. Lo mismo ocurría con las MMA, en un momento en el que todavía eran vistas mayoritariamente como una disciplina salvaje. Pero la aportación de un brasileño con ganas de comerse el mundo compitiendo encima de un tapiz ayudó a que en el centro de la Península estas artes comenzaran a coger forma. Él es Fabricio Werdum (Porto Alegre, 1977), excampeón del peso pesado de la Ultimate Fighting Championship (UFC), tres veces campeón mundial de jiu-jitsu brasileño y dos veces campeón mundial de grappling.

El luchador brasileño, considerado uno de los referentes mundiales del jiu-jitsu en las artes marciales mixtas, vivió durante una década en Madrid, algo que marcó «muy positivamente» su carrera. De hecho, Fabricio recuerda, entre risas, que cuando conquistó el cinturón de la UFC, él era un español de pleno derecho, por lo que «podría ser el primer campeón nacional» de la Champions League de las MMA. Son muchos los aficionados españoles que recuerdan la imagen que ilustra el artículo, con el luchador de Porto Alegre sacando las banderas de Brasil y España en una misma.

Su biblioteca cerebral está repleta de anécdotas y la victoria sobre Fedor Emelianenko, considerado por muchos el mejor peleador de la historia, es la que recuerda con más cariño. Una conquista que fue un punto de inflexión para su carrera y seguramente para la historia de este deporte. Luego llegó el título de UFC. Y alguna que otra derrota, aunque quizá la que más le duela sea el positivo por dopaje que le tiene fuera del octágono desde hace un año. Una sanción que califica como «totalmente injusta». Con todo, su inquietud ha hecho que el tiempo libre que le deja estar fuera de competición se dedique a dar charlas motivacionales o acudir a eventos como imagen. También a dar seminarios, como que impartió en la capital española, donde concedió esta entrevista a ABC en el gimnasio Kyofu, regentado por David Balarezo.

Son muchos años ganándose el pan como luchador. Cuéntenos cómo fueron sus inicios en los deportes de contacto.

Cuando tenía ocho años, mi hermano me introdujo en el kárate, pero recuerdo que duré muy poco, como un mes, porque el profesor me pegó un puñetazo en el pecho muy fuerte, no me gustó y me fui. Pero hay una historia muy curiosa en esto. Yo estaba con mi novia en la playa y con amigos y el exnovio de ella siempre estaba con nosotros y eso no me gustaba nada. Él, que todavía la quería, me retó a un combate de jiu-jitsu brasileño delante de mi novia, quería dejarme en ridículo y ella me dijo que fuera para allá. Yo fui y él me cerró un triángulo y me dio mucha vergüenza porque estaba delante de todos mis amigos. Era un domingo. Pues el lunes fui a visitar un gimnasio de jiu-jitsu en mi ciudad, Porto Alegre. Empecé a hacer jiu-jitsu poco a poco y me encantó. Comencé a entrenar de 10:30 a 12, de 16:30 a 18 y de 19:30 a 21, todos los días. Después de un año y medio fui al campeonato mundial de jiu-jitsu y lo gané. Y el chico aquel que me dejó en ridículo se enteró. Un día me lo encontré en la calle y le dije que si hacíamos un poquito de jiu-jitsu y siempre tenía una excusa, o una lesión o le dolía algo... (risas).

Empezó en el jiu-jitsu brasileño, pero hizo la transición a las artes marciales mixtas (MMA).

Después de ganar ser tres veces campeón mundial de jiu-jitsu, empecé a hacer «grappling», que es lo mismo, pero sin kimono. Gané dos veces el campeonato mundial del ADCC, que está patrocinado por el jeque de Abu Dhabi. Pero quería algo más. Y fue cuando crucé a las MMA. A todo esto ya vivía en España, me vine al año y pico de empezar con el jiu-jitsu, cuando fui campeón mundial por primera vez.

Cuéntenos sobre su etapa en España.

Me mudé con mi madre a Madrid, ella lleva actualmente 32 años viviendo en España. Todos mis entrenamientos eran aquí. Iba a Brasil a competir, pero vivía en España. Tengo una relación muy cercana y un cariño muy especial con este país, tengo muchos amigos. Por ejemplo, Emilio Pérez, que es un cinturón negro graduado por mí que está en Zaragoza. España me ayudó muchísimo a crecer en mi carrera y acabar siendo campeón de la UFC.

¿Y cuándo conoció nuestro país?

