Miguel Ángel Camacho «Miggy C» junto a Dana White, presidente de UFC
Miguel Ángel Camacho «Miggy C» junto a Dana White, presidente de UFC - Foto cedida a ABC
Artes Marciales Mixtas

El desafío español para traer el UFC

El canario Miggy se embarca en la aventura de acercar la máxima competición de las artes marciales mixtas a nuestro país

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España es un país de costumbres arraigadas y, en los deportes, no suele haber excepción. Sin embargo, desde hace unos años, las artes marciales mixtas (AMM) parecen haber llamado a la puerta mediática e intentan hacerse un hueco entre los jóvenes –y no tanto– que acuden a los gimnasios españoles para entrenar en esta disciplina. Este deporte de combate en «auge» es una fusión de todas las artes marciales y junta las técnicas más efectivas del boxeo, kickboxing, kárate o el jiu-jitsu entre otras.

Muchas son las instalaciones deportivas que abren un espacio al público donde poder entrenar todos los aspectos técnicos, y, desde hace un lustro, este deporte gana cada vez más seguidores y practicantes. Buena parte de la culpa es de Miguel Ángel Camacho, aunque en el mundo de la lucha se le conoce por su apodo, Miggy C. Este canario nacido en La Palma y criado en Inglaterra, lleva varios años forjando a golpe de sonrisa una misión personal para traer a España la competición más importante: el Ultimate Fighting Championship (UFC), cuya sede principal está en los Estados Unidos.

A sus 46 años, Miggy es un tipo sencillo, alegre y de broma fácil, que ha desempeñado diferentes labores profesionales: soldado, policía, guardaespaldas o encargado de un establecimiento de una multinacional de comida rápida, pero que actualmente ejerce de «trader» de divisas en Londres. No obstante, su pasión siempre ha sido los deportes de combate y, por ello, además de ser entrenador tras muchos años subido a los rings, trata de canalizar a través de su página personal de Facebook –con unos 35.000 seguidores– las novedades y sensaciones acerca del mundo de la lucha y, en especial, de las artes marciales mixtas. «Quiero ser un amigo para mis seguidores y los amantes este deporte», comenta al otro lado del teléfono.

Echando la vista atrás, las artes marciales mixtas viven hoy un momento de «gloria» en nuestro país, pues el número de competiciones nacionales tanto a nivel amateur como profesional ha aumentado considerablemente en el último lustro. Miggy explica que «estamos viendo cómo en los últimos dos años los medios de comunicación y muchos de los detractores de este deporte nos están viendo con otros ojos: como deportistas y atletas que es lo que somos». Cree que han ganado mucho territorio en cuanto a ciertas moralidades y están en un profundo proceso de cambio de la percepción pública: «La gente está empezando a ver que este deporte aúna grandes valores como la disciplina o el respeto y, además, tiene sus propias reglas y su federación».

Para Miggy, el entrenamiento está relacionado directamente con la naturaleza humana, con la superación de obstáculos vitales, en definitiva, con la felicidad. «Las personas que entrenan en estos deportes ven la vida de otra forma, afrontan los problemas de otra manera, yo si no entreno un día, ese día no existo. Podríamos que decir que entreno, luego existo». Por ello, este «trader» canario cree que es la mejor receta contra la enfermedad del siglo XXI, la depresión: «Cada vez que practico las AMM, todo el peso negativo que llevo sobre mis hombros se desvanece. Salgo calmado, sin agresividad, feliz y agradecido a la vida. Creo que el 99 por ciento de las personas que entrenan este deporte salen igual».

Mucho trabajo por delante

En España, los deportes de combate siempre han gozado de buena salud, concretamente el boxeo, sin embargo, ya sea por la falta de recursos o de una dedicación puramente profesional, España ha sido relegada a un segundo plano. «Técnicamente tenemos mucho que aprender. Las AMM se componen de dos divisiones: la élite (UFC y Bellator) y el resto de competiciones. Nosotros estamos en esa segunda liga, aunque la situación todavía se puede revertir y vamos por el buen camino. Quizá necesitemos fusionar más las diferentes técnicas y no entrenar las disciplinas por separado. Hay que entender mejor la transición entre del boxeo al kickboxing, a la lucha libre o al jiu-jitsu», explica el palmero.

Cuando Miggy estuvo en el despacho del presidente del UFC, Dana White, este le comentó que la máxima competición mundial de las artes marciales mixtas quiere estar en España. Pero no solo es cuestión de tiempo. «Necesitamos un enganche. Alguien que llegue y convierta el deporte, que lo haga renacer, como hizo Fernando Alonso con la Fórmula Uno. Llegó un chico joven español que nadie conocía y revolvió nuestro país, puso en boca de todo el mundo un deporte que ya existía durante muchos años, pero Alonso hizo despertar el interés en el público. Eso es lo que necesitamos en España para que llegue el UFC», sentencia.

Con todo, España está ante una oportunidad única para colocar su nombre en la cima de las artes marciales mixtas. El próximo 9 de julio debutará un español en la máxima competición del planeta. Enrique Marín «Wasabi» se enfrenta a la joven promesa del UFC, Sage Northcutt, en el evento número 200. «Sin duda que el luchador sevillano puede ser el punto de partida si consigue derribar o dejar fuera de combate a Northcutt. Puede ser una catapulta para ser una estrella de las AMM y, por supuesto, también para nuestro país», relata.

Un deporte estigmatizado por la violencia

Pese al incremento del número de seguidores y practicantes en España, no faltan las voces críticas ni los detractores que acusan de disfrazar en un deporte la violencia y la falta de valores. Sin embargo, Miggy piensa que cada deporte tiene un público y una edad y no trata de convencer a los más escépticos. «Yo simplemente doy un mensaje positivo y buscar esa perspectiva que tantas veces queda fuera del alcance del público. Jamás veré como misión convencer a nadie que no le guste. Explico mis vivencias, hay mucha gente que practica jiu-jitsu o boxeo a los 70 años y se sienten más jóvenes y más felices».

Este palmero con acento británico explica metafóricamente su visión sobre los valores que trasmiten las artes marciales mixtas: «En la vida pasa igual que en los combates. Cuando un peleador siente que no puede más, que todo va mal y su espíritu está derrotado y va a tirar la toalla… Ese es el momento para coger esa misma toalla, secarte el sudor y seguir adelante. No culpar al mundo. Uno tiene que levantarse, ponerse en pie y salir más fuerte aún. Eso se puede traducir a un combate, a perder un puesto de trabajo o incluso a la muerte de un ser querido. Ese es el mensaje más positivo que veo en este deporte».

De todas las prendas que Miggy podría ponerse, elige la actitud positiva para vestirse en la vida. Mientras tanto, continúa con su aventura de acercar las artes marciales mixtas a nuestro país. Lo hará como siempre: a golpe de sonrisa.