DEPORTES EN CELULOIDE

«Moneyball»: el béisbol en hojas de cálculo

Brad Pitt protagonizó la historia real de los modestos Oakland Athletics, que lograron una racha de veinte victorias revolucionando el modo de fichar jugadores

MIGUEL MUÑOZ
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La serie "Deportes en celuloide", que repasa las mejores películas sobre temas deportivos, sale a diario durante el mes de julio en ABC.es

El título del libro que dio pie a "Moneyball" (2011) lo dice todo: "El arte de ganar un juego injusto". Tanto la película como la obra original recogen la milagrosa temporada 2002 de los Oakland Athletics, un equipo de béisbol modesto que milita en la Major League norteamericana, y que en ese año cuajó la mayor racha de victorias del campeonato: veinte consecutivas. La historia responde al quebradero de cabeza al que cada año se enfrentan los dieciocho equipos de la Liga española que no son el Real Madrid ni el Barcelona: ¿cómo ganar títulos teniendo mucho menos dinero que los grandes para construirse la plantilla?

El comienzo de aquella temporada de los Athletics recuerda mucho al de ese Valencia que ha tenido que vender a Silva, Villa, Mata y Jordi Alba: los de Oakland tuvieron que desprenderse de sus grandes estrellas, fagocitadas por los equipos más ricos, y volver a romperse la cabeza para formar un nuevo equipo competente. Es entonces cuando interviene Billy Beane (Brad Pitt), manager de los Athletics (cargo que aún ostenta) y exjugador. Un visionario del deporte que revolucionó el oficio de los ojeadores.

Lo que Beane hizo, básicamente, fue cambiar el paradigma. El ojeador tradicional solía fijarse en los atributos puramente físicos de los jugadores. Golpeo, fuerza, velocidad, precisión... Beane, reclutando a un licenciado en economía como ayudante, introdujo la estadística en el béisbol. Y cambió la unidad de medida básica: en lugar de intangibles basados en la intuición de los cazatalentos, hizo sus cálculos sobre en el número de bases que había corrido cada jugador en las pasadas temporadas. Números puros y duros.

El sistema cambió las reuniones entre ojeadores por montones de hojas de cálculo cruzadas en programas informáticos. De este modo dio con jugadores poco ortodoxos pero muy eficientes, que le salieron a precio de saldo. Como todas las revoluciones, costó implantarse. El inicio de temporada fue catastrófico. Además, la racha de victorias no evitó que los Athletics cayeran eliminados en los primeros "play-offs", algo que les sucedió durante cuatro años consecutivos. Los veinte triunfos fueron una pequeña compensación para tanto gafe. Y, por supuesto, casi todos los equipos de béisbol le copiaron la idea a Beane.

Así, "Moneyball" no es una película deportiva al uso, sino una historia entre bambalinas. No existe ese canto tan hollywoodiense al sudor y el esfuerzo del deportista. La cámara apenas gasta minutos en filmar el campo de juego, salvando la escena de la trepidante vigésima victoria, donde los Athletics malgastaron un 11-0 y se dejaron empatar para luego zanjar el partido con un heroico "home-run". Aquello era demasiado irresistible como para no darle unos minutos.

Por lo demás, los planos acuden sobre todo a los despachos a la vez que firman un escueto pero certero retrato de Beane, que a Pitt le valió la nominación al Oscar. Casi todo el metraje remite más a esas películas económicas estilo "Wall Street" que a una oda al espectáculo del béisbol. Aunque, desde luego, es algo que se corresponde con el mundo del deporte del siglo XXI, cada vez más emparentado con el de las finanzas.

En el fondo, el mensaje que deja "Moneyball" resulta algo desalentador: pinta el béisbol como una gran empresa donde el rendimiento laboral se mide en gráficos, no se valora el componente humano ni las técnicas de motivación, y se despide a jugadores sin la menor contemplación. Es el deporte en cuadros de Excel. Aunque sobre el césped, a lo que en el fondo se reduce todo, la hinchada mantiene intacta la pasión.