Mundial de natación

El discurso de Nelson Mandela que inspiró la plata de Ona Carbonell

La nadadora española, plata en el solo técnico del Mundial, encontró en el líder sudafricano la motivación que necesitaba

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España logró ayer su primera medalla en el Mundial de nataciónque se disputa estos días en Gwangju (Corea del Sur). La capturó Ona Carbonell, la apuesta más segura, que sumó una plata más a sus veinte podios mundialistas anteriores. Un hito que le permite superar a Gemma Mengual (20 metales en total) y convertirse en la reina de la natación artística española, que aspira a llegar a Tokio 2020 con opciones de alargar su leyenda.

Después de los Juegos de Río, Ona Carbonell necesitaba limpiar la mente. Apartarse de la piscina para tomar impulso. Decidió tomarse un año sabático antes de comenzar a preparar este Mundial, en el que ayer volvió a subir al podio. La catalana se alejó del agua de forma radical, enrolándose en una aventura televisiva (Masterchef) de la que también salió victoriosa. No sabe Ona atacar un proyecto sin dejarse el corazón, incapaz de hacer las cosas a medio gas. Por eso, cuando volvió al agua, lo hizo a pleno rendimiento, aunque los resultados no le acompañaron.

En las World Series de París y Tokio -donde participó con la rutina que le había hecho subcampeona del mundo en 2017- se vio superada por alguna de las rivales que habitualmente habían quedado por detrás, lo que le hizo cambiar el rumbo. Arriesgar y apostar por la innovación. El signo de identidad de la natación artística española durante toda su historia. Se enfrascó la española entonces en una búsqueda de inspiración que tardó en llegar. Quería algo nuevo de verdad. Algo que rompiera los moldes y lo encontró en la figura de Nelson Mandela. Un discurso del líder sudafricano en la entrega de los Premios Laureus en el año 2000 se convirtió en el hilo conductor de su nueva rutina. Las palabras en lugar de la música. Lo nunca visto.

Una rutina innovadora

Ona pidió ayuda a su productor de toda la vida, Salvador Niebla, que puso los arreglos al discurso en el que Mandela ponía de relieve el poder del deporte para cambiar el mundo. El resto fue cosa de la propia Carbonell y Mayuko Fujiki, el cerebro de la selección. Su entrenadora y amiga. Era tan arriesgado el ejercicio que ninguna de las dos sabía lo que podía pasar cuando saltara a la piscina.

Las buenas sensaciones en las preliminares del viernes tranquilizaron a Carbonell, que ayer salió dispuesta a recuperar su lugar en el podio. Lo hizo con la perfección y la fortaleza que suele. Cautivando a los jueces y al público. «Nelson Mandela, desde donde esté, me ha ayudado. Ha sido emocionante nadarlo. Creo que es un acierto intentar innovar, aunque fuese arriesgado. Ha sido una buena elección», explicaba la nadadora tras conocer el resultado de su ejercicio (92.5002), solo por detrás de la rusa Svetlana Kolesnichenko (95,0023 puntos) y por delante de la japonesa Yukiko Inui (92,3084).

En el podio, radiante, Carbonell recibió la plata de manos de uno de los amigos del propio Mandela. «¡No me lo puedo creer! Es mi séptimo mundial consecutivo y en todos ganando medallas. Son 21 medallas mundiales. Y con un solo muy arriesgado, muy innovador, muy diferente y habiendo podido entrenar muy poco este año los solos porque hemos centrado los objetivos en los dúos y el equipo, que son las rutinas olímpicas», reconocía la española, que aspira a ganar el miércoles otro metal en la final de solo libre.