La primera vez que vine a España tenía nueve años, era muy pequeño, vine a visitar a mi madre porque yo vivía con mi padre en Brasil, que estaban separados. En principio solo venía en Navidades, pero mi padre no podía conmigo porque era un niño muy rebelde y me mandó a España a vivir con mi madre a mí solo, Felipe y mi hermana se quedaron en Brasil. Estuve con mi madre de los 14 a los 16 años y mi madre tampoco pudo conmigo y me mandó de vuelta a Brasil. Nos compró un piso en Porto Alegre, porque no quería que viviese con mi padre, y vivíamos los tres hermanos en el piso. Fue en ese momento cuando conocí el jiu-jitsu. Más tarde, mi madre nos pidió que volviésemos a vivir con ella y le dijimos que estábamos muy bien, pero nos insistió tanto que nos fuimos a vivir con ella a Madrid. Yo tenía 21 años en aquel momento. He estado muchos años viviendo en España. Luego partí a vivir a Croacia, que fui invitado por Mirko Cro Cop para entrenarle en jiu-jitsu. Iba para una pelea, para tres meses, pero acabé quedándome a vivir dos años, fue también una experiencia muy buena. De esta etapa española me acuerdo mucho del «cola-cao» y de Crónicas Marcianas, un programa que me marcó muchísimo (risas). La comida de España está buenísima también. Cuando vengo me gusta mucho ir por los cafés de Madrid. También conozco muy bien Barcelona y Zaragoza.

¿Y cómo se fraguó su primera pelea de MMA?

Yo impartía clases en Albacete y a través de un amigo consiguió el contacto de un tipo que se llama Manolo, y me dijo que tenía la oportunidad de hacer una pelea en Inglaterra, en un evento muy pequeñito que se llamaba Millennium Brawl. Yo quería probarme, quería ver si de verdad me gustaba. Me dijeron que me iban a pagar 200 euros, me daba igual el dinero, solo quería pelear. Me acuerdo que el chico georgiano con el que me enfrentaba era el campeón del evento unas cuantas veces y le gané en el primer asalto por un triángulo. El mismo que triángulo que me hizo el exnovio de la que era mi novia cuando me inicié en el jiu-jitsu. Y el mismo triángulo con el que, diez años después, gané a Fedor Emelianenko en el Pride. El triángulo ha estado muy presente en mi vida (risas). Soy el único luchador de la historia que ha sido campeón mundial de jiu-jitsu, de grappling y de la Ultimate Fighting Championship (UFC).

Imagino que impartiría muchas clases de jiu-jitsu siendo campeón mundial.

Sí. Empecé en España a impartir clase porque, como llegué con cinturón azul, no tenía un trabajo y mi madre era la que me tenía que dar dinero. Y yo quería hacer las cosas por mí mismo. Quería ahorrar dinero de mi trabajo para ir a Brasil a competir el Mundial. Trabajé de muchas cosas, como de albañil, a través de una empresa de trabajo temporal. Al final no me llegaba muchas veces y mi madre me tenía que ayudar para poder ir a competir.

¿A qué se debió su presencia en Madrid?

Vine a visitar a mi madre, que vive aquí como ya he dicho. Y a hacer dos seminarios, en el Tatamisfera de Valdir Kabeza en Madrid y en el Templum de Barcelona, además de una charla motivacional. Ya tengo 41 años y quiero seguir peleando, pero estoy haciendo mucha charla motivacional, además de diversas presencias en eventos, como imagen.

Hablemos de su carrera en las MMA. ¿Qué ha significado Rafael Cordeiro para usted?

Es un gran amigo, mi profesor y le respeto muchísimo. Cambió la manera en la que yo peleo. Ha sido considerado en dos ocasiones el mejor entrenador del mundo de MMA. Yo fui a vivir a Estados Unidos por él. Tuve un problema porque al perder una pelea en Brasil (frente Junior Dos Santos) perdí el contrato con la UFC, así que decidí irme a vivir a Estados Unidos. Porque en Brasil entrenaba en una ciudad y mi mujer vivía en otra, nos separaban ocho horas en coche. Mi mujer me dijo: «Si vivimos en EE.UU., vas a entrenar con tu profesor, que es el mejor del mundo y vamos a poder estar juntos nosotros». Fue una decisión muy buena, ya llevo 10 años en California.

¿Qué sensación tuvo cuando se proclamó campeón oficial de la UFC cerrando una sumisión de guillotina a Caín Velásquez?

Fue un momento muy especial en mi carrera, me convertí en el mejor del mundo, o lo que se dice «el hombre más temido del mundo», por dos veces además, porque peleé primero contra Mark Hunt (por el cinturón interino) y después contra Caín Velásquez (unificando). Estuve dos meses concentrado en México, sabía que iba a ganar esa pelea, tuve que dejar otra vez de lado a mi familia para poder ser el campeón y lo hice. Gasté mucho dinero, unos 60.000 dólares, para poder llevar a todo el equipo, los billetes de avión, la comida... Pero sin duda, la mejor pelea de mi vida, el momento más especial fue contra Fedor Emelianenko (Fabricio ganó por sumisión a Fedor que era considerado el mejor peso pesado en ese momento). Si tengo que poner un top 3, pondría la de Fedor, la de Hunt y la de Caín.

Hablemos de un modo general. ¿Qué cree que debe tener un buen luchador de MMA?

La confianza es muy importante y la personalidad también. ¿Cómo se puede ganar esto? Entrenando. Entrenar fuerte, esforzarse muchísimo, tiene que dejar de salir por la noche o de estar con la familia para ser un campeón. Siempre digo que es muy difícil llegar, pero más difícil es mantenerse como campeón. Tiene que tener perseverancia y consistencia. Es un conjunto de cosas las que se necesitan para ser un campeón.

Experiencia a usted no le falta. ¿Qué consejo les daría a los luchadores españoles?

El consejo que yo puedo dar es creer siempre en uno mismo y no esperar nada de los demás, porque veo que mucha gente espera mucho de los demás. No es fácil conseguir una oportunidad, este mundo es difícil. Hay que hacer, buscar... Yo tenía la condición de tener, pero siempre quise buscar yo mis cosas. Trabajé de montaje en platós de televisión, de albañil, empaquetando periódicos... Todo para conseguir mi oportunidad de competir. Recuerdo que lo de los periódicos estaba en Fuencarral, estaba muy lejos y trabajaba de noche, era complicado. Por eso cuando llevé la bandera de España junto con la de Brasil en el Pride, lo hice con mucho orgullo, porque siempre los españoles me ayudaron mucho.

¿Cuándo peleó en Pride vivía en España?

Vivía entre España y Croacia, porque lo que me dijeron fue que ayudara a Mirko Cro Cop a entrenar su jiu-jitsu y a cambio me daban un contrato en el Pride. En ese momento UFC no era el primero, era Pride. Y a decir verdad, ha sido el mejor evento en el que he peleado en mi vida, a nivel de público, de organización, de respeto... UFC también muy bien, pero el Pride era diferente, era único.

De hecho, cuando usted se proclamó campeón del peso pesado de UFC tenía la nacionalidad española, ¿no?

Sí, así es. Yo tenía el pasaporte español cuando fui campeón mundial de UFC.

Llevando tantos años relacionado con UFC. ¿Qué cree que busca en un luchador?

La UFC lo que busca principalmente es el «show», el espectáculo, que venda bastante. Se trata de esto, de vender, que la gente conozca el deporte. Quiere peleador que tengan un personaje creado, como Conor McGregor, que es un personaje creado buenísimo que le ha dado muchos millones.

¿Y que necesita España para que aterrice la UFC? ¿Un luchador referencia, más afición?

Yo soy comentarista de UFC y comento las peleas en español. Hubo un momento que UFC se interesó por España, seguramente todavía siga interesada, pero quizá no vieron los suficientes aficionados en España para poder traer esta empresa. Pero estoy que llegará a España. Seguramente falten más representantes españoles. España representa muy bien en el boxeo, en el muay thai, en el kick boxing, en el judo... Hay una tradición buena en España de luchadores.

Hablando de España y el judo... Tengo entendido que usted hizo judo un buen tiempo.

Entrené judo al principio con Ernesto Pérez, Óscar Peña, Sara Álvarez, porque cuando llegué no había jiu-jitsu. Así que entrené con la selección olímpica de judo. Impartí muchos años clase en el gimnasio que había en el Vicente Calderón. Al principio de carrera, con el cinturón azul, con el morado... Me acuerdo como si fuera hoy. Carlos Sotillo me ayudó mucho en esa época.

¿Dónde cree que está la diferencia entre el entrenamiento en nuestro país y el Kings MMA?

La diferencia principal es Rafael Cordeiro, que ganado dos veces el premio al mejor entrenador del mundo. Tiene mucha experiencia. Ha tenido como alumno a Wanderlei Silva, Anderson Silva, Chris Cyborg, Shogun Rua, Rafael Dos Anjos, a mí... todos los mejores han estado con él. En España, Bala hace un trabajo que me gusta, por la capoeira, ha sido mi alumno muchos años. Creo que poco a poco la gente va a conocer más este deporte. Cuando la gente conoce bien las MMA y sabe que es un deporte, el prejuicio se acaba. Mucha gente dice que es muy violento, es normal, es un deporte de contacto, pero nosotros estamos acostumbrados a esto, me encanta estar ahí, nos gusta pelear... Cuando la gente lo conoce de cerca, cambia la cosa.

Si yo fuera un legislador de TV y de mí dependiese legislar para que se viese el deporte en abierto en España. ¿Cómo me vendería las MMA?

Estamos preparados para este deporte. No peleamos por obligación y podemos parar cuando queramos, tienes la opción de rendirte. Estamos preparados para esto, entrenamos tres o cuatro meses para poder estar ahí. Creo que poco a poco vamos a quitar este prejuicio en España. Animo a las grandes compañías a que vengan a España. Cuantas más mejor, no tiene que ser solo UFC.

Usted ha vencido a los hermanos Emelianenko, Fedor y Alexander, probablemente los más duros de las MMA. ¿Hubo antes y después?

Sí, he sido el único peleador del mundo que ha ganado a los dos hermanos Emelianenko. Peleé contra Alexander en el Pride en Rotterdam, en Holanda. Me preparé aquí en España mucho para esa pelea, traje a dos profesores de Brasil, Cafuringa que era de boxeo y Ricardo Mulio de jiu-jitsu y mi hermano Felipe también me ayudó mucho durante toda mi carrera. El hermano de Fedor era muy bueno, pero yo estaba tan preparado que no me pegó ni un solo golpe. Le finalicé con un kata gatame (triángulo de brazo). Estaba muy bien preparado físicamente, pero sobre todo mentalmente, porque lo más difícil de encontrar es el equilibrio. A veces estás muy bien físicamente, pero tu cabeza no está bien. Hay que buscar el equilibrio, no solo en la lucha, también en la vida.

Hemos visto que Wanderlei publicó que había sufrido daño cerebral después de tantos combates. Tú que llevas tanto tiempo, ¿qué opinas de estas situaciones?

Depende mucho del luchador. Hay que tener también un poco de suerte también. Como hemos hablado, son golpes en la cabeza como en el boxeo, en muay thai... Si te agarran un golpe muy fuerte, que te noqueen mucho en el gimnasio... eso sí que puede afectar muchísimo. Yo tuve la suerte de que en 21 años solo fue noqueado tres veces, en el gimnasio nunca me noquearon. El jiu-jitsu me ayudó mucho a esto, me defiendo muy bien en el suelo. Es cierto que hay algunos luchadores que si alargan mucho su carrera les puede llegar a pasar. Yo tengo 41 años y pienso pelear al menos cuatro veces más. Es muy difícil parar de hacer lo que te gusta, ya no es por la parte económica, claro que es un buen dinero, pero es por dejar de hacer lo que más gusta. Hay muchos que no pueden parar porque entran en depresiones después, hay que estar muy bien preparado para saber cuando tienes que parar. Si te fijas, los jugadores de fútbol americano tienen mucho más daño cerebral que los luchadores por los choques con la cabeza. Todos los deportes tienen la parte buena y la parte mala.

¿Cómo está su situación actualmente?

Trabajo como comentarista de la UFC para la comunidad de habla hispana. También tengo muchos negocios en Brasil y en Estados Unidos, propiedades que alquilo por todo el mundo. Respecto a la sanción de dopaje que me han aplicado, es una injusticia, porque yo sé que no me tomé nada. Fue una contaminación, que puede proceder de algún suplemento, por el agua... puede pasar de muchas maneras. He hecho 28 test de la USADA (Agencia estadounidense anti dopaje contrata por UFC) y eran todos negativos. Solo en uno de ellos, hubo una manchita de trembolona (un anabolizante). Ellos vinieron a hacerme otro test sin avisarme y después del que di positivo y ese otro salió negativo. Si yo estuviese tomando algo hubiera salido positivo también en ese segundo test continuado. Creo que hubo mala intención por parte de la USADA porque ellos tienen la experiencia suficiente para saber cuándo es una contaminación como es mi caso. Hubo el pensamiento de que Fabricio Werdum tiene un buen nombre, es muy conocido, fue campeón de la UFC, vamos a utilizarle como ejemplo para los demás. Y estoy cumpliendo dos años de sanción por algo que no he hecho.

Se ha hablado de una posible liberación del contrato. ¿Cuándo termine la sanción seguirá peleando en la UFC?

Sí, la sanción termina en abril y tengo dos peleas más firmadas por contrato. Cuando haga esos combates, ya decidiré qué hacer con mi futuro, si renovar o buscar una nueva organización.

¿Qué próximas metas u objetivos tienes?

Mis metas ahora son aprovechar el tiempo y disfrutar de la vida, estar con mi familia... trabajé bastante para esto. Hago muchas charlas motivacionales y seminarios, también presenciar como imagen en eventos. Mi objetivo también es volver a pelear y, sobre todo, parar de pelear cuando yo quiera, que nadie me diga qué tengo que hacer con mi carrera.

Hasta aquí la batalla dialéctica. España le escucha, Fabricio.

Agradezco a España por todos estos años que siempre ha sido mi casa. Con mucho orgullo llevo el pasaporte español. Siempre me acuerdo mucho de la infancia y me gusta la cultura española. Hay que seguir siempre fuertes